El Grupo Imagen –dueño de los hospitales Ángeles, 20 en todo el país; de los 27 hoteles Camino Real; de la Financiera, Casa de Bolsa y Banco Multiva, y de un conglomerado de medios que incluye el periódico Excélsior, Cadena tres (nombre de Canal 28 de televisión abierta), dos cadenas de radio: Imagen Radio y Reporte 98.5 con 30 estaciones propias más 70 afiliadas y seis digitales en el DF– acaba de lanzar una nueva señal en Cablevisión y SKY, sintonizable en el 127 del dial. Según sus afirmaciones se trata de una extensión del diario Excélsior.
En el caso de los medios, las concentraciones de capital llevan inevitablemente a disminuir la diversidad. Cada nuevo canal que lanza un oligopolio repite, en otro tono, los contenidos del antiguo. Excélsior, atenazado por el conservadurismo, cuidadosos sus periodistas de no afectar los intereses del conglomerado que los contrata, se despliega en la pantalla bajo el mismo signo. En el nuevo Canal 127, el director del periódico encabeza a un grupo de articulistas en el programa Círculo de ideas. El programa dominical, en vivo, es una versión sin chistes ni payasadas de la emisión producida por Televisa en Canal 2.
Las noticias se generan de manera centralizada, como ya se hacía. Del impreso pasan al digital, a la radio, a Canal 28. Los trabajadores tienen que transformar la información que consiguen, adaptándola a cada soporte. La rapidez con que deben moverse da al traste con la búsqueda en profundidad, con el reportaje investigado e incluso con el estilo, hoy escueto. La calidad del ejercicio periodístico va en retroceso.
El conglomerado propiedad de Olegario Vázquez Raña sigue creciendo a la sombra de las relaciones con los poderes eclesiásticos, económicos y políticos (Proceso 1923). Con la sola meta de conseguir ganancias, practica hoy el “turismo hospitalario”, lucrando con la salud de la gente. Para hacer pasar por servicio lo que es negocio, se hizo de medios que sirven para legitimarlo y mostrarle al gobierno su capacidad de apoyo.
Mientras tanto la reforma de telecomunicaciones, que debe acotar la extensión de oligopolios, continúa empantanada, sin reglamentos para actuar. El siguiente elefante blanco que debe sustituir a la Cofetel, el Inetel, será también integrado con algunos de los actuales funcionarios del ramo, la mayoría de los cuales estarían en conflicto de interés o bien serían demasiado cercanos al gobierno federal y a los concesionarios para actuar con independencia. Entre los propuestos no hay uno solo que pueda acreditar su autonomía de los poderes mediáticos, de los gobernantes en turno, de una visión empresarial de los medios. Eso se veía venir desde que se aprobó la reforma de telecomunicaciones, aunque algunos ingenuos pensaron que, ahora sí, la sociedad tendría injerencia en los asuntos del espectro, del reparto de las frecuencias, del acceso a la banda ancha.








