Mentiras

Para los senadores y diputados del PRI y sus secuaces, las leyes secundarias referidas a las modificaciones de los artículos 3° y 73 constitucionales impulsarán una reforma a favor de la modernización y la calidad de la educación que en nada perjudicará al magisterio. Con una mayoría de votos, esta idea se impuso en las cámaras legislativas a pesar de que se trata de una absoluta mentira.

La imposición como método de gobierno se ha ido construyendo en el tiempo con estructuras burocráticas y parlamentarias predadoras, que requieren de una gobernabilidad autoritaria y represiva para justificar hasta las medidas más irracionales y hacer creer que una economía del pillaje podrá ser tolerada, aun dentro de las actuales condiciones de crisis económica y de la extensión de la violencia, en todo el territorio nacional. Para que esa imposición se sostenga, es necesario mantener, con la ayuda de todos los medios de comunicación masiva posibles, reiteradas mentiras e ideas que las legitiman, pese a todos los reclamos y evidencias que comprueben lo contrario.

Lo que se ha legislado y aprobado recientemente no conducirá al mejoramiento de la calidad de la educación, ni tampoco cambiará el perfil y la profesionalización del magisterio. Es una falacia que se ha maquinado e impuesto de la manera más autoritaria posible, sustentada en una ignorancia supina: la que pretende que lo falso es verdadero. Porque con la repetición de exámenes y evaluaciones a alumnos y docentes, tal y como se ha dado, desde hace décadas, con la aplicación de pruebas –llámense ENLACE, Excale o PISA–, el aprendizaje y el desempeño de docentes y alumnos no ha mejorado sustancialmente.

Una gran cantidad de evidencias lo demuestran y una gran cantidad de estudios al respecto lo confirman: Los procesos de evaluación por sí solos no pueden mejorar el aprendizaje de los alumnos ni el desempeño de los docentes, y tampoco hacen que los sistemas educativos respondan a las necesidades de un mejoramiento sustancial del sistema educativo. (Véase, por ejemplo: Ernesto y Paulina Schiefelbein. Tres decenios de evaluación en América Latina: desde repetidores fantasma hasta brechas en la calidad. En: Claudio de Moura Castro y Aimme Verdisco (editores). Cómo mejorar la Educación, BID, Washington, 2004, página 194.)

El caso de Finlandia, que se ha puesto como el ejemplo más recurrente a nivel mundial sobre la forma en que los docentes pueden llegar a mejorar de forma radical la educación, también es elocuente respecto de la mentira que acaba de ser aprobada. En un estudio reciente se devela por qué: En la experiencia finlandesa lo más importante es que, desde la política pública, lo que se ha logrado es elevar la “dignidad profesional  y el respeto social” de los profesores evitando la “inspección escolar rigurosa” y las “pruebas externas estandarizadas”, y se ha privilegiado el desarrollo de la autonomía  profesional del docente y el trabajo colegiado que se organiza en cada escuela.

Este concepto de autonomía del trabajo docente es altamente valorado por la sociedad y el gobierno, a tal grado que, de acuerdo con el estudio en referencia, “si un inspector fuera a juzgar la calidad del trabajo (docente) o se impusiera una política de compensación basada en el mérito influenciada por medidas externas, muchos cambiarían sus puestos de trabajo”. (Pasi Sahlberg. El cambio educativo en Finlandia. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2013, página 133.)

Si, por ejemplo, lo aprobado hubiera sido que en cada zona escolar y en cada escuela del país se realizara de forma rigurosa un proceso constante de autoevaluación (como lo propuso el magisterio disidente en sus foros), en donde se revisaran –desde cada uno de los contextos y de la diversidad que se dan en el país– los planes y programas de estudio, las deficiencias alimentarias de los alumnos, la infraestructura, los baños y la sanidad, las condiciones para el ejercicio de la cultura y el deporte, la participación comunitaria y de padres de familia, el desempeño docente y de funcionarios y trabajadores, otra cosa sería, porque con ello se estaría avanzando en una práctica integral de evaluación mucho más efectiva y rigurosa que la caricatura de exámenes que se ha aprobado.

Para los legisladores del PRI y sus seguidores (a estas alturas lo que menos sorprende es que hayan votado también algunos del PRD), las anteriores y muchas más evidencias no tienen ninguna importancia, porque para ellos, como se lee en los artículos respectivos de las leyes en cuestión, se está detonando una gran reforma educativa y a estas alturas no se sabe bien a bien si se la creen o simplemente se hacen los tontos. Para los miembros de la cúpula del SNTE, no hay problema, ni moral ni conceptual, porque siguen mustios y bien arropados saqueando las arcas de su estructura sindical y beneficiándose de las canonjías que les prodiga el gobierno federal.

Lo que sí resulta evidente es que todos ellos han decidido ir a la confrontación con el magisterio independiente, controlar su trabajo educativo y contar con mecanismos para definir su estabilidad laboral, desgastarlos, dividirlos y llegar hasta donde sea posible para minimizarlos. Enorme mentira la que han armado, y tremendo lío en el que se han metido, aunque digan exactamente lo contrario.