El “gran benefactor” y sus cómplices

Para la élite vallartense, el empresario estadunidense Thomas Frank White, quien falleció el viernes 13 mientras purgaba una condena por varios delitos, fue un gran benefactor; pero defensores de los derechos humanos y familiares de muchos de los jóvenes que violó –se habla de 70 casos y de la desaparición de un adolescente–, el gringo Tom en realidad era un pederasta. Y si nunca se le inculpó por ese delito, se debe a que los magistrados de la Segunda Sala Penal lo protegieron, dice la activista María Nicolasa García Reynoso, la primera en denunciar a White.

Aun después de fallecido (murió el viernes 13) el multimillonario estadunidense Thomas Tom Frank White o Thomas White Norman, quien purgaba una condena en el penal de Puerto Vallarta por delitos contra la salud, corrupción de menores y otros ilícitos sigue causando polémica.

White, quien ingresó al reclusorio el 31 de julio de 2005, se hizo famoso por sus habilidades para corromper a las autoridades jaliscienses; mediante sobornos logró aligerar su condena, pues varios de los ilícitos que se le atribuían, entre ellos la desaparición de un joven, fueron desechados.

En el reclusorio regional de Vallarta, White purgaba una condena por delitos contra la salud, en la modalidad de suministro de droga a los niños. Ni ahí se contuvo, pues se le acusó de violar a un reo.

En octubre de 2006, Marco Roberto Juárez González, delegado de la entonces Procuraduría General de Justicia de Jalisco en Vallarta, declaró a este semanario que White era el principal pederasta detenido en el estado en las últimas décadas (Proceso Jalisco 102). Se le atribuía al menos la violación de 70 adolescentes y la desaparición de uno más.

Pese a los testimonios de una veintena de sus víctimas y de organizaciones civiles, nunca se acusó a White del delito de violación pues, según María Nicolasa García Reynoso, representante del Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos, una de las primeras en denunciarlo, fue beneficiado desde las altas estructuras del Poder Judicial, en particular por personal de algunos magistrados de la Segunda Sala Penal en 2007.

El 14 de mayo de 2007, la juez de Puerto Vallarta Laila Adriana Cholula Villa emitió su sentencia contra el estadunidense, que fue revocada siete meses más tarde por los magistrados de la Segunda Sala Penal, entre ellos dos expresidentes del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco, Guillermo Valdez Angulo y Gilberto Ernesto Garabito García.

Según García Reynoso, el único de los magistrados que se opuso a la propuesta de absolver a Thomas del delito de violación fue José Félix Padilla Lozano; y aunque lo hizo en forma clara y contundente, su propuesta fue invalidada por mayoría.

–¿Entonces White nunca fue sentenciado como violador? –se le pregunta a García Reynoso vía telefónica.

–No, tampoco como corruptor de menores, que esos eran los principales cargos que nosotros le imputábamos.

“Yo soy  católica y sé que Thomas es juzgado ahora por Dios. Mis respetos para  los magistrados que atendieron el caso White, pero creo que debieron haber escuchado a la población y visto las pruebas que aportamos. Tenemos una bitácora con más de 500 firmas, en la cual cientos de vallartenses manifiestan su molestia a los integrantes del Poder Judicial, en particular al magistrado Garabito García.”

García Reynoso cuestiona al magistrado Garabito García: “Con todo respeto, si uno de esos Thomas White le hiciera una cosa parecida a uno de sus seres queridos, ¿qué sentencia dictaría? ¿Cómo actuaría? ¿Qué tipo de pena impondría?”.

Y añade: “Escuche las declaraciones de Mauricio Rodríguez, una de las verdaderas víctimas de Thomas, quien hoy tiene más de 20 años, y es triste el doble proceso de victimización al que fueron sometidos algunos de los jovencitos violados por White”.

Para muchos de los particulares que gozaron de las riquezas que les dejó la defensa de Thomas es claro que se les acabó la mina de oro que tenían, argumenta la entrevistada: “Yo lo lamento por todos aquellos niños y adolescentes que no pudieron levantar su voz ante los tribunales y que se quedaron sin un sólo gramo de justicia en nuestra entidad”.

Defensores de los derechos humanos en Vallarta consideran como una verdadera burla para los menores violados por Thomas White, el hecho de que el presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Jalisco, Luis Carlos Vega Pámanes, haya dicho ante los medios al día siguiente del fallecimiento de White que las víctimas tienen derecho a solicitar la reparación del daño.

Los secretos del gringo “Tom”

 

Nacido el 14 de febrero de 1936, siguió los pasos de Al Capone, quien en la década de los veinte del siglo pasado convirtió a Chicago en la ciudad del vicio. White vivió ahí, donde hizo su fortuna. Ya consolidado como empresario se marchó a San Francisco, California, reconocida como la capital mundial gay.

White fue detenido el 13 de febrero de 2003 en Tailandia, relata la representante del Comité Pro Defensa de los Derechos Humanos. Como su organización no tenía posibilidad de solicitar la extradición para juzgarlo en territorio mexicano, pidió apoyo a las autoridades estadunidenses, en particular al Buró Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) y a la Fiscalía de Carolina del Norte.

