Reconocimiento nacional a Naranjo

El martes 22, el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo 2012 anunció su decisión de otorgar un reconocimiento, por “trayectoria periodística”, al caricaturista Rogelio Naranjo.

Naranjo, colaborador de Proceso desde su fundación, es “referencia ineludible para quien pretenda asomarse a la verdadera naturaleza del país que hemos vivido y que estamos viviendo”, dijo su director, Rafael Rodríguez Castañeda, apenas el pasado 24 de agosto, durante la inauguración de Vivir en la raya, una retrospectiva de 500 obras realizada por la UNAM.

A través de un comunicado del Consejo del certamen, se informó de la lista de periodistas ganadores en las diferentes categorías, así como del reconocimiento a Naranjo, decidido por los jurados Arturo Ávalos Gómez, René Avilés Fabila, Pedro Cervantes Roque, Justine Dupuy, María Félix Escalante Romero, Juan Francisco Escobedo, Santiago González Soto Antonio Helguera, Isabel Hernández Medel, Jorge Alberto Lamoyi Bocanegra, Lourdes López Gutiérrez, Miguel Ángel Quemáin, Agustín Serna Zamarrón, Yenizar Sousa Aubert y Jaime Javier Valdez Cárdenas.

Naranjo ha retratado la vida política de este país desde que en 1968 decidió abandonar la pintura para asumir su vocación: la del caricaturista “capaz de retratar las vicisitudes, desatinos y pifias de la clase política nacional, provocando la indignación de muchos de los aludidos y arrancado las carcajadas, la comprensión y aun la reflexión de su público”, a decir de Rodríguez Castañeda:

“¿Cómo describir con palabras un trabajo que nos asalta visual e intelectualmente? ¿Cómo traducir en palabras la emoción íntima que despiertan sus cartones políticos, sus grabados, sus litografías? ¿Cómo aludir con palabras al humor ácido con que nuestro personaje provoca no a la carcajada barata sino a la risa interior, la que vale, el mismo humor que produce la ira de los gobernantes, tocados por su ironía y su burla implacables?”

Nacido en 1937 en Peribán, Michoacán, un lugar cercano al Parictuín, con 45 años de trayectoria y ocho presidentes de la República que no han escapado a sus trazos, el artista y periodista ha dicho que seguirá dibujando hasta el último día de su vida.

Francisco Castellanos, corresponsal de este semanario, fue tras los pasos de Naranjo en aquella la capital de la entidad, Morelia, donde realizó sus estudios iniciales de dibujo en la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad de San Nicolás de Hidalgo.

En sus inicios en el dibujo (1959-1962) dejó su impronta en los medios más importantes de la época, como las revistas El Centavo, La Piedra Sonadora, Señal, el suplemento mensual de la Universidad Michoacana y otras publicaciones, en lo que se puede denominar “el primer Naranjo” (Proceso, 1784)

En una entrevista concedida al periodista José Gil Olmos, Naranjo explicó a detalle la forma en que lo marcó el movimiento estudiantil de 1968 y su posterior represión, al grado de que abandonó la pintura para convertirse en caricaturísta.

Participó en las marchas en solidaridad con los estudiantes, ofreció su trabajo al Comité de Huelga, y sus dibujos que se convirtieron en estandarte frecuente de las marchas.

“¿Que voy a estar haciendo exposiciones en galerías comerciales y vendiendo cuadros que no los voy a ver porque estarán en casas particulares?, me dije en aquel momento.

“Descubrí que la caricatura tiene un poder de comunicación con la gente y eso me sorprendió y me gustó mucho. Sentí que verdaderamente estaba logrando una comunicación directa con la gente.”

Desde entonces, Rogelio Naranjo ha colaborado en múltiples diarios y publicaciones, y siempre en Proceso desde que en 1976 fue fundada por Julio Scherer García. De acuerdo con el reportero Santiago Igartúa, la amistad entre Naranjo y Scherer surgió cuando éste, director del periódico Excélsior en 1973, lo invitó a participar en la sección editorial.

Fue a instancia del mismo Scherer que, en 2011, Naranjo donó más de 10 mil obras a la UNAM, donde el rector José Narro Robles le dio una emotiva acogida. A propósito de su obra, el periodista escribió:

“No hace falta escudriñar en el alma de Rogelio Naranjo para saber, lisa y llanamente, de su personalidad obsesiva. Al lado de la vida que sólo a él pertenece, no tiene más tarea que pensar en sus cartones y dibujarlos. Si fuera hombre de mar, no saldría del agua.”