Si bien Helena es la culpable de la guerra de Troya, según Homero en La Ilíada y la tradición, la obra de teatro de Eurípides retoma la mitología griega en la que se la exime de culpa y la vuelve víctima de un pleito entre dioses:
Hera, molesta porque Paris elige a Afrodita como la diosa más bella –la cual lo premia con el amor de la mujer más bella–, construye una imagen etérea de Helena para que ésta sea la que Paris se lleve a Troya. Mientras, Hermes transporta a Helena a Egipto y la oculta en el palacio de Proteo para protegerla y en un futuro entregarla nuevamente a Menelao, su esposo. En el palacio donde se erige la tumba del reciente fallecido Proteo es donde ocurre la historia de Eurípides, Helena.
David Hevia, dramaturgo y director de la obra de teatro Beauty Free Helena, escrita a partir de la Helena de Eurípides y que acaba de estrenarse en el Teatro Santa Catarina, elige reinterpretar esta obra y trasladarla al presente. Escoge un atractivo espacio de tránsito: el duty free/sala de espera de un aeropuerto de Egipto. El contraste de las mujeres que aparecen por ahí cubiertas de negro de pies a cabeza y las imágenes fashion de Helena en anuncios de moda y maquillaje, son provocadoras. La impresión es la de un Egipto inmerso en la mercadotecnia y que al mismo tiempo continúa con una visión antiquísima en sus costumbres respecto a la mujer. Finalmente la cosificación, en sus dos manifestaciones, es un asunto grave en nuestra sociedad actual. Es en la ecléctica contemporaneidad en la que vivimos, aunada a la ancestral historia de la guerra de Troya, donde el autor y director sitúa al polémico personaje de Helena interpretado con profundidad y versatilidad por Marina de Tavira.
En este espacio de tránsito, los caminos de los diferentes personajes de la tragedia de Helena se cruzan, por ejemplo: Menelao (Miguel Cooper), náufrago sobreviviente y en harapos, llega en busca de su esposa Helena; Helena trata de librarse de las nupcias que Teoclímeno (Miguel Ángel López), el hijo de Proteo, le impone; la hermana de Teoclímeno (Diana Sedano) profetiza los encuentros y se enfrenta a una disyuntiva fatal; y el guardia (Pedro de Tavira), testigo casi mudo del encuentro y desencuentro de estos personajes, confirma lo imposible de la neutralidad…
El trabajo de los actores en este montaje logra una estimable presencia escénica a pesar de que no lleguen a una tonalidad común. Sobresalen la interpretación de Marina de Tavira (que puede transformarse de una mujer frívola a alguien que sufre) y el monólogo existencial de Menelao interpretado por Miguel Cooper desde la interioridad y casi sin movimiento, después de haber perdido todo.
La Helena de David Hevia, a diferencia de la de Eurípides, no se salva de su estigma: aparece víctima de los acontecimientos, pero sigue siendo la victimaria de los hombres, el objeto de lujo anhelado por ellos.
Beauty Free Helena es una puesta en escena “exótica”, comenta el director, donde la escenografía de un aeropuerto diseñada por Sergio Villegas es seductora, aunque el texto no fue adaptado en su totalidad a este espacio pues chocan las afirmaciones y acciones de estar en una tumba o en un palacio, por ejemplo.
La primera parte de la obra resulta informativa en exceso, y a partir de que se rompe la dinámica de la presentación de la situación y la historia de los personajes, adquiere un ritmo ágil, donde la tensión dramática y la atención del público van en aumento, para así concluir con un final sorpresivo y brillante.








