La segunda semana de septiembre dio cobijo al Primer Congreso Jalisciense de Filosofía. Salida la propuesta del colegio de filósofos del estado, fue recibida con entusiasmo tanto por la Secretaría de Cultura del estado, que dirige la señora Miriam Vachez, como por las instancias correlativas al cultivo de esta disciplina en la Universidad de Guadalajara, donde hay un departamento y una maestría. Al frente de la tropa universitaria se puso el propio rector del Centro de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) y, además de autorizar como sede el auditorio Silvano Barba, ordenó a sus medios de difusión darle cobertura al evento.
Fue copiosa la recepción de ponencias. Hasta faltó tiempo para desahogar con amplitud cada una de las presentadas. Ninguna de las mesas instaladas –seis–, fue declarada desierta por ausencia de expositores, como se dice en el argot académico. No hay que decir tampoco que el auditorio lució a reventar, pero el público interesado arropó con presencia suficiente los trabajos realizados. Al arranque de los preparativos, los organizadores discutieron los objetivos a conseguir con esta actividad. Uno de ellos apunta a la valoración, descubrimiento y difusión de la obra de los propios pensadores del terruño. De manera que cada congreso será nominado por el del homenajeado.
En esta ocasión, y siendo el primero, el reconocimiento fue para el eximio escritor arandense Arturo Rivas Sáinz, de quien muchos no habían oído mencionar siquiera su nombre. Rivas fue fundador de la escuela que se llamó primero de Artes y Letras en nuestra universidad pública. Posteriormente se desgajó de ella el capítulo de letras, dejándola como Escuela de Artes Plásticas y Música. Con el paquete de letras bajo el brazo, Rivas se trasladó a otro espacio de la misma universidad y, junto con otros docentes, fundó la Facultad de Filosofía y Letras. Fungió como uno de los miembros fundadores en 1957 y permaneció como docente en ella hasta el día de su muerte, en 1985.
Es pues la denominación de este primer congreso un merecido homenaje a su obra callada y fecunda. Hay que agregar de él que los maestros Agustín Yáñez y Antonio Gómez Robledo, filósofos locales de cepa y reconocimiento general, le guardaban a Rivas un profundo respeto intelectual; y que nuestros autores literarios más conspicuos –Antonio Alatorre, Juan José Arreola, José Luis Martínez y Juan Rulfo, entre otros– lo veneraron siempre como al maestro suyo que fue y que les indujo en la senda en la que descollaron.
De las seis mesas del congreso, la de apertura se dedicó, como queda dicho, a la obra de Rivas. Con el nombre de “El mundo de la metáfora en Rivas Sáinz”, quien esto escribe disertó en la conferencia inaugural sobre la labor tan fructífera que realizó Rivas en esta ocupación, interesado como ninguno en desentrañar los misterios de esta operación poética a lo largo de su vida. La plenaria de la tarde fue dedicada a la filosofía contemporánea. La conferencia central estuvo a cargo del maestro Alejandro Fuerte, quien la tituló: “La necesidad de pensar los fines y los valores ante el predominio de la razón instrumental”.
El jueves 12 las mesas matutina y vespertina se ocuparon del pensamiento local. A la matutina se le denominó “Filosofía latinoamericana”. La conferencia central se ocupó de la obra de Javier Clavijero y los que siguieron se ocuparon de Melchor de Talamantes, de Ricardo Flores Magón, de Enrique Dussel –nacido en Argentina pero naturalizado mexicano– y de otros más. Es decir, puros pensadores nacionales. La de la tarde, dedicada expresamente a Jalisco, los expositores nos dieron un paseo del codo con Agustín Yáñez, otra vez Rivas Sáinz, Miguel Mendoza López, Agustín Rivera y más analistas y actores serios de nuestra realidad concreta.
La mesa matutina del tercer día se ocupó de la “Filosofía de la ciencia”. Como el espectro de lo científico es tan amplio, los participantes escogieron debatir sobre los aspectos filosóficos que se dan en la práctica de la medicina. Enrique Uribe Avín, quien fue jefe del departamento de filosofía, y Cuauhtémoc Mayorga, el actual, bordaron sobre la “Iatrofilosofía”, el primero, y sobre “La situación de la bioética en Jalisco” el segundo. Con la mesa de la tarde concluyó este congreso. Bordó sobre la compleja relación entre la filosofía y la religión.
La conferencia central iba a estar a cargo del conocido jesuita Jorge Manzano Vargas. Pero este filósofo, prestigiado y conocido en el medio, sufrió días atrás un accidente, del que ameritó hospitalización. No pudo acudir a la cita, debido a su estado de salud. Su charla, que amenazaba con ser muy polémica y amena, cual suelen ser siempre sus intervenciones públicas, se titulaba: “Crisis de las religiones en Europa y su influjo en América Latina”. Lo sustituyó la maestra Magdalena González Casillas, con una estupenda disertación a la que tituló: “Una vida sin Dios”.
En la inauguración, los oradores hablaron de la necesidad y pertinencia de realizar este tipo de encuentros. Se refirieron a lo conveniente que resulta entrar a saco con nuestras propias producciones y la necesidad consecuente de remirarnos siempre el ombligo. Esto hará que vayamos rompiendo nuestra mentalidad colonizada, que no se cansa de suspirar por lo bueno que se realiza fuera de nuestras fronteras y de calificar como despreciable y ruin lo propio. Una forma de mantener nuestros productos locales mal enfocados y distorsionada la verdad que acontece ante nuestros ojos. Una forma de mantener intocado nuestro propio autoengaño.
Al turno al pódium, quien esto escribe resaltó, como mera casualidad, que el arranque de este congreso jalisciense de filosofía coincidiera con el cuarenta aniversario del golpe de estado en Chile. Resaltó la urgencia de hilar y conectar nuestro pensar con los actos que bordan el hacer cotidiano, por ver si alejamos de nosotros, de una vez por todas, el espectro de la bestialidad y del salvajismo. No lo referí a su coincidencia con el 11/9 de las Torres gemelas en Nueva York, en razón de que carezca éste de vínculo con el bestialismo y la irracionalidad, sino por no ser un acontecimiento estrictamente nuestro.
Pero en tanto los filósofos del terruño juraban y se comprometían a poner lo mejor de su cacumen para buscarle los tres pies al gato de nuestra realidad desde la palestra de la filosofía, en la Ciudad de México los granaderos arremetían tolete en mano contra los maestros inconformes de la CNTE. Aquí mismo, en nuestras propias narices, justo en el ayuntamiento tapatío, un centenar de porros priistas, enarbolando la ira como argumento, reventaban a patadas y a gritos desaforados el contrainforme que querían rendir los regidores del Movimiento Ciudadano. Buscaban romperle la crisma sobre todo a Enrique Alfaro, líder visible de MC en Jalisco. Ambas puntas, un congreso de filosofía local y la explosión de la ira priista tapatía, representan los extremos opuestos de los momentos por los que vamos transcurriendo. Razón de sobra para apostarle en Jalisco al cultivo de la filosofía.








