Hace cinco años vecinos del bosque El Nixticuil y los integrantes del Comité Salvabosque Tigre II enviaron escritos al ayuntamiento de Zapopan y a la Profepa, en los cuales le solicitaron detener la tala de árboles en esa zona, propiciada por los impulsores del fraccionamiento Mirasierra –rebautizado como Residencial Sendas– que comprende 6 mil viviendas.
La Dirección de Ecología zapopana y la Profepa sólo recibieron la documentación (Proceso Jalisco 181 y 182)
En su escrito enviado al ayuntamiento, el Comité Salvabosque expuso que el fraccionamiento violaba el Plan Parcial de Desarrollo Urbano del Ordenamiento Territorial del Valle de Tesistán que destinaba al bosque de El Nixticuil como área de conservación ecológica y espacios verdes.
Es inconcebible, añadió, que las autoridades zapopanas clasificaran en su Plan Parcial de Desarrollo ZPN-9/28 el predio La Roblera –ubicado dentro del polígono natural protegido– como área de reserva urbana a mediano plazo.
Subrayó que “la arbolada y las cañadas del terreno fueron inventariadas por la Semarnat”, mientras que el ayuntamiento consideraba a esta franja como reserva ecológica. Tras recordar que La Roblera fue hábitat de fauna como correcaminos, zorras, tlacuaches, gavilanes, patos, faisanes y otras especies migratorias provenientes de Estados Unidos y Canadá, el Comité Salvabosque pidió detener el proyecto.
También pedía al ayuntamiento zapopano que acudiera personal de la dirección de Parques y Jardines a realizar un inventario forestal de La Roblera con el fin de que existiera certeza institucional de la masa boscosa que allí existe y que está siendo amenazada.
Solicitó asimismo que se sancionara a quien resultara responsable de la tala y quema de árboles, así como la intervención de un perito que hiciera indagatorias técnicas para dar cuenta de la masa forestal perdida por derribos que cometió el ejido Zapopan.
Con respecto a la Profepa, el Comité Salvabosque le recomendó levantar un inventario del área arbolada –puso énfasis en que en esa zona se estaban talando encinos, robles y otros tipos de madera– y a suspender las obras de urbanización, dado que los constructores incumplían con las especificaciones de diversos ordenamientos legales. La procuraduría no hizo nada.
Los vecinos no se oponen a la explotación del bosque El Nixticuil –declarado área natural protegida por el Congreso del estado en febrero de 2008–, pero debe hacerse de manera sustentable, dicen, como en otras áreas naturales protegidas, entre ellas La Primavera.
Consultado al respecto, un asesor del Partido Verde Ecologista sostiene que, de manera inexplicable –“mañosamente”–, los legisladores dejaron afuera el predio La Roblera.
Según el Comité Salvabosque, se abrieron por lo menos tres pozos para abastecer de agua al nuevo fraccionamiento, lo cual es ilegal, pues existe “un decreto de veda” para la zona; además, la extracción del vital líquido “pone en peligro la alimentación de los mantos acuíferos del área natural protegida, aun cuando el predio no está considerado dentro del polígono”.
Según documentos que ellos poseen, el 12 de junio de 2007 la Conagua autorizó al fraccionador la “relocalización” y el cambio de uso de suelo para abrir un pozo que antes surtía el líquido a los habitantes del ejido Los Belenes (concesión 08JAL128626/12AMGR006).
La Conagua autorizó a la fraccionadora operar ese pozo para extraer 1 millón 627 mil 694 metros cúbicos de agua al año; otorgó permiso también para extraer el mismo volumen del vital líquido por medio de un máximo de cinco pozos, siempre y cuando no rebasara la cantidad de agua autorizada.
Según el permiso, uno se ubica en el predio El Martel, en la localidad de Tesistán; otro en el predio denominado Laguna de Poniente, en la cabecera municipal de Tonalá, cuya capacidad es de 390 mil metros cúbicos anuales (Proceso Jalisco 431).
Dos pozos más están en la localidad de Venta del Astillero: El Volantín y Los Charcos, con volúmenes de 360 mil metros cúbicos por año y 210 mil metros cúbicos, respectivamente. Además, se encuentra en trámite la autorización de la transmisión de títulos y registro de otros cuatro, pese a que la Conagua sólo autorizó cinco.
Con los primeros pozos autorizados, los urbanizadores obtendrían más del millón de metros cúbicos de agua, cuando para la primera etapa de su fraccionamiento sólo necesitan 384 mil 616 metros cúbicos anuales.
Y aun cuando la asociación ecológica insistió que El Nixticuil debe preservarse debido a que es un área de captación y reabastecimiento de los mantos acuíferos para el Valle de Tesistán, considerando la masa arbolada con que contaba, las autoridades no hacen nada para detener su destrucción.








