Oportunismo y propaganda

Las familias afectadas por el meteoro Manuel aún no se reponen de las pérdidas y ahora muchas de ellas sufren los embates propagandísticos del gobierno del priista Jorge Aristóteles Sandoval, quien comenzó a distribuir despensas rotuladas con uno de sus eslóganes oficiales: “Bienestar para nuestras Familias”.

Gran parte de esas despensas fueron aportadas por ciudadanos en respuesta a una convocatoria lanzada el DIF Jalisco, por lo que la sociedad se muestra indignada. En las redes sociales, los usuarios se quejan también porque, dicen, los productos –arroz, frijol, azúcar, agua embotellada, papel higiénico y pastas– se metieron en bolsas de plástico con una calcomanía al frente en colores blanco y rojo, y la leyenda gubernamental.

Para acallar las críticas, el DIF difundió un comunicado para decir que las despensas etiquetadas forman parte de un remanente comprado anteriormente; los donativos ciudadanos, según la dependencia, se colocaron en bolsas sin calcomanías.

Proceso Jalisco solicitó una entrevista con la titular del organismo, Consuelo del Rosario González Jiménez, pero personal de la oficina de Comunicación Social advirtió que no hablaría de ese tema; los empleados se negaron también a responder cuántas toneladas aportaron los ciudadanos y cuántas el DIF.

En su boletín 151/2013, el DIF destaca la visita de Lorena Jassibe de Sandoval, presidenta del organismo, a las comunidades de Tuxpan y Tamazula. Comunicación Social reproduce el testimonio de Patricia García, de la localidad del Platanar, en Tuxpan:

“Pues yo bendito sea Dios me quedó cama, trastes, pero hay gente que de plano no le queda nada; hay veces que hasta familia pierde. Muchas gracias por no dejarnos solos, por haberse acordado de nosotros; yo doy las gracias por todos los afectados de aquí.”

El texto va acompañado por fotos donde la esposa del gobernador entrega despensas.

Otra funcionaria muy activa en las redes sociales es Gloria Rojas Maldonado, delegada de la Secretaría de Desarrollo Social en Jalisco. Aprovechó la ocasión para subir a su cuenta de Facebook fotografías en las que  aparece en primer plano, siempre posando para la cámara.

Destaca sobre todo una serie de tomas durante su visita del 30 de septiembre a las comunidades de Apango, Jiquilpan y los Ranchitos, en el municipio de San Gabriel.

El quiebre moral

 

Este semanario visitó las bodegas donde el DIF Jalisco empacó los productos donados por los jaliscienses y constató que muchas despensas aún tenían el rótulo del gobierno del estado. Una empleada de Comunicación Social que se identificó como Rogelia Varela regañó al reportero por “no respetar los procedimientos”, pues se presentó sin avisar.

Las imágenes de cajas y despensas rotuladas con el eslogan del gobierno estatal se difundieron rápidamente en las redes sociales y desataron una oleada de críticas.

La estudiante María José Alexander, egresada del Tec de Monterrey, comenta que un día antes llevó a Casa Jalisco unas bolsas de despensas que recolectó junto con sus compañeros a través de la organización no gubernamental Un Millón de Jóvenes por México:

“Llevé algunas cosas, lo que me cupo en mi carro a Casa Jalisco y ahí las metieron en unas cajas de cartón cuadradas. Al día siguiente vi en El Informador las cajas con el logo de Bienestar para nuestras Familias.”

Ese acto rompió la confianza que le tenía al gobierno, dice, por lo que no volverá a colaborar con las autoridades. Prefiere llevar la ayuda personalmente a las poblaciones afectadas.

No es la primera vez que el gobierno del estado se aprovecha del dolor humano para obtener beneficios políticos. En agosto pasado, este semanario consignó (Proceso Jalisco 459) que los restos de cuatro de los siete jóvenes desaparecidos en Lagos de Moreno fueron entregados a sus familiares en una urna que en uno de sus costados tenía una placa metálica con la leyenda: “Gobierno de Jalisco”.

El director del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses, Marco Antonio Cuevas, aseguró que el propósito del mensaje era manifestar que el gobierno está presente y se compromete con las familias.

Hasta ahora el gobierno de Aristóteles no ha podido vencer la tentación de imprimir su sello en cada programa social. A los transvales que usan los estudiantes y les permiten pagar sólo la mitad en el transporte público, por ejemplo, los denominó “Bienevales”.

Y hace unas semanas, en agosto, imprimió su propaganda en los cuadernos, gomas de borrar, colores, reglas, diccionarios, lápices, plumas y mochilas que se entregaron a familias como parte del programa escolar Mochilas con los Útiles. Además, las autoridades estatales invirtieron más de 16 millones de pesos en la compra de 391 mil mochilas rojas.

Según el diario Mural, el titular del Ejecutivo ha gastado más de 98 millones de pesos para difundir los programas de transporte gratuito a estudiantes y útiles escolares en radio y televisión, así como en inserciones pagadas en medios impresos, parabuses, anuncios espectaculares, comerciales en los Cinépolis y una campaña en Facebook.

Para Pablo Ayala Enríquez, director del departamento en Formación Humanística y Ciudadanía del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la entrega de despensas con la imagen institucional derrumba la confianza que depositaron los ciudadanos en la institución, sobre todo porque mucha gente respondió con genuinos actos de solidaridad ante la desgracia.

“Como sostiene el sociólogo Zygmunt Bauman al hablar de la sociedad líquida: En una sociedad que se mueve sólo por intereses individuales es fácil que se rompa la confianza y cuando esto sucede tarda muchísimos años en construirse.”

Al tratarse de un acto de gobierno, subraya, bien puede afirmarse que la moral de  quienes lo integran está a la baja; eso contribuye a devaluar el poco capital moral que tiene la sociedad mexicana y representa un mal ejemplo para las nuevas generaciones.

Una sociedad hiperindividualista que dejó de lado los valores civiles para abrazar los valores de consumo en general, insiste, pierde su capital moral porque todo se reduce a un sistema de compraventa:

“Yo puedo comprar la ayuda a los demás; comprar la solidaridad. También puedo decir: ‘No tengo trabajo en este momento y me alineo como voluntario y quién me paga; usar el dolor ajeno para tener una oportunidad de negocio’. Ahí te das cuenta de que vivimos en una sociedad de mercado donde todo puede ser comprado y todo puede ser vendido”.Para Ayala Enríquez, quien lleva más de  20 años dedicado a su tema, es imprescindible que los gobiernos se sometan a evaluaciones de confianza para determinar si los servidores públicos están abocados a atender las necesidades sociales, más que sus intereses personales.