El 24 de agosto le fue entregado por primera vez a un escritor mexicano el premio denominado Corona de Oro, máxima distinción del festival internacional Noches Poéticas de Struga, en la República de Macedonia.
José Emilio Pacheco recibió la figura de filigrana de oro en el homenaje que le rindió su colega literato, crítico teatral, ensayista y traductor macedonio Mateja Matevsky (Estambul, Turquía, 1929), miembro de la Academia Macedonia de Ciencias y Artes.
La Corona de Oro fue instituida en 1966, destacándose algunos triunfadores en lengua española como el chileno Pablo Neruda (1972) y los iberos Rafael Alberti y Justo Jorge Padrón (1970 y 1990), así como el Nobel irlandés Seamus Heaney (2001), fallecido el pasado 29 de agosto, y el mismo Matevski. Los poetas galardonados siembran un árbol en el Parque de los Poetas y se coloca ahí una placa conmemorativa.
En su exaltación a Pacheco, Matevsky recordó que conoció su poesía en 1981, durante una de sus visitas a México, cuando adquirió la quinceava edición del libro Poesía en movimiento, antología de la poesía mexicana del siglo XX editada por Octavio Paz, Alí Chumacero, el propio Pacheco y Homero Aridjis.
Dijo:
“Mi primer encuentro con Pacheco fue a través del libro antes mencionado, con una decena de poemas suyos que reflejaban su personalidad, su lenguaje poético y su especial perfil como poeta, confirmando su inclinación hacia la poesía en movimiento y al poema en verso libre. (…)
“Durante la primera lectura de los versos de Pacheco, y más tarde con la vasta selección de Struga sugerida por el propio Pacheco, desde el primer poemario hasta su último libro se nos revela la singularidad y originalidad de su escritura poética, la amplitud y la riqueza de su campo de inspiración, y la autenticidad de su sensibilidad donde ‘el sentimiento piensa y el pensamiento siente’, como expresara Unamuno a la vuelta de los dos últimos siglos.”
Remató así:
“Queridos amigos, me siento encantado de que la poesía de José Emilio Pacheco, que se encuentra tan cercana hoy de nosotros, haya formado parte de nuestra confraternidad aquí en Struga, y que con las traducciones a nuestra lengua se materialice en la poesía y la cultura de Macedonia.”








