Especialistas en seguridad sostienen que la balacera de Tepatitlán en la que murió el comandante Rubén Landeros es apenas la primera prueba de fuego para el “fiscal de hierro” Luis Carlos Nájera. Y aun cuando fueron abatidos los integrantes de la célula del Cártel de Jalisco Nueva Generación, la forma en que actuó Nájera en ese operativo siembra dudas pues, según algunos uniformados, nunca dio la orden de ataque. Lo más grave: la dependencia debe investigar si es verdad que los delincuentes usaron armas de grueso calibre introducidas al país de manera ilegal.
El encontronazo del martes 8 entre elementos de la fiscalía general y cinco presuntos integrantes del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Tepatitlán, en el cual cayeron tres uniformados y cuatro sicarios, es apenas la primera prueba de fuego para el “fiscal de hierro” Luis Carlos Nájera, sostiene Dante Haro Reyes, especialista en temas de seguridad.
Y aunque no salió tan mal librado ante su propia tropa, la sociedad sigue manifestando su queja por la creciente violencia. En esa refriega los delincuentes utilizaron balas y granadas que ingresaron al país de manera ilegal a través de la operación Rápido y Furioso orquestada por la administración Obama en 2011, según informó el miércoles 16 la cadena CBS News con base en el “Reporte de incidente importante” del Departamento de Justicia de Estados Unidos
De comprobarse que los delincuentes utilizaron por lo menos nueve armas de fuego y 10 granadas introducidas al país de manera ilegal para combatir el narcotráfico, de acuerdo con la televisora estadunidense, el gobierno deberá investigar por qué esas armas están en poder de la delincuencia organizada.
Lo más grave para el fiscal Nájera es que en el enfrentamiento murió el comandante Rubén Landeros, el tercer hombre más importante en la jerarquía de la institución, quien se formó en las Fuerzas Armadas y estuvo muy ligado a la V Región Militar.
Las autoridades deben indagar si hubo alguna insubordinación de algunos agentes de la fiscalía que participaron en la balacera, sostiene Francisco Jiménez Reynoso, investigador de la Universidad de Guadalajara; es necesario saber si falló la planeación o si la capacitación de los uniformados fue eficiente, sostiene.
Su colega Haro Reyes habla del nulo respeto a los protocolos establecidos para enfrentar esas contingencias, pues al parecer no se apegaron a los esquemas de inteligencia.
La muerte de Landeros incomodó a varios de los policías por la forma en que se realizó el operativo comandando directamente por Nájera, comentan a Proceso Jalisco varios de ellos.
“No quiero héroes”, comentó Nájera –según algunos de los entrevistados–, lo que “congeló” a varios elementos de élite especializados en reacción inmediata. Y aun cuando estaban preparados para actuar, se quedaron esperando una orden que, dicen, nunca les llegó.
Uno de esos cuerpos de élite es el llamado Grupo Jungla, especializado en operaciones tácticas y de antinarcóticos, que fue presentado por Nájera el 5 de agosto de 2008. Sus integrantes recibieron instrucción de la Policía Nacional de Colombia.
En aquella ocasión, Nájera, entonces titular de la Secretaría de Seguridad Pública, expresó: “A veces el uniforme hace que el policía, en vez de imponer una imagen de autoridad, se perciba como una figura lejana a la ciudadanía, a la que protege y sirve; es un ser extraño al que se le llama señor de frente, pero al que se le desprecia cuando da la espalda”.
El instructor colombiano Camilo Andrés Talero comentó: “Entregamos a ustedes todo lo que conocemos: nuestro prestigio, nuestras habilidades tácticas y experiencia para contar con un mundo sin drogas, que es en realidad el objetivo primordial de este entrenamiento”.
Otro de esos cuerpos de élite es el Escuadrón de Rescate y Operaciones Especiales (EROE) de la Dirección de Seguridad Pública. Se formó en los noventa bajo normas y técnicas de comando SWAT de Estados Unidos.
El gobierno estatal cuenta también con dos vehículos pesados con blindaje especial para situaciones de alto riesgo, pero no aparecieron ese día en el operativo que tuvo lugar en la colonia Jardines de Oriente, entre las calles Pipón y Nochebuena, en Tepatitlán. Hoy, la colonia es una “zona de guerra”.
El comandante Landeros es el segundo funcionario de la administración de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz asesinado; el primero fue Jesús Gallegos, secretario de Turismo, acribillado en los límites de Guadalajara y Zapopan el 9 de febrero pasado.
El operativo
El comisionado general de Seguridad Pública, Francisco Solorio Aréchiga, comenta que no hubo ninguna baja civil. Sin embargo, el fiscal general, Luis Carlos Nájera, fue encarado por la hermana de Jorge Alberto González, uno de los policías caídos el miércoles 9, durante la ceremonia fúnebre de los agentes.
“Tú sí andas con tus pinches guaruras y con una pinche patrulla blindada”, le dijo la mujer a Nájera. Aristóteles Sandoval, quien minutos antes había dicho a los deudos: “Vamos a estar al lado de ustedes; vamos a velar porque sus hijos e hijas tengan la garantía de tener seguros sus estudios; vamos a velar para que a la familia no le falte nada”, fue mudo testigo del reclamo.
Un día después de la ceremonia luctuosa, Juan González, otro hermano del policía, intentó justificar a su hermana. Hizo el reclamo porque, dijo, tenía un profundo dolor. Y terminó admitiendo que los superiores de Jorge Alberto estaban apoyando a la familia.
Además del comandante Landeros y de Jorge Alberto González, murieron los policías Armando Manuel Dávalos Yerenas, de 24 años, y José de Jesús Gómez Muñoz, quien hasta hace tres meses estuvo en la Dirección de Seguridad Pública de Ciudad Guzmán.
Varios policías que participaron en el operativo del martes 8 relataron que alrededor de las 10 de la noche, el comandante Landeros y dos agentes decidieron impactar una patrulla blindada contra de uno de los muros de la casa donde se ocultaban los sicarios para derribar la barda. Al parecer, relatan, esperaba recibir el apoyo de otros policías, pues los delincuentes comenzaron a dispararle al vehículo y a sus compañeros.
Aseguran que “muy cerca del primer círculo de fuego”, el fiscal Nájera comandaba el operativo desde el interior de una patrulla. Pero cuando uno de los comandantes intentó entrar a la casa, se escuchó por radio: “Cuál es la prisa, cuál su acelere… No quiero héroes”. Era la voz de Nájera.
El enfrentamiento se había iniciado horas antes. Al principio varios agentes de la fiscalía general y unos patrulleros de Tepatitlán enfrentaron a los delincuentes durante varias horas; fueron ellos los que pidieron refuerzos. En el lugar quedaron varias granadas de fragmentación MK2 y un lanzagranadas calibre 40.
Los peritos también detectaron un fusil Barret que utiliza balas calibre .50 capaz de penetrar objetos de acero blindados de 19 o 22 milímetros cuyo alcance es de uno a dos kilómetros, así como cuernos de chivo.
Durante la refriega los estatales se quedaron sin municiones y tuvieron que ser abastecidos por policías municipales. Los delincuentes tenían una cubeta de 20 litros casi llena con cartuchos de diferentes calibres para repeler el ataque. Al final, los peritos de la fiscalía aseguraron una decena de rifles de alto poder, el fusil Barret y uniformes con el emblema de la Agencia Federal Investigación.
La descoordinación
El comisionado Solorio Aréchiga comenta a Proceso Jalisco que no hubo falta de apoyo al comandante Landeros y a los policías que derribaron la barda; en el momento más crítico de la confrontación, dice, había más de 200 elementos de diferentes corporaciones.
Sobre los probables errores logísticos, el funcionario expone: “Creemos que pudo haber alguno, tenemos que analizarlo; creemos que el personal hizo lo necesario para garantizar la seguridad de los civiles, y el principal aspecto es que no se tiene ningún ciudadano afectado y ninguna pérdida de vida humana”.
No obstante, admite que algunas casas y vehículos resultaron dañados. Pero desde el punto de vista institucional, reitera, se cumplió con el objetivo de resguardar la vida de los civiles –no cayó ninguno–, mientras que cuatro de los cinco criminales fueron abatidos; probablemente estaban drogados.
“No nos vamos a rendir y aquí se van a morir ustedes y nosotros… A los vecinos los vamos a respetar, pero a ustedes si los vamos a chingar”, gritó uno de los sicarios cuando los agentes les pidieron entregarse, asegura el entrevistado.
Y continúa: “En cuanto nos notificaron que los individuos estaban disparando contra la policía de Tepatitlán con armas de grueso poder (sic), mandamos las patrullas blindadas; pedimos a los municipios que iban llegando que armaran un cerco de seguridad en las inmediaciones del área caliente para evitar que ciudadanos ingresaron a la zona.
“Se hicieron varios círculos de seguridad, uno de ellos de contención del área de enfrentamiento. Con ello se evitó que los delincuentes dispararan hacia otras áreas; se controló ventana por ventana y se les cerró la visión de disparo. Un segundo punto que desarrollamos fue meter gente de relevo que estuviera tranquila en el instante del enfrentamiento, para que entrara de refuerzo.”
Con relación a los reclamos de una de las hermanas del policía Jorge Alberto González, comenta: “Nosotros entendemos y sentimos ese dolor, porque para nosotros nuestros compañeros son como nuestros hermanos, siempre estamos con ellos y luchamos hombro con hombro”.
Hasta el cierre de edición, no se sabía sobre el paradero de El Chacal, el presunto jefe de los sicarios implicados en el enfrentamiento de Tepatitlán que se escapó. A él y a su célula se les atribuyen varias ejecuciones y levantamientos en la región de Los Altos, asegura el comisionado.
El día anterior al enfrentamiento en Tepatitlán hubo un tiroteo en Lagos de Moreno entre delincuentes y elementos de la Policía Investigadora. Las autoridades estatales rescataron a tres personas de la Quinta Santa Martha, ubicada en la carretera Lagos de Moreno-Encarnación de Díaz. Luego, los agentes de la fiscalía confrontaron a un grupo armado. No detuvieron a ninguno, aunque sí aseguraron los seis vehículos que dejaron abandonados.
El investigador Haro Reyes insiste: Los cuerpos de seguridad deben actuar de manera coordinada. Y advierte: si no entra en vigor el mando único, dice, la violencia se intensificará.








