Con los niños de la mafia

MEDELLÍN, COLOMBIA.- Durante los últimos meses la mafia de la ciudad italiana de Bari ha vivido una de sus cíclicas guerras internas, con su consecuente cauda de ejecuciones… Las autoridades locales están bajo el escrutinio de la opinión pública y el abogado Stefano Fumarulo, asesor del alcalde Michele Emiliano en materia de seguridad, reconoce que hay un repunte de la actividad mafiosa, aunque mantiene su tesis de que estas coyunturas criminales patentizan la necesidad de trabajar con más ahínco en la prevención del delito.

“Uno de los factores que llevaron a esta violencia es la falta de prevención y de trabajo con los niños”, sostiene Fumarulo, quien coordina la Agencia para la Lucha no Represiva contra el Crimen Organizado del municipio de Bari, ubicado en la costa del mar Adriático.

Esta ciudad es la capital de la estratégica región de Apulia, localizada en el talón de la bota itálica, así como cuna de la Sacra Corona Unita, conocida como la cuarta mafia italiana, después de la Cosa Nostra siciliana, la Camorra napolitana y la Ndrangheta, de Calabria.

Emiliano cuenta con vasta experiencia para hablar en torno a la prevención del delito, pues antes de que una coalición centroizquierdista lo postulara a la alcaldía fue magistrado y fiscal antimafia. Sabe que la lucha contra el crimen organizado va más allá de un asunto policiaco.

La Agencia para la Lucha no Represiva contra el Crimen Organizado de Bari fue creada en 2007 con el objetivo de desarrollar programas alternativos a la represión para combatir las actividades mafiosas. Lo mismo articula acciones para confiscar bienes de la Sacra Corona Unita, que introduce cursos sobre legalidad en las escuelas y trabaja con las familias de los mafiosos.

De visita en Medellín, Colombia, para participar en un foro internacional sobre prevención social del delito, Fumarulo comenta a Proceso: “Una de nuestras labores fundamentales es golpear la cultura mafiosa y lo hacemos al trabajar con los hijos de los mafiosos”.

Dice que los niños de la mafia son iguales a otros infantes italianos, pero nacieron en familias que carecen de sensibilidad y de valores positivos.

“Involucramos a los niños de las familias mafiosas en proyectos, junto a niños de familias normales. Se les presenta un patrón de valores positivos y la posibilidad de descubrir sus capacidades, lo que cambia su manera de pensar”, sostiene el también maestro en sociología jurídica y consultor de la Oficina de Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés).

En las familias mafiosas no hay muchas reglas, pero las que existen son duras: los niños sólo tienen que decir “sí” y hacer lo que se les ordena. Cuando la agencia del municipio comienza a trabajar con esos menores los instructores les preguntan qué les gusta hacer. Algunos dicen que cantar, otros que pintar, unos más quieren ser futbolistas y a todos les imparten cursos para que puedan lograrlo. Si les gusta la radio pueden hacer un programa por internet y entrevistar al alcalde Emiliano o al cantante Daniele Sanzone, que colabora con la alcaldía.

Los niños aprenden que en el baile, en el arte y en el deporte hay reglas que deben respetarse. Esto los introduce a un mundo nuevo donde no impera la ley del más fuerte, sino la regla de la actividad que ellos eligieron cultivar. También desarrollan un sentido de pertenencia a una comunidad en la cual –a diferencia de la mafia– no prevalecen el terror, el miedo, la droga y la violencia, sino los valores positivos.

“Cuando los niños vuelven a su casa y dicen ‘hoy canté, hoy entrevisté al alcalde, hoy hablé por web radio con un cantante famoso’, sus familias, por lo menos las mamás, se dan cuenta de que pueden tener un futuro distinto al de sus padres. Ahí entramos con más fuerza al entorno familiar para convencer a la familia, con hechos, de que dejen a sus niños tener otro destino y la mayoría accede”, explica Fumarulo.

Emiliano es alcalde de Bari desde 2004 y durante su gestión se han registrado las tasas más bajas de delitos violentos de las últimas dos décadas; no obstante, los clanes de la Sacra Corona Unita representan un desafío muy serio. Manejan el tráfico de drogas, la usura, la extorsión, los residuos ilegales, las casas de apuestas y el comercio del oro.

“Tenemos un futuro lleno de problemas –advierte el alcalde–, pero entre más invirtamos en prevención y en el rescate de los niños, los problemas serán menores.”

Alrededor de 200 niños de la mafia de Bari han sido rescatados por el programa y cursan la secundaria o preparatoria, al tiempo que desarrollan otras capacidades, como el canto o el futbol.

En su calidad de experto de la UNODC, Fumarulo viaja varias veces al año a México y conoce muy de cerca la problemática criminal que sufre este país, el cual, sostiene, está a la zaga en materia de prevención social del delito.

“Por lo menos –asegura– ahora escuchamos la palabra prevención social y esto es un avance, pues significa que hay conciencia de que se debe hacer algo al respecto. En los pasados seis años sólo se pensó en invertir en represión y los resultados son devastadores: 136 mil muertos ligados a la guerra contra el narcotráfico, más de 20 mil desaparecidos, más de 20 mil migrantes secuestrados, 160 mil desplazados internos… Esta es la consecuencia de invertir indiscriminadamente en represión, que por sí sola nunca será suficiente.”