Gobierno de obsesiones

Contra la mayoría de pronósticos, la economía se estancó en la primera mitad de 2013. El nuevo gobierno había sido visto por empresarios, prensa financiera, agencias calificadoras y organismos internacionales como competente no sólo para asegurar la continuidad del crecimiento, sino también para realizar las reformas estructurales que dos administraciones del PAN no pudieron hacer. Esto, más su compromiso con la estabilidad, le ganó observaciones aprobatorias de las principales calificadoras, que lo pusieron en “perspectiva positiva”, antesala al aumento de la calificación de su deuda.

A este gobierno el periodista Adam Thompson le llamó “tigre azteca” a dos meses de iniciado (Financial Times, 31/01/ 2013), frase que viajó por todo el mundo para hacer de México uno de los destinos más deseados por inversionistas internacionales.

Sin embargo el crecimiento se desplomó en el primer trimestre, y en el segundo resultó negativo sobre el anterior (-0.74%); fue su primera caída desde la gran recesión de 2008-2009.

 

Los lastres

 

Los primeros indicadores de la tendencia descendente fueron las ventas al exterior y las interiores. Las exportaciones de manufacturas cayeron en enero y se estancaron en el primer trimestre (0.6% de aumento) en comparación con el año anterior. Hasta mayo apenas crecieron 2.2%, cuando en 2012 lo hicieron en 8.4%, y en 2011 en 13.4%.

Las ventas al menudeo cayeron 1.1% en el primer trimestre, y al mayoreo 7.1%. Más aún, estas malas cifras sobrevinieron después de un muy bajo crecimiento desde 2010. El aumento en las ventas minoristas fue de sólo 3.1% desde antes de la recesión (junio-julio de 2008) hasta marzo-abril de 2013.

La debilidad refleja, sobre todo, bajo poder de compra. La mayoría de la población activa tiene sueldos muy bajos. Los que perciben hasta tres salarios mínimos se incrementaron en 2.1 millones entre 2010 y 2013, mientras quienes ganan más de tres se redujeron en 300 mil. Los desempleados y los que obtienen hasta dos salarios mínimos pasaron de 58% a 60% de los que trabajan o quieren trabajar pero que ya se desanimaron por no encontrar empleo.

Por otra parte, el aumento en los precios de los alimentos fue de 11.5% anual hasta julio, lo que ha minado aún más el poder de compra.

A ello obedece el debilitamiento de la demanda interna. Adicionalmente el sector de la construcción, gran fuente de empleo, se cayó 2.4% (promedio anual) en el primer semestre, arrastrado por la crisis de las constructoras de vivienda y la falta de obra pública.

De ahí que los nuevos trabajadores registrados en el IMSS se desplomaran de 82 mil 521 por mes en enero-febrero, a 3 mil 915 en junio-julio.

El crecimiento de la actividad económica global, según el Inegi, fue de sólo 1.7% (promedio anual) en enero-mayo. Las manufacturas apenas crecieron 0.35% (también según el cálculo anual) hasta junio, cuando la industria estadunidense lo hizo en 2.3%, y desde 2011 en 4.7%.

Por cierto, no deberían ponerse demasiadas esperanzas en que el crecimiento estadunidense va a jalar a México hacia arriba, pues las curvas de la producción industrial de Estados Unidos y de México ya se separaron. Así, cuando en el segundo trimestre el PIB de México cayó 0.74% (-2.9% anualizado), el de Estados Unidos aumentó 2.5%.

Por ello la confianza del consumidor ha caído 2.4% en junio, lo cual es notable después de que subió 9% en diciembre y 4.8% en enero. Así, inicialmente hubo un gran repunte de confianza con el cambio de gobierno, en parte porque se pensó, y no sin razón, que era casi imposible que las cosas resultaran peores que con Calderón.

 

Presiones fiscales

 

Hasta mayo los ingresos públicos aumentaron 2.5% en términos reales, mientras que el gasto total cayó 5.1%. No obstante, dos de las tres principales fuentes de ingresos mostraron debilidad: el IVA (-5.1%) y los derechos de hidrocarburos (-17.7%).

El Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) fue el único cuya recaudación mejoró, toda vez que en él se reflejó la baja del subsidio por el alza de precios de la gasolina.

El gobierno atribuyó inicialmente la caída del gasto al retraso para tomar las riendas de la administración, pero aun hasta mayo, después de que el Ejecutivo informó que ya no había mayor subejercicio del presupuesto, el gasto siguió bajando a razón de 5.1%.

La inversión física indirecta cayó 17.7% hasta mayo y la directa se estancó (0.9% de alza). Lo preocupante es que, aparte de esta breve caída del gasto, en el mediano plazo ha aumentado. En 2012 llegó a 3.9 billones de pesos, siendo que en 2006 era de 2.2 billones y que se hicieron pocas obras públicas.

