El campo, el gran sacrificado

Obsesionados por incrementar la recaudación, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray y sus colaboradores actuaron con sigilo y miopía, pues no calcularon los daños colaterales que esos afanes traerían a diversos sectores, sobradamente al campo, castigado de por sí desde que entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio para América del Norte. Según Benjamín Grayeb Ruiz, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, la reforma hacendaria les pega por todas partes.

 

Fue tal el sigilo con el que el secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, y su equipo especializado en materia de impuestos elaboraron la reforma hacendaria, que se les olvidó consultar con los titulares de Economía, la Sagarpa y Energía, entre otros, pero también con los propios reguladores del sistema financiero nacional, sobre las consecuencias que muchas de las disposiciones tributarias propuestas tendrían en todos los sectores productivos del país, en las empresas y en las personas físicas.

El contenido lo guardaron con tanto celo, que nadie supo de ella, sino hasta el día 8 de septiembre, cuando que se dio a conocer públicamente.

Por ejemplo, de haber sido consultado, el titular de Economía, Ildefonso Guajardo Villarreal, habría reparado ante la propuesta de aplicar IVA a las importaciones temporales de las maquiladoras, que requieren de esa exención (vigente hoy) como mecanismo efectivo de financiamiento y uno de los atractivos que las hacen mantenerse en el país.

El mismo secretario –porque el comercio exterior es de su competencia–, pero también el titular de Agricultura, habrían levantado la voz ante la propuesta de eliminar el régimen simplificado en el campo (sector en el que se paga una tasa de ISR de 21% y no la general de 30%), del que ciertamente han abusado las grandes empresas agroindustriales, pero que de aprobarse como está le pegará brutalmente a los medianos y pequeños productores, que los hará menos productivos, y difícilmente podrán competir en el exterior.

Nunca se enteró la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, con todo y que es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda, que se iba a proponer el cobro de IVA en los intereses y comisiones de los créditos hipotecarios.

Los banqueros, asustados, han pedido al titular de Hacienda que si no hay otra que aplicar el IVA a los intereses y comisiones de los créditos hipotecarios, se haga sólo sobre los créditos nuevos, porque los ya otorgados se hicieron calculando la capacidad de pago en función de los ingresos de los acreditados, pero sin IVA.

El haber hecho las cosas a solas con su equipo, le impidió ver a Videgaray más allá de los aspectos recaudatorios. En principio, loable el propósito: nacional e internacionalmente se reconoce que para el tamaño de la economía del país –entre las 15 más grandes del mundo– y el nivel de riqueza que hay en él, la recaudación es paupérrima, apenas rebasa 10% del PIB, comparable a la de los países más pobres.

Que el sistema impositivo nacional se ha ganado a pulso todos los adjetivos –Frankenstein (por lo contrahecho), queso gruyere (por tantos hoyos que tiene), la más fea del pueblo (nadie le hace caso), la barda fronteriza (todos se la brincan), entre otros–, y que por lo tanto es un imperativo generar un marco tributario que acabe con todos esos defectos.

Que provea los recursos suficientes para atender las necesidades sociales y, sobre todo, rompa con la histórica dependencia que tienen las finanzas públicas respecto de los ingresos petroleros, siempre volátiles.

Pero Videgaray y su equipo sólo se quedaron allí, en la recaudación. El problema era más complejo. Nunca vieron, ni por asomo, los daños colaterales que traerían muchas de las disposiciones tributarias propuestas.

Cascada de protestas

 

Después del 8 de septiembre todos los sectores productivos del país se han manifestado, severos los más, con reclamos a Hacienda por su cortedad de miras.

Uno de los más contundentes es el sector de la industria maquiladora de exportación. Para sus integrantes, la autoridad propone eliminar la exención del IVA en las importaciones temporales, con el argumento de que muchas empresas abusan del privilegio porque importan insumos que luego: o no los incorporan en sus productos exportables y los venden en el país, o si los incorporan, no los exportan; muchas empresas, inclusive, aunque están dadas de alta como exportadoras, sólo venden en el exterior apenas 10% de su producción.

