Putin gana la primera partida

MADRID/BUENOS AIRES.- Con la propuesta del presidente ruso, Vladimir Putin, de poner bajo control las armas químicas en Siria a cambio de evitar una intervención militar, Rusia aventajó a Estados Unidos en el ajedrez geopolítico que ambas potencias sostienen.

Esta iniciativa también sirvió para dar un respiro al presidente estadunidense Barack Obama –atrapado por su estrategia y su retórica–, quien abraza la idea y le pide a Moscú claridad en la propuesta en aras de la efectividad y la rapidez.

Ahora todas las miradas se dirigen al Kremlin: el viernes13 el secretario estadunidense de Estado, John Kerry, y el canciller ruso Serguei Lavrov discutían en Ginebra los detalles del plan; y el próximo martes 17 el ministro de Exteriores francés, Laurent Fabius, visitará Moscú para ultimar los detalles.

La propuesta rusa ha sido bienvenida por todos.

Fernando Bazán, director del Observatorio de Medio Oriente y del Centro Argentino de Estudios Internacionales, comenta a Proceso que “este acuerdo beneficia a todas las partes: Estados Unidos evita ir a una guerra impopular sin un plan ni una estrategia –en la cual terminaría peleando para Al Qaeda– y evita una derrota en el Congreso.

“Siria gana porque evita el ataque de Estados Unidos, que dañaría más su estructura de seguridad. Sus otros aliados, como Irán y el movimiento Hezbolá en Líbano, también se ahorran una situación incómoda, porque si hubiera un ataque tendrían que dar una respuesta e Irán quedaría en la mira. Es una situación en la que ganan todos, fundamentalmente Rusia, que ahora controla la iniciativa diplomática para Siria”, concluye.

“Es un gran triunfo internacional geoestratégico para Putin. Rusia actúa de igual a igual como una potencia en Medio Oriente”, señaló el experto en temas rusos Leon Aron en The Washington Post el miércoles 11.

En su discurso a la nación, el martes 10, Obama se dijo dispuesto a transitar por la vía diplomática propuesta por Rusia. Antes enfrentaba el riesgo de no obtener la mayoría en el Congreso para aprobar la acción militar de castigo al régimen de Bashar al-Assad.

“Esta primera partida la ganó Rusia, pero sólo tiene como propósito ganar tiempo, mantener a Al-Assad en el poder y evitar la intervención militar”, dice Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano y autora del ensayo Obama, Siria y la delgada línea roja.

En entrevista con Proceso, García recuerda que Estados Unidos y Rusia mantienen controversias, primero, por el escudo antimisiles –el cual el presidente Vladimir Putin pretende incluir en esta nueva negociación– y, después, por el caso del consultor informático Edward Snowden, filtrador de información sobre el programa de espionaje mundial de la Agencia de Seguridad Nacional y a quien Moscú mantiene en su territorio.

“Todo ello será una carta importante de negociación, pero lo ideal sería que ambos países construyan una ‘Ginebra dos’, es decir, un acuerdo político que permita ver hacia adelante, entendiendo que por el momento Rusia ha ganado esta primera jugada a Estados Unidos; lo que también le ha venido bien a Obama porque no quería hacer nada en Siria, pero se vio forzado por su propia retórica y porque ante las primeras imágenes del ataque –del 21 de agosto– todo mundo lo volteó a ver”, dice García.

Hace poco más de un mes las relaciones entre Rusia y Estados Unidos habían caído a su nivel más bajo desde el final de la Guerra Fría. El Kremlin acababa de conceder asilo a Snowden y como respuesta Obama suspendió unilateralmente la cumbre acordada con Putin para este mes en la reunión del G-20. En términos poco diplomáticos Obama dijo que el presidente ruso parecía el “niño aburrido en el fondo de la clase”.

Ahora el “niño aburrido” salvó a Obama de la situación sin salida en la que se había metido al prometer un golpe militar contra Siria sin contar con un claro apoyo internacional, de sus votantes ni del Congreso. Putin le ofreció a Obama “un camino de escape, ya que el presidente de Estados Unidos no quería verse envuelto en esta operación militar. Obama subió al árbol, no sabía cómo bajar y los rusos le ofrecieron una escalera”, dice a Proceso Yezid Sayigh, del Centro Carnegie de Beirut.

 

Arsenal químico

 

“La preocupación sobre las armas químicas en Siria ha existido desde el inicio del conflicto que entra ya en su tercer año: Un miedo asentado principalmente en el hecho de que el caos o incluso una posible desintegración del país dejarán desprotegidos los arsenales de armas químicas y no convencionales, que podrían caer en manos de radicales”, apunta García.

Añade que Damasco posee “el mayor programa de armas químicas en activo y el cuarto arsenal más grande del mundo. Empezó a desarrollar estas armas en los setenta como elemento de disuasión frente a Israel”.

Comenta que Siria tiene cuatro centros de producción –en Alepo, Homs, Hama y Latakia– y entre 12 y 25 de almacenamiento en todo el país, donde guarda gas mostaza, gas sarín, gas nervioso VX y gas cianuro.

Según publicó el jueves 12 el diario ruso Kommersant, las etapas del plan diseñado por Rusia para controlar el arsenal químico de Siria serían cuatro. Primero, Damasco se uniría a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ); segundo, informaría los lugares de depósito y de producción de éstas; tercero, permitiría la visita de inspectores de la OPAQ y cuarto, decidiría junto con los inspectores cómo destruir estas armas. Este plan sólo se podría realizar después de ser aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

El analista ruso Víctor Litovkin publicó el martes 10 un artículo en el periódico moscovita Nezavisimaya Gazeta, donde afirma que el régimen de Assad posee alrededor de mil toneladas de armas químicas. Pero como Siria no firmó la convención que prohíbe el uso de esas armas, no se sabe qué tipo de sustancias tiene, dónde las produce ni cómo las guarda. El problema es cómo organizar el control de ese arsenal en una Siria dividida por la guerra civil, y qué hacer después, pues destruirlo o trasladarlo es una empresa de por sí complicada en tiempos de paz.

Los desafíos son grandes. Cualquier remoción o imposición de guardias sobre las armas químicas requerirá una importante presencia de la OPAQ, de personal de las Naciones Unidas y de fuerzas de seguridad para protegerlas, lo cual a su vez exigirá un cese al fuego duradero; además la destrucción de esas armas tomará años.

García explica que, según informes estadunidenses, el posible control de las armas químicas sirias requerirá unos 75 mil militares expertos en el manejo de estos componentes, “lo cual no es tarea fácil”.

Precisa que por obvias razones el tipo de instalaciones donde se almacenan tales componentes químicos no se pueden bombardear, porque los resultados serían desastrosos para la población y para las propias fuerzas militares que pretendan su control y destrucción.

A los inconvenientes propios del desmonte del arsenal químico se suma la constante agravación del conflicto sirio. Mientras la atención se centraba en las negociaciones internacionales, la CIA empezó a enviar armas a los rebeldes sirios al tiempo que 11 buques rusos de guerra surcaban el Mediterráneo.