Acerca de Cárceles para “rehabilitar” De Carlos Hiram Culebro Sosa

Señor director:

El artículo Cárceles para “rehabilitar” (Proceso 1920), sobre los “anexos” o “granjas”, contiene datos preocupantes. Sin embargo, estimo que no todas esas instituciones deben ser evaluadas como lo hace el reportaje de Rodrigo Vera.

El crecimiento explosivo de los anexos se ha favorecido por la escasez de organismos públicos que atienden a adictos que ameritan hospitalización y por la reducida capacidad de internamiento de los existentes, lo que ocasiona sobrepoblación.

A la autoridad gubernamental compete vigilar el cabal cumplimiento de la Norma Oficial Mexicana 028, que regula con precisión el funcionamiento de los anexos, los que son catalogados como de ayuda mutua. La legislación establece la obligación de supervisar que cuenten con instalaciones adecuadas.

La permanencia de ciertos individuos en esos lugares –también conocidos como albergues– evita que dañen a la sociedad o a sí mismos, por la patología mental subyacente a su conducta adictiva.

La confusión de suponer que tales establecimientos dependen de Alcohólicos Anónimos (AA) es propiciada por el hecho de que miembros de esta agrupación acuden a dichos espacios, en su propósito de llevar el mensaje a quienes sufren por su adicción a las bebidas embriagantes; por ende, es la filosofía de AA la que impacta en esas granjas, y no la violencia que se da en otras.

A pesar de lo que exhibe Vera, considero que la violación a los derechos humanos de los internos ha disminuido en los centros en cuestión. Es común que quienes desean salir para continuar drogándose aleguen con su familia que reciben tratos crueles.

En cuanto a los decesos, algunos ocurren poco tiempo después del ingreso, por las condiciones de salud de los internos al ser admitidos. De ahí que sea importante mencionar el beneficio de que cuenten con servicio médico.

En cuanto a los padrinos, quienes dicen ser “adictos en proceso de recuperación” y siguen llamándose de esa manera, a pesar de llevar uno o varios años sin ingerir la(s) droga(s) que consumían, el servicio terapéutico que brindan forma parte de su propio proceso de restablecimiento. No considerar esto último y verlos como unos villanos o negociantes, en el mejor de los casos, implica tener un panorama incompleto de aquellos que se convierten en promotores de la abstinencia. En algunos casos logran la rehabilitación del adicto, que persiste con mayor facilidad si el individuo se incorpora a un grupo de AA después de su egreso.

Atentamente

Psicólogo Carlos Hiram Culebro Sosa

 

Respuesta del reportero

 

Señor director:

 

E

n el reportaje Cárceles para “rehabilitar” no se expone el punto de vista del reportero, sino el de algunos peritos en la materia; uno de ellos es el propio presidente de la Central Mexicana de Servicios Generales de Alcohólicos Anónimos, el doctor Ricardo Iván Nanni Alvarado.

En ningún momento los especialistas hacen una condena a todos los “anexos” y “granjas” que están operando en el país. Mencionan, por ejemplo, a las clínicas Oceánica, institución con personal médico profesional e infraestructura adecuada donde también se interna a los alcohólicos pero cuyos costos resultan muy elevados para la mayoría de las familias con un adicto en casa. Refieren que ahí un internado cuesta alrededor de 200 mil pesos.

Incluso, los especialistas son muy precisos al referirse a los grupos que manejan “anexos” y “granjas” donde sí se están dando atropellos a los derechos humanos: Factor X, El rebaño sagrado, Los hijos del caos o Los hijos del capitán Garfio.

Van también a la raíz del problema: la proliferación de esos centros de reclusión –como lo reconoce en su carta el psicólogo Carlos Hiram Culebro– obedece a que el Estado no tiene “ni el personal ni la infraestructura médica” necesarios para atender a los alcohólicos con un “nivel crónico y agudo que requiere hospitalización”.

 

Atentamente

Rodrigo Vera