Pero las verdaderas maquiladoras de exportación, que son mayoría, y son subsidiarias de compañías extranjeras, pusieron el grito en el cielo, pues la propuesta fiscal del gobierno les pega directo:

Con todo y que el gobierno les promete una devolución rápida del IVA, los costos inherentes al proceso de pago y devolución del impuesto –logísticos, de administración, de financiamiento y operativos –les generarán un impacto financiero al año de casi mil 200 millones de dólares (unos 16 mil millones de pesos), si se toma como base el costo total de las importaciones que hicieron el año pasado, que fue de 156 mil millones de dólares.

Los datos los hizo públicos la semana pasada el Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación.

Ante esa situación, muchas empresas del sector analizaban la pertinencia de mantenerse en el país o retirarse. Y una salida, gradual o masiva, fue lo que no previeron los hombres de Hacienda. Tampoco que, ante la desaparición de estímulos, las empresas extranjeras optaran por no venir al país.

Mucho menos los daños colaterales. Los perjudicados… que ni siquiera gozaban de privilegios fiscales, como esa exención de IVA a los maquiladores.

El empresario Horacio Campaña Acosta, director general para Latinoamérica de la empresa Butler, subsidiaria en México de Blue Scope Steel, con sede en Kansas y líder mundial en producción de acero, explicó en un foro de maquiladores, el miércoles 2, el efecto expansivo, destructor, de la propuesta hacendaria:

“Lo más fácil es imaginar que se caiga este gigante que es la industria maquiladora de exportación, que vende 195 mil millones de dólares. Pero una vez que éste caiga, es más difícil imaginar cuántos muertos habrá aplastados debajo de él. Va a haber muchísimos.

“Pero uno es clarísimo. Vean: A partir de los noventa la mayoría de la inversión extranjera directa llega a México prefiriendo rentar las naves industriales, más que ser dueños de ellas; les conviene más y eso tiene que ver también con un uso más eficiente de capital.

“En un año bueno de inversión extranjera directa, como 2008, y que estábamos esperando se repitiera en los próximos años debido al Mexico moment, estas empresas incrementan la superficie de naves industriales, que tienen rentadas más o menos en 38 millones de pies cuadrados, y eso trae asociados como 7 millones de metros cuadrados de terreno que se vinculan a estas naves industriales.

“Y en el supuesto feliz del Ejecutivo, de que no se vaya ninguna empresa maquiladora por este decreto –y ya es un acto de fe hacer esa premisa–, ese paquete de 38 millones de pies cuadrados con 7 millones de metros cuadrados de terreno, dejarían de impactar en la economía mexicana más o menos como 21 mil millones de pesos.

“Esa es la derrama que deja la actividad de los desarrolladores de esos parques industriales, de los constructores que les construyen esas naves industriales a esas empresas, de los proveedores de concreto, de acero, varilla, etcétera, de todos los insumos.

“Y junto con la desaparición de ese lote de actividad económica de 21 mil millones de pesos, que se daría todos los años –no es un impacto de una sola vez, sino todos los años, en la medida que no llegarían más a rentar naves industriales–, estaríamos perdiendo –el gobierno más– una magnífica fuente de recaudación.

 

Graves omisiones

 

El efecto último es que los trabajadores se van a ir a la calle. Eso es lo que no vieron los sabios de Hacienda.

Si eso no lo vieron en la industria, en el campo también la mirada se les perdió. El afán recaudatorio, otra vez, les hizo perder de vista que si algún sector ha sido golpeado en los últimos tiempos, sobre todo a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, en 1994, ha sido el campo, que ha estado sometido a una apertura comercial de tal brutalidad que ahora se importa la mitad de los alimentos que se consumen en el país.

Para el sector agropecuario, la reforma hacendaria propone la eliminación de uno de los regímenes preferenciales más perniciosos del sistema impositivo nacional, el llamado régimen simplificado que, además de diversas facilidades, otorga una tasa baja del ISR, que este año es de 21%.

Y que aplica lo mismo para empresas agroalimentarias trasnacionales, que no lo necesitan y que han abusado de él, que para medianas y pequeñas empresas productoras. Y por ello, desaparecerlo de tajo, como propone Hacienda, es hacer pagar a justos por pecadores.

Benjamín Grayeb Ruiz, presidente del Consejo Nacional Agropecuario, advierte que no sólo la eliminación del régimen simplificado les haría pagar nueve puntos porcentuales de más de ISR, de un jalón, sino que además se les quita la exención de hasta 200 salarios mínimos a las empresas para el pago del impuesto y de 40 salarios a las personas físicas del campo.

Pero, de hecho, no sólo las disposiciones que competen directamente al campo les afectarán. Otras medidas también. Por ejemplo, dice en entrevista, el impuesto a las bebidas azucaradas, presuntamente contra la obesidad, afectará a los productores de azúcar, néctares y frutas.

Otro tanto hará el impuesto a los plaguicidas, al transporte de carga; el IVA en agroquímicos, la eliminación de la deducción inmediata de inversiones… “Por todas partes nos pega”.

“Y se lo dijimos al secretario Videgaray: Señor, con todo respeto, si esta reforma pasa como está, será un golpe muy duro para el sector agroalimentario, el más duro de los últimos tiempos”.

Cuenta Grayeb, próspero aguacatero michoacano, que le detalló al secretario la situación vulnerable del sector. En síntesis: que México es uno de los países más abiertos del mundo, con 12 tratados de libre comercio firmados con 44 países; tiene siete acuerdos bilaterales, que suman 19 tratados y acuerdos de complementación económica con más de 50 países.

Es decir, está sometido a una intensa competencia. Pero particularmente el campo ha sido el sector sacrificado –“moneda de cambio en algunos tratados de libre comercio, como el que se firmó con Perú”, dice–, pues antes que darle apoyos se le somete con mayores presiones cada vez.

Aparte de eso, dice el presidente del Consejo Nacional Agropecuario –organismo cúpula de los empresarios del sector,  integrante del Consejo Coordinador Empresarial–, el campo mexicano padece aún las secuelas de las “tonterías” (así dice) que se hicieron en el sexenio pasado.

“En el gobierno anterior fuimos muy maltratados, principalmente por las secretarías de Economía y de Agricultura, con desgravaciones arancelarias unilaterales, firmas de tratados de libre comercio con mentiras de que se iban a cuidar algunos sectores nuestros, como fueron los casos de los tratados con Colombia y Perú; nos quitaron el Procampo, que era el mejor mecanismo que teníamos para incrementar la producción de granos. Y un trato rudo de los funcionarios.”

Cuenta Grayeb Ruiz acerca de los subsidios oficiales de que gozan los agricultores estadunidenses: “El secretario (de Agricultura, Enrique) Martínez y Martínez, en una reunión, hizo un comentario muy acertado, cuando le preguntaron si los agricultores mexicanos éramos incompetentes o qué pasaba con nosotros, que por qué los norteamericanos eran más eficientes que nosotros, él dijo: los productores mexicanos son muy buenos y pueden competir contra cualquier productor de Estados Unidos, pero no pueden competir contra el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

“Esa es la verdad –dice el entrevistado–: si nos subes los impuestos, si nos afectas la producción, nos restas competitividad en el extranjero, donde competimos contra los grandes tiburones del mundo: Brasil, Estados Unidos, la Unión Europea”.

Respecto de los abusos de las grandes empresas  que se benefician del régimen simplificado, el agricultor cuenta:

“Con el secretario Videgaray y su equipo hemos hablado del tema de los abusos. Él mencionó compañías muy grandes que están dentro del régimen simplificado.

“Estoy de acuerdo en que no es posible que empresas grandísimas utilicen el régimen simplificado. Es mucho abuso. Imagínate nomás que una empresa trasnacional, que tiene sucursales en todo el mundo, pague un impuesto sobre la renta chiquito y tenga otras facilidades. No es posible.

“Una de las cosas que estamos logrando ya con la Secretaría de Hacienda es que se divida la tributación en tres partes, una para productores pequeños, otra para medianos y una más para las grandes.”

Al cierre de esta edición, justo esta propuesta se estaba perfilando como uno de los cambios que se incluirían en el texto final de la reforma hacendaria, que está previsto llevarse al pleno de la Cámara de Diputados el próximo jueves 17.