Treinta años después de que se estrenó en el Teatro Insurgentes la obra El vestidor, escrita por el dramaturgo inglés Ronald Harwood, vuelve a los escenarios en el Foro Cultural Chapultepec, protagonizada por Héctor Bonilla y Bruno Bichir.
La obra versa sobre un primer actor y dueño de una compañía en decadencia y el encargado de vestirlo, arreglarlo, atenderlo y hasta de aguantarlo. Mientras se representa la obra El rey Lear de Shakespeare, vemos los avatares que suceden tras bambalinas y en el camerino de este actor colérico que lucha contra la edad para no dejar de dar función un solo día.
Ronald Harwood (9 de noviembre de 1934) extrae esta obra de su experiencia cuando fue el vestidor de Sir Donald Wolfit en el Teatro Unfashionable de 1953 a 1958. El cariño forjado en años entre ambos personajes se mezcla con el enojo por necesitarse mutuamente; la dureza en el trato y las mentiras para mantener al otro en el pedestal, hacen una relación compleja que da material sensible para el espectador. La historia de ambos está inmersa en el mundo del teatro donde se muestran dos perspectivas: el de la mujer del primer actor –interpretado con desenvoltura y brillantez por Pilar Ixquic Mata, que quiere que la compañía cierre– y la administradora, traspunte y jefe de foro –muy bien interpretada por Verónica Langer–, cuya vida existe únicamente ahí, tras bambalinas.
Héctor Bonilla como el primer actor y Bruno Bichir como el vestidor, hacen una chispeante dupla donde a través de la farsa llevan al público de risa en risa. Héctor Bonilla, interpretando a un actor grandilocuente atrapado en sus propios vicios entabla una dinámica relación actoral con su contraparte, el amanerado y también sobrecaracterizado vestidor. Ambos actores, bajo la dirección de Alberto Lomnitz –que sabe generar con habilidad la vis cómica que requiere la obra y llevarla a la comedia, aunque se ancle en la farsa–, logran expresar brillantemente la interdependencia de dos personajes con caracteres y temperamentos muy diferentes.
Los dimes y diretes que esta compañía vive en su interior se agudizan con el mundo exterior que el autor nos plantea. Ronald Harwood, tanto en esta obra como en otras, coloca de telón de fondo la guerra. En Tomar partido, que también se presentó el año pasado en este mismo espacio con Humberto Zurita y Rafael Sánchez Navarro bajo la dirección de Antonio Crestani, sus personajes eran músicos confrontados con mandos militares. En El vestidor son actores que dan función en medio de bombardeos, señales de alarma y el peligro inminente. Trabaja las contradicciones que se presentan entre arte y sociedad, y si en Tomar partido nos encontrábamos con un músico que seguía dirigiendo su orquesta dominara quien dominara al finalizar la guerra, aquí el compromiso de seguir haciendo teatro en medio de ella enaltece a los teatristas, pero también muestra lo cruel y desoladora que es la profesión.
El vestidor vuelve con nuevos bríos, teniendo a Héctor Bonilla ya no interpretando al vestidor como hace treinta años, sino al primer actor.








