Desde hace dos años Proceso ha documentado quejas en torno al coordinador de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca, Leonardo Muñoz Romero, quien impone su ley en detrimento de centenares de usuarios de ese complejo. Ahora enfrenta protestas por restricciones en el uso de la alberca que, sostienen los inconformes, tiene agua contaminada lo cual provoca infecciones cutáneas; además se encuentra en pésimas condiciones, al igual que los vestidores, pisos y regaderas.
Las irregularidades en la Coordinación de la Ciudad Deportiva Magdalena Mixhuca, al parecer solapadas por la delegación Iztacalco, hartaron a usuarios de la alberca, quienes decidieron manifestarse el pasado 15 de julio en el palacio de gobierno del Distrito Federal.
La movilización, que fue pacífica y congregó a 80 deportistas, exacerbó las pugnas entre los usuarios y el coordinador administrativo de la Ciudad Deportiva, Leonardo Muñoz Romero, el llamado “rey de los franeleros de Iztacalco”, al grado de que ya desarticuló al equipo de natación.
“Ahora sólo quedamos 10 deportistas de los 40 que originalmente integraban el equipo; el resto ya desertó y el daño que nos han ocasionado es muy grave. La situación cada día está peor para quienes nos inconformamos en la junta que sostuvimos en la jefatura del Distrito Federal”, acusa Laura García, usuaria de las instalaciones.
“Desde entonces a todos los que asistimos nos han hecho la vida imposible, incluso a las personas con capacidades diferentes. Ha habido agresiones físicas contra nosotros. Cada vez con mayor frecuencia no nos permiten nadar o se nos impide el paso a las instalaciones, nos hacen mil cosas. Esta gente está muy dolida por lo que hemos hecho”, revela.
Los usuarios se quejan no sólo de las pésimas condiciones de la alberca, sino de las dificultades que enfrentan para mantener en funcionamiento las deterioradas instalaciones. Incluso ellos mismos se ocupan de la limpieza en los vestidores y sanitarios del lugar, pese a que pagan puntualmente su inscripción y mensualidad.
Cada vez es más difícil hacer deporte en este complejo, comentan los usuarios. También manifiestan sus dudas en torno a la capacitación de sus entrenadores, y señalan que algunos de éstos no están certificados como instructores de natación.
Por ello exigen a las autoridades capitalinas que los maestros muestren sus certificaciones. “De no ser así se estaría cometiendo un delito de usurpación, y tratándose de servidores públicos esto es realmente grave”, advierten.
Desde agosto de 2011 se han realizado numerosos plantones y protestas contra el coordinador administrativo de la Ciudad Deportiva. También hay constancia de cierres de espacios y restricciones en horarios por parte de Operadora de Centros de Espectáculos S.A. de C.V. (Ocesa), que utiliza sin restricciones la concesión otorgada por el gobierno capitalino en marzo de 2003 (Proceso 1839).
En los últimos meses los usuarios de la alberca enfrentan las condiciones impuestas por Muñoz Romero y sus subordinados, entre éstas el incremento de las cuotas. Manifestaron su inconformidad en una misiva dirigida al gobierno capitalino, en la cual señalan las pésimas condiciones del centro acuático: paredes y pisos sucios; agua fría y turbia; infecciones en la piel; descomposturas frecuentes de la caldera; regaderas y vestidores en mal estado, así como impuntualidad en los pagos a profesores. Estos reclamos se incluyen en la carta turnada el 26 de marzo del año en curso a la coordinadora general del deporte en Iztacalco, Esther Vega Gutiérrez, así como al propio jefe del gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera.
Hasta ahