Ocultar información no elimina la simulación, desorden y mediocridad profesional que caracteriza la gestión de las artes visuales y monumentos artísticos en el gobierno federal. Dividido entre la Secretaría de Educación Pública, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el subsector cultura carece de una cabeza que defina lineamientos, exija resultados y sancione funcionarios.
La incapacidad de definir valores artísticos, la indiferencia ante la endogamia curatorial, la opacidad y la utilización irresponsable de los monumentos artísticos, son algunas características de la administración panista que han tenido continuidad bajo la titularidad de Rafael Tovar como presidente del Conaculta y Cristina García Cepeda como directora del INBAL.
Ellas se sintetizan en la muestra Notas contra Notas. Una exposición en torno a José Clemente Orozco, que se presenta en el Museo de Arte Carrillo Gil de la Ciudad de México, realizada bajo la responsabilidad de Vania Rojas como directora del museo y Guillermo Santamarina como curador en jefe. Recordado por su irresponsable custodia de los bienes nacionales tanto en el INBA al frente de X-Teresa Arte Actual, como en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en su cargo de director del museo Experimental El Eco (Proceso 1321 y 1581), Santamarina reaparece en el Carrillo Gil avalando una muestra que pone en riesgo la conservación de dos obras de Orozco declaradas como monumento artístico: Los muertos, de 1943, y Autorretrato, de 1946.
El primero fue utilizado como plantilla para una acción dibujística a muro de Carlos Amorales (Proceso 1931), y el segundo para una instalación de Carlos Aguirre; ambos se exponen recargados sobre la pared sin soportes que aseguren su estabilidad. ¿Por qué las autoridades del INBA –e inclusive de la UNAM– consienten y protegen tanto a Santamarina? Aun cuando permitió la detonación de cargas explosivas en El Eco siendo su director, el curador se mantuvo en su cargo, y después de ser transferido al Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) y ser nombrado director del Muca Roma –los tres recintos de la UNAM–, a partir de junio de 2013 se incorporó al INBA como curador en jefe del Carrillo Gil.
Exageradamente endogámico, el sistema artístico institucional recicla funcionarios, curadores y artistas. Indiferente ante la diversidad creativa e intelectual que existe en nuestro país, el INBA privilegió este año a Carlos Amorales con tres participaciones museísticas: una colectiva y una individual en el Museo Tamayo Arte Contemporáneo –Hay más ruta que la nuestra y Germinal, respectivamente–, y la participación actual en el Carrillo Gil. ¿Acaso no existen otros creadores tanto o más valiosos que Amorales?
Abierta a la promoción del vandalismo simbólico como propuesta artística, Vania Rojas expuso en enero de este año el esténcil que utilizó Uriel Landeros para dañar, en la Colección Menil de Houston, la pintura de Picasso Mujer en sillón rojo, de 1929 (Proceso 1889). ¿Cuál es la identidad artística que está promoviendo el INBAL: el escándalo, la falsa irreverencia, la insolencia institucionalizada o la absoluta desorientación?
Concentrados en retirar información –como el video que registra la acción de Amorales–, en lugar de explicar sus decisiones, los funcionarios del INBAL no logran disimular la mediocridad de su gestión.








