Las casas de nadie

En las últimas dos décadas, el desarrollo urbano inducido fomentó la proliferación de conjuntos habitacionales en Tlajomulco de Zúñiga y El Salto, donde los pobladores no sólo viven en casas maltrechas y con servicios urbanos deficientes, sino que muchos de ellos siguen desplazándose diariamente a Guadalajara, donde estudian o trabajan. En realidad, dicen especialistas, sólo utilizan sus casas para dormir.  Y en el caso de Guadalajara, el problema no es menor, pues su Centro Histórico es comercial y la mayoría de los habitantes de las viejas fincas optaron por abandonarlas.

 

En los últimos 18 años, los desarrollos habitacionales para la clase obrera se multiplicaron en Tlajomulco de Zúñiga y El Salto, ubicados a menos de 25 kilómetros de Guadalajara.

Tal ha sido la proliferación de viviendas de interés social en esos municipios, que Vicente Fox  declaró 2005 como “El Año de la Vivienda”. Sin embargo, la realidad es otra: los conjuntos de viviendas son ciudades-dormitorio, pues los casatenientes sólo acuden por las noches a dormir. La mayoría de ellos abandonan sus propiedades por las mañanas y se dirigen a  Guadalajara, donde suelen laborar o estudiar; algunos se desplazan hasta 40 kilómetros por día,  lo que implica dos horas de transporte.

Quienes dejaron la ciudad hace más de dos décadas, y gracias a su poder adquisitivo se hicieron de  viviendas más decorosas, optaron por Zapopan y algunas zonas de Tlajomulco menos alejadas e inhóspitas.

El investigador Francisco Jiménez Reynoso, del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), comenta a Proceso Jalisco que en el estado hay 360 mil hogares sin habitantes.

Apoyado en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y el Consejo Nacional de Población (Conapo), sostiene que Jalisco ocupa el segundo sitio en ese rubro, superado sólo por el Estado de México, con 500 mil hogares abandonados.

De esas 360 mil viviendas desocupadas, 60 mil se localizan en Tlajomulco de Zúñiga; 43 mil en Zapopan; 40 mil en Guadalajara; 15 mil en Puerto Vallarta; 7 mil en Lagos de Moreno; el resto, según las cifras del Inegi, se encuentran diseminadas en los demás municipios.

Su colega Daniel González Romero, jefe del Departamento de Proyectos Arquitectónicos del Centro Universitario de Arte Arquitectura y Diseño (CUAAD), comenta que no hay datos fidedignos en torno al número de casas deshabitadas en Jalisco; “quizá sean 400 mil”, indica.

El fenómeno migratorio de los habitantes de Guadalajara no es una novedad, dice. En la década de los cincuenta del siglo pasado la clase media con capacidad de consumo se asentó en la colonia Independencia, justo en la franja histórica que separa a los habitantes del poniente y a los del oriente, divididos precisamente por la Calzada Independencia.

Quienes ganaban bien –gerentes bancarios, académicos y funcionarios– se fueron más al Poniente, a colonias como Vallarta San Jorge; a mayor riqueza –puntualiza–, más búsqueda de “bienestar”. Algunos incluso se  trasladaron a las zonas pudientes de Zapopan.

Al extremo, los del oriente migraron hacia los límites con los municipios de San Pedro Tlaquepaque o Tonalá. Casi todos los del poniente y los del oriente brincaron el Periférico. Ellos “hicieron otras ciudades extendidas que no eran urbanizadas”.

De concretarse el proyecto del macrolibramiento “se urbanizarán otras zonas, porque no hay una determinación en las leyes y reglamentos según los cuales esas áreas no son urbanas. Tan es así –asegura González Romero–, que ya se subieron al bosque de La Primavera”.

Los primeros en irse, evidentemente lo hicieron por bienestar, expone. Se fueron a las colonias de El Santuario. Luego se cambiaron a Providencia, Andares y La Primavera; esas familias se quedaron con “un mejor suelo”. Las de clase obrera se extendieron hacia el oriente.

“Se refugiaron en La Barranca de Huentitán, en la misma Guadalajara, en Tonalá y más allá, hasta invadir la Cuenca del Ahogado, que de seguir ese crecimiento será la zona de mayor densidad poblacional”, afirma el entrevistado.

Y agrega: “Al norte de Guadalajara el crecimiento es lento, porque se encuentra la Barranca de Huentitán; mientras al sur, hacia Tlajomulco, se observan conjuntos habitacionales sin infraestructura; es un ejemplo de lo que no se debe hacer”.

En Tlajomulco, dice, “la especulación tiene que ver con la acumulación de capital privado. En ese municipio se socializa la inversión y se privatizan las utilidades”.

Y expone: “La avenida Adolfo López Mateos, por ejemplo, se construyó con dinero público y la privatización de las utilidades se generó con la especulación del suelo; de ahí el montón de casas que ahora no valen nada. Basta con revisar los periódicos para ver la cantidad de casas en remate”.

