A 48 años de la muerte del músico y violinista mexicano Julián Carrillo, uno de los más importantes innovadores en la música internacional, su obra entera se encuentra olvidada por las instancias que deberían difundir y preservar el trabajo de una vida dedicada a la experimentación y a la propuesta de métodos vanguardistas en la música.
La obra de Julián Carrillo (28 de enero de 1875-9 de septiembre de 1965) no es expuesta al público en salas de concierto importantes y sólo es interpretada en conmemoraciones, como la del pasado mes de julio por los 118 años del Sonido 13 en San Luis Potosí, dándole cierta importancia pero no el debido reconocimiento nacional. Comenta el músico Juan Sebastián Lach, participante en dicho evento:
“Su importancia se debe a que es el primer microtonalista y experimentalista; sus ideas y el campo que abrió tuvieron una repercusión importante en la música modernista y una influencia sobre otros compositores y directores muy importantes con quienes estuvo en contacto, sobre todo fuera de México.”
En 1895 Julián Carrillo descubrió el llamado Sonido 13, basado en la subdivisión del tono en dieciséis microtonos, aumentando a 96 la escala tradicional de 12 tonos, lo que dio como resultado una gama de sonidos hasta ese momento desconocidos por los músicos y compositores y que sirvió como base para toda su teoría musical.
Armando Nava Loya, una de las pocas personas que actualmente conocen a fondo la música de Carrillo, se refiere a los culpables de su poca difusión:
“Sin duda alguna han sido las instituciones culturales de nuestro país. En lo personal, realicé una gira de recitales didácticos a nivel escolar desde kínder hasta universidad y jamás hubo un impedimento, por el contrario, se pedía cada vez más, pero al pretender llegar a instituciones oficiales culturales había todo tipo de trabas y problemas, hasta la cancelación de las presentaciones.”
La complejidad del Sonido 13 en su escritura –pues utiliza la asignación de números a cada nota y no el solfeo tradicional–, la poca disposición de instrumentos para su ejecución y las horas de estudio que requeriría el dominio del método, tal vez sean algunos de los impedimentos principales para que la música de Julián Carrillo no forme parte del repertorio de las orquestas nacionales.
Sin embargo, Nava Loya es de los partidarios de Carrillo en la vieja polémica contra quienes consideran que desde 1920, cuando fue director del Conservatorio Nacional de Música Carrillo, inició un largo conflicto con el entonces joven Carlos Chávez y, por tanto, éste habría de minimizar su obra y, por tanto, la difusión del Sonido 13 “en todo sentido”.








