La “era K”: Principio del fin

Los sondeos auguran la derrota del kirchnerismo en las elecciones legislativas del domingo 27. De acuerdo con líderes de oposición y analistas políticos, esa corriente –dominante en la escena política argentina durante la última década– se encuentra en su etapa final. Ante la imposibilidad de que la presidenta Cristina Fernández sea reelecta y la ausencia de un candidato fuerte para sucederla en 2015, dentro del peronismo se inició una encarnizada lucha por el liderazgo, al tiempo que el resto de los partidos busca posicionarse para una etapa “post-K”.

 

BUENOS AIRES.- El kirchnerismo se tambalea. Los sondeos para las elecciones legislativas del domingo 27 le auguran una derrota: se estima que el oficialismo perderá en los distritos electorales más importantes de Argentina. La ventaja de la oposición podría ser ahora más amplia que la conseguida en las primarias del pasado 11 de agosto.

La posibilidad de que la presidenta Cristina Fernández aspire a repetir en el cargo en 2015 queda sepultada y el kirchnerismo no dispone hoy de otro aspirante de peso para la presidencia. La mandataria aún está en reposo tras la cirugía del martes 1 y la disputa por el liderazgo del peronismo se exhibe hoy de manera abierta y descarnada.

El anunciado final del kirchnerismo en el poder impone la necesidad de posicionarse en la desde ahora llamada “Argentina post K”. El oficialismo da muestras de aturdimiento. Su eje es el sector progresista del peronismo, reunido en torno al Frente para la Victoria.

La atomizada oposición alberga sectores disímiles, como el ala conservadora del peronismo (Frente Renovador), la centro derecha liberal (Unión Pro) y la socialdemocracia representada por el Partido Socialista y por la Unión Cívica Radical.

Los presidenciables con que cuenta hoy la oposición coinciden en el diagnóstico. El kirchnerismo es “el pasado”, sostuvo Sergio Massa, líder del Frente Renovador. “El gobierno kirchnerista culminó”, dijo el alcalde de Buenos Aires, Mauricio Macri, de Unión Pro. “El tiempo del kirchnerismo se termina”, afirmó el socialista Hermes Binner, quien ocupó el segundo lugar en las presidenciales de 2011.

Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas, con sede en Buenos Aires, considera que hay razones suficientes para pensar en una crisis de fin de ciclo. “En términos económicos no hay recuperación a la vista”, dice a Proceso. “Y en términos políticos el oficialismo vive una crisis, causada por desprendimientos internos de sectores que aspiran a suceder a Cristina al frente del peronismo y de la conducción de los asuntos del Estado”.

La coincidencia entre los líderes opositores es circunstancial: ninguno parece dispuesto a postergar sus ambiciones políticas. Por lo tanto, la gobernabilidad que podría ofrecer una eventual alianza entre algunas de estas fuerzas es incierta.

Sólo el Frente Renovador, alineado detrás de Sergio Massa, puede aspirar a conquistar el decisivo apoyo estructural del peronismo. En el movimiento creado por Juan Domingo Perón –el cual alberga tanto a sectores progresistas ligados al kirchnerismo como a ortodoxos que se inclinan por el cambio– se dirimirá quién tiene posibilidades de gobernar Argentina a partir de 2015.

 

Desafío

 

El historiador Luis Alberto Romero define al peronismo como la única fuerza política con cierta garantía de gobernabilidad, es “un espacio común, más cultural que político, donde propuestas y liderazgos comparten valores, lenguajes, eslóganes, guiños y sobreentendidos que eventualmente facilitan la articulación”, escribió el pasado 23 de agosto en el diario La Nación.

“El primer sobreentendido común –explicó– es que se trata de ganar y de conservar el poder, y para eso se necesita un jefe con carisma y autoridad, que articule el conjunto y le asegure un plus a cada subordinado, expresado en una foto compartida.”

Sin embargo, sostuvo, “a diferencia del PRI mexicano, el peronismo no adoptó la saludable práctica de la renovación sexenal automática del gran jefe y no hay mecanismos previstos cuando se debe renovar”.

La sociedad argentina asiste así a una lucha por el control del peronismo y, por añadidura, del gobierno.

Cristina Fernández siempre negó que quisiera modificar la Constitución para optar por otra reelección. Postergó la definición entre la continuidad de su liderazgo y la designación de un sucesor. Conservó así un alto nivel de autonomía y mantuvo a raya otras aspiraciones. Massa,­ al romper con el gobierno, rápidamente sumó el apoyo de los dirigentes peronistas que auspician un cambio de signo.

“Parte del peronismo advirtió que el gobierno no iba a ofrecer una salida moderada y colaborativa, y vio que se estaba deteriorando su confianza en la sociedad y su capacidad de controlar la situación de la economía”, explica Novaro. “Estos peronistas se convencieron de que la sucesión iba a ser competitiva y no colaborativa con el gobierno”.

Massa es alcalde de Tigre, un populoso partido del Gran Buenos Aires. Entre 2008 y 2009 fue jefe del gabinete de ministros de Cristina Fernández. Su fulgurante avance en los últimos meses fue apoyado por los grandes medios y su actual candidatura a diputado es vista como un trampolín hacia la presidencia en 2015. El gobierno lo acusa de promover el desmantelamiento de las conquistas sociales de los últimos 10 años.

Él se define como un defensor del diálogo. Critica así “la lógica de la confrontación” que el kirchnerismo siempre ha asumido como bandera a la hora de enfrentar intereses con los que no ve posibilidad de consenso.

También concita el apoyo de sectores del poder establecido. Impulsa un rápido regreso de Argentina a los mercados internacionales de crédito, seguridad jurídica para las empresas privadas y reformulación de las alianzas internacionales. En el plano interno propone combatir la inflación a través de un ajuste del salario y del gasto público. El sector del peronismo que Massa representa no tiene contacto fluido con los organismos de derechos humanos ni con otros sectores de izquierda.

“Si hay elecciones presidenciales hoy, Massa gana, aun cuando el peronismo se mantenga unido y aun cuando Cristina no lo abandone”, sostiene Novaro. Pese a que las elecciones del domingo 27 son legislativas y faltan dos años para las presidenciales, el analista cree que la sucesión del liderazgo en el peronismo suele ser veloz y tanto esta corriente como la opinión pública se acomodan rápido ante estos cambios.

“Massa se ha vuelto un enigma para mucha gente porque no está claro si va a continuar el tono progresista del peronismo de los últimos años, va a moderarlo pero a rescatar lo que él cree que funciona dentro del progresismo peronista o va a producir un giro mayor”, dice. “Está intentando hacer una especie de equilibrio: suma todo y después verá”.

“La salida de la presidenta Cristina Fernández en 2015 posiblemente no signifique ni la apertura de las compuertas a una contrarrevolucionaria restauración noventista –como parece sostener el kirchnerismo– ni una liberación del autoritarismo populista, como parece desprenderse de la oposición histérica”, apunta un editorial del Diario Perfil del pasado 15 de septiembre. Augura, por el contrario, que muchas de las medidas progresistas impulsadas por Néstor y Cristina Kirchner persistirán y que no habrá una privatización masiva de las empresas públicas.

 

Ascenso y caída

 

El kirchnerismo se puso al frente de las demandas que la golpeada ciudadanía exigía para remontar la crisis terminal de 2001. Muchas de esas demandas son también parte del acervo histórico del peronismo de Perón y Evita. El gobierno echa mano de este capital simbólico para articular su defensa.

Hablar de “un fin de ciclo ante este nivel de realización es una actitud más voluntarista que una cuestión que tenga niveles de certeza”, dijo el ministro de Defensa, Agustín Rossi. “Argentina se ha modificado para bien y estoy convencido de que más temprano que tarde el pueblo argentino no va a olvidar todo lo que se ha hecho en estos 10 años de gestión”, sostuvo.

El kirchnerismo demostró una notable capacidad de recomposición tras perder en las elecciones legislativas de 2009. El gobierno de Fernández se repuso tomando con audacia la iniciativa política. La oposición –triunfante pero desarticulada– cayó en una confusión profunda. A diferencia de entonces, el kirchnerismo carece hoy de un precandidato con posibilidades de triunfo.

Néstor Kirchner falleció en octubre de 2010. Hoy ya no están dadas las condiciones para que Cristina Fernández –reforma de la Constitución mediante– aspire a un tercer mandato.

“El kirchnerismo sacó cierta patente de inmortalidad después de haber resurgido inesperadamente en 2010, tras la muerte de Néstor Kirchner”, dice Novaro. “A eso contribuyeron tanto la sensibilización generada por el tema (de dicha muerte) en la opinión pública como la recuperación económica y la debilidad de la oposición”, explica.