Los agentes del FBI y la fiscal de Carolina del Norte sí encontraron elementos para mantener a White en la cárcel por violación de menores, dice García Reynoso a Proceso Jalisco. Y así, con el apoyo de las autoridades de Estados Unidos y de la Interpol, White fue extraditado a México.

Sin embargo, la defensa de White y los magistrados de la Segunda Sala del Supremo Tribunal de Justicia tumbaron la sentencia de  la juez Cholula Villa.

García Reynoso sostiene que la muerte de Thomas White ni le entristece ni le causa felicidad.

Cuando se enteró de que los abogados del gringo Tom trabajaban día y noche para conseguir la libertad de su cliente, recuerda, ella misma encabezó una huelga de hambre en Puerto Vallarta:

“Yo dije en ese momento que Vallarta era muy grande para los dos y que prefería morirme de hambre antes que ver a otro niño de Puerto Vallarta o del mundo exhibido como otro trofeo más de Thomas White, y por eso me declaré en huelga.”

En ese tiempo, la clase política y empresarial consideraba a White como un industrial exitoso y filantrópico. Y él se esforzaba por promover su imagen, incluso compró el hotel Iguanas, uno de los más lujosos del municipio; también construyó la Casa Blanca, la finca en la que “recibía a los niños de la calle”, a quienes pagaba de 300 a mil pesos a cambio de sus servicios sexuales.

A White le gustaba presumir ante las autoridades y la clase alta de Vallarta su albergue infantil llamado La Ciudad de los Niños y se presentaba como “el gran benefactor”. Sin embargo, la mayoría de los lugareños recuerdan al estadunidense por sus grandes fiestas y por su relación con el ayuntamiento, sobre todo con el panista David Cuevas García, quien fue alcalde en el trienio 1997-2000.

La amistad se refrendó con el sucesor de Cuevas García, el también panista Pedro Ruiz Higuera. Con él y con su pareja Mayra Burgos López, presidenta del DIF vallartense, el gringo Tom solía presentarse en la Ciudad de los Niños –el inmueble fue puesto en venta recientemente–, mientras que la Casa Blanca fue utilizada posteriormente por la Iglesia católica para los retiros y ejercicios espirituales de sus feligreses.

En los noventa y los primeros años de la década siguiente, decenas de taxistas vallartenses y defensores de los derechos humanos conocieron de los gustos excéntricos de Tom, aunque nadie se atrevió a denunciarlo, salvo García Reynoso.

Según los testimonios de las víctimas, la Casa Blanca era un prostíbulo disfrazado. Su propietario tenía incluso su harén con menores; ofrecía dinero, comida y droga a los adolescentes, y los violaba. Según el expediente, White se encerraba con ellos en una habitación del segundo piso y los obligaba a tener sexo oral o anal con él; incluso los videogrababa.

José Carlos Ortiz, el único adolescente que denunció formalmente a White ante el agente del Ministerio Público, dijo haber recibido ocho amenazas del defensor del empresario estadunidense, Manuel Flores Cortés, quien incluso le ofreció 1 millón 250 mil dólares y hasta un auto Ford K (Proceso Jalisco 102).

García Reynoso aclara que White renunció a su ciudadanía estadunidense y se hizo camboyano, porque en ese país asiático no hay tratado de extradición y él quería evadir la justicia de su país a toda costa. La justicia estadunidense lo acusaba de evasión fiscal.

Voracidad

 

En octubre de 2011 el abogado y analista político Luis Rabinal González Rodríguez se dijo sorprendido por los pretendidos negocios del  magistrado Guillermo Valdez Angulo con los litigantes que se le acercan.

Y alude a la ocasión en que, como parte agraviada, acudió ante el magistrado, a la sazón presidente de la Segunda Sala Penal, y Valdez Angulo le preguntó sin rubor si su asunto “era de negocios o de amigos”.

Relata: “Él creía que yo iba en calidad de litigante y representando a un cliente. Le dije de se trataba de un asunto personal”. Posteriormente, dice Rabinal, habló con su amigo que lo había contactado con el magistrado, quien insistió en preguntar si se trataba de un negocio” (Proceso Jalisco 363).

Por su parte, Ernesto Garabito y algunos de sus colegas implicados en actos de presunta corrupción relacionados con el caso White, son recordados por el draft de plazas que repartieron entre hijos y familiares en la sesión privada del pleno del Supremo Tribunal de Justicia del 11 de enero último.

En esa ocasión Garabito García promovió a Omar Garabito González como contador “A” de la presidencia del Supremo Tribunal de Justicia (STJ), donde estuvo entre el 1 de enero y el 30 de junio pasado, con un sueldo de 15 mil 728 pesos mensuales, en sustitución de Cristina Mendoza Sánchez.

Ernesto Garabito Jr., otro de sus hijos, también aparece en la nómina del STJ como auxiliar judicial. Su sueldo mensual es de 7 mil 378 pesos (Proceso Jalisco 436).