 

Cómo repoblar Guadalajara

 

Las casas en desuso del Centro Histórico de Guadalajara merecen un análisis especial. Hoy en día el primer cuadro está poblado principalmente por los comerciantes de los negocios asentados ahí y por burócratas que trabajan en la zona. Son pocos quienes viven en las fincas de las inmediaciones.

Y aunque urge redensificar Guadalajara y su Centro Histórico, “No he escuchado decir a las autoridades municipales con quién van a repoblar. ¿Con los que ya no quieren estar en Tlajomulco o El Salto? ¿Con viviendas H4? ¿Con población de alto poder adquisitivo como en los centros de Nueva York o París? ¿De qué ciudad estamos hablando? Tampoco nos dicen el total de la inversión que se requiere”, expone el especialista.

La transformación de la ciudad es posible, pero no es una tarea para impacientes, pues la repoblación podría tardar hasta 50 años, siempre y cuando se haga de manera integrada.

Además, insiste, “si el ayuntamiento quiere repoblar la ciudad, debe pensar también en los servicios que ofrece, ¿Cuándo tendrá un transporte público eficiente, por ejemplo?”.

–Por cierto, el alcalde de Tlajomulco, Ismael del Toro, está enojado porque la Línea III del Tren Ligero no será hacia su municipio. ¿Qué opina? –se le pregunta a González Romero.

–Lo que quieren es que la especulación sea rentable ahora a través de un transporte masivo. Pero no. Quienes especularon con la tierra (durante el gobierno de González Márquez) deben poner el transporte.

Si hoy existen 360 mil casas desocupadas en la entidad, es producto de “políticas de vivienda ineficaces y de una mala coordinación de funcionarios de todos los niveles”, dice a Proceso Jalisco el arquitecto Horacio Villaseñor Manzanedo, especialista en administración pública y estatal.

–¿Cómo ve las acciones al respecto de los gobiernos de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG)?

–Tibias, pobres, sin interés de lograr el cambio necesario para el ejercicio pleno y armonioso de los derechos de la ciudadanía. En eso debe basarse la actuación de la autoridad.

Diferentes gobiernos municipales de Guadalajara han hecho intentos por repoblar el primer cuadro de la ciudad, entre ellos el entorno del parque Morelos. Sería necesario analizar si conviene o no hacerlo, pues es una zona básicamente comercial, como la Plaza Tapatía, comenta Villaseñor Manzanedo.

“Es básico respetar el patrimonio edificado”, dice. Para repoblar esas zonas se requiere de la aceptación de diversos sectores. Si se decide repoblarla, las autoridades necesitan planear sus acciones y definir los plazos para hacerlo.

“¿Es conveniente que el Centro Histórico se mantenga como área comercial principalmente?” Un reordenamiento implicaría reconvertirla en habitacional y eso, dice, provocaría conflictos.

–La propuesta de la Villa Panamericana ¿era la oportunidad dorada para redensificar el primer cuadro de Guadalajara?

–Era una oportunidad parcial, no la única. Hoy se puede hacer, pero se requiere un planteamiento integral, no sólo de zonificación; también deben contemplarse las áreas verdes, de esparcimiento y la infraestructura adecuada y proporcional; también debe considerarse la protección patrimonial y ambiental, pues esa zona cuenta con mantos freáticos y es inundable.

Para el entrevistado, el recurso insustituible es el acto de autoridad. Deben evitarse, dice, los proyectos “ciudadanos”. Y advierte: la antiautoridad es una forma de discrecionalidad y de abstracción de que “todo se puede” y por lo regular termina en grandes frustraciones.

Sin titubeos, el especialista considera que los alcaldes de la ZMG han olvidado o ignorado los aspectos institucionales y la racionalidad económica de las propuestas: ¿Quién invierte qué? ¿Quién compra? ¿Quién vende? ¿Quién se beneficia? ¿Cómo reutilizar y relanzar el potencial inmobiliario de la zona?

 

¿Por qué se van?

 

“La migración obedece a causas multifactoriales. Uno de ellos es el económico –para mejorar o por falta de servicios públicos, planteles educativos o las fuentes de trabajo, como en Tlajomulco–; otro es la  inseguridad, como en Lagos de Moreno y en el mismo Tlajomulco”, asegura el académico del CUCSH Francisco Jiménez Reynoso.

Hoy, dice, las casas en desuso son centros de operaciones y las utilizan los integrantes del crimen de alto y bajo impacto o los vándalos.  Y aunque no hay estadísticas, existen denuncias en las agencias del Ministerio Público sobre abusos sexuales en esos sitios.

Sostiene que el fenómeno de casas solas no distingue situación económica. Colonias de clase media alta como Providencia y La Estancia están deshabitadas, porque creció el comercio y no quieren un restaurante o un bar a un lado de su casa.

–Casas solas, menos población. ¿El problema también es político? –se le pregunta al arquitecto González Romero.

–Definitivamente. Puede golpear o no un proceso electoral.