Para esta velocidad de aumento del gasto no habrá reforma fiscal que alcance. El gasto corriente pasó de 1.3 billones en 2006 a 2.4 billones, pese a lo cual el gobierno argumenta casi todo el tiempo que los recursos no le alcanzan.

 

Perspectivas

 

La desaceleración continúa. Las Hoys encuestas del Inegi no indican mejoría en julio. Quizás por esa razón los analistas de bancos y de los organismos cúpula del sector privado se apresuraron a revisar a la baja sus proyecciones para 2013, una vez que fue oficial la cifra del segundo trimestre.

Aun si la inversión aumentara, como el gobierno espera, parece difícil que el producto logre suficiente nivel para cumplir la nueva estimación oficial de 1.8%. El pesimismo respecto de la capacidad de crecimiento ya se asentó en los círculos económicos.

Y aparecieron nuevos problemas. Las indicaciones de la Reserva Federal estadunidense sugieren un progresivo recorte de liquidez global y un ciclo de crecimiento débil, a raíz del cual México podría crecer entre 1% y 3% en 2014. Una vez que se entra en un ciclo de debilitamiento, es difícil reanimar los motores del crecimiento.

 

La estrategia

 

Debería ser evidente que si hay crecimiento económico después de los dos sexenios panistas, cuando fue de 2.1% por año, cualquier gobierno ganaría un amplio apoyo popular y político para realizar grandes cambios legislativos en función de su proyecto.

Lo anterior convertiría al crecimiento, con base en medidas puntuales, en la vía idónea para iniciar el sexenio, sobre todo si se tiene claro que la política monetaria estadunidense estaba próxima a tornarse restrictiva.

La concentración de la atención gubernamental en un pacto político que impuso 95 acuerdos fue un primer error, pues distrajo al gobierno y al Congreso de las tareas esenciales; primero, para mantener y de preferencia acelerar el crecimiento y, segundo, para hacer cambios muy selectivos en donde más se requiere.

Por lo demás, se planteó un número excesivo de reformas. Quizás todas son necesarias, pero son demasiadas; casi en su totalidad constitucionales, acabaron por traslaparse entre sí, como hoy se observa con la energética y las leyes secundarias en materia financiera y de telecomunicaciones, igual que con los nombramientos de los comisionados para los nuevos cuerpos regulatorios.

Incluso si la creación de estos órganos fuera significativa para el crecimiento, el que se pierdan en el mar de muchos otros debates en el Congreso les ha hecho perder efecto.

Delegar en el Congreso el detalle de los cambios tampoco ha sido lo mejor, ya que éstos se retrasan. Y es que el ámbito legislativo se encuentra lleno de oportunismos; por ejemplo, el intento de imponer una reforma política que resulta más de interés para los partidos que para los ciudadanos.

En lo que atañe a obra pública, es notable el retraso en este rubro, aun cuando había suficientes proyectos que ya estaban avanzados como para terminarlos e iniciar licitaciones, sin detrimento de la eventual elaboración de un ambicioso programa global.

No es que el país no requiera cambios en sus estructuras. Los requiere, y muchos; pero en las democracias, y aun en regímenes semidemocráticos, resulta muy difícil la implantación de reformas estructurales. Por lo tanto, hacer descansar el crecimiento en esas reformas es renunciar a la tarea prioritaria de un gobierno que, se esperaba, aceleraría el crecimiento.

 

¿Hacia dónde?

 

A juzgar por el estado en el que se hallaba el país a finales de 2012, era mucho más urgente un cambio de dirección que reformas estructurales. La razón: aquél impacta mucho más rápido en las expectativas de inversión. Habiendo tantas cosas que corregir sobre lo hecho por los gobiernos de Fox y Calderón, esto era lo indicado. Una vez efectuado el cambio claro de dirección, el apoyo político vendría desde la base ciudadana.

Este cambio aún es necesario y debe dirigirse hacia el crecimiento. En el tiempo que ya ha transcurrido del nuevo gobierno, la restricción monetaria externa se convierte en una fuerte limitante. Por tanto, debe aplicarse un ajuste hacia metas más modestas y puntuales.

Hoy, por ejemplo, ya no parece aconsejable una ambiciosa reforma fiscal con 3 puntos más del PIB de recaudación, debido a su impacto recesivo. Tampoco lo es proponer nuevas entidades y burocracias que van a aumentar los ya de por sí inflados costos del gobierno.

El cambio urgente debe efectuarse en la política económica, con miras a una mayor integración de los recursos internos para elevar la producción. Si los proyectos hacia los que se enfocan las prioridades del gobierno son los correctos, habrá sin duda más empleo y más productividad.

 

* Consultor, analista económico y director de la firma Ecanal (Economic Analysis for Company Planning).