El analista cree que la situación actual es más complicada pues el “camino de radicalización de la política económica dio resultados bastante peores a los esperados”.

El Frente para la Victoria sigue siendo la primera fuerza política nacional, pero en las elecciones primarias de agosto recogió apenas 26% de los votos. La presidenta ha tomado nota del humor social. El gobierno hizo suyas algunas propuestas con las que la oposición supo acorralarlo.

En septiembre se elevó notablemente el piso salarial sobre el que se grava el impuesto a la renta. La medida beneficia a 8.4 millones de trabajadores asalariados y a 99.3% de los jubilados. También se elevó el presupuesto para unos 3 millones de trabajadores autónomos, sin tocar la cantidad que deben pagar por sus aportes para previsión social y su seguro de salud.

A fin de seducir al electorado indeciso, la presidenta también ha avalado medidas y designaciones contrarias al espíritu del “modelo” kirchnerista. El giro más ostensible se dio en torno a la inseguridad.

La provincia con mayor cantidad de delitos violentos es la de Buenos Aires, que reúne además a casi 40% del padrón electoral del país. Los sondeos le dan a Massa una ventaja de 12 puntos sobre el candidato kirch­nerista, Martín Insaurralde (40% a 28%).

Insaurralde sorprendió con la propuesta de bajar la edad de imputabilidad penal de 16 a 14 años. Se trata de un viejo reclamo de los sectores más conservadores de la sociedad.

“Es poco creíble que esto sea fruto de un análisis sereno, sobre todo porque va contra los criterios que el kirchnerismo barajó en esta década sobre la potencia de las políticas de inclusión social en contraste con las de mano dura”, señaló el pasado 8 de septiembre un editorial de Miradas al Sur, periódico cercano al gobierno. “Pero resulta preocupante que en estos dos años el kirchnerismo haya dado poca importancia a los temas de inseguridad y calidad democrática de las fuerzas policiales, y ahora, en pleno proceso electoral, utilice conceptos que van en la dirección opuesta”.

Novaro cree que este riesgo de ruptura de algunos sectores de izquierda con el kirchnerismo puede agravarse. “Si se suman otros disgustos para el progresismo, como la baja eficacia de la política económica, o si el gobierno se ve obligado a arreglar algo con los holdouts (fondos de capital de riesgo o fondos buitre), eso le va a quitar credibilidad a la idea de que son un gobierno antiimperialista”, sostiene.

 

Lutos capitalizados

 

El martes 1 Cristina Fernández fue sometida a una intervención quirúrgica. Se le eliminó un hematoma de la cabeza originado por una caída el pasado 12 de agosto. Su convalecencia la ha mantenido fuera del rejuego electoral.

En 1995 Carlos Menem fue reelecto presidente con 50% de los votos durante el luto por la muerte de su hijo, acaecida meses antes. En 2011 Cristina Fernández fue reelecta con 54% de los votos tras la muerte de su esposo, el expresidente Néstor Kirchner, en octubre de 2010. Las pérdidas sufridas les dieron a ambas figuras un perfil de humanidad y vulnerabilidad que rindió buenos frutos.

Novaro no cree que esto vaya a suceder ahora. “En ambos casos había una persona que estaba amenazada desde el lado humano, pero políticamente tenía capacidad para enfrentar esa situación”, dice. “La humanización era acompañada de fortaleza. Pero hoy eso no existe”.

El posible candidato presidencial más importante con el que hoy cuenta el kirchnerismo es el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Campeón mundial de motonáutica en su juventud, atraído a la política por Menem en los noventa, Scioli es percibido por el núcleo duro del kirch­nerismo como un elemento extraño.

Se especula que Fernández podría optar por enfrentar una eventual derrota en 2015 con un candidato propio. El kirchnerismo podría asegurar una presencia parlamentaria desde la cual mantener con vida la posibilidad de un eventual regreso en 2019. Fernández tendrá entonces 66 años. Esta expectativa requeriría, claro, que el próximo gobierno no sea del todo exitoso.

Su sucesor, por el contrario, intentará que la opinión pública asocie a los Kirchner con un “populismo irresponsable” y no con una época de pleno empleo y recuperación de la autoestima y el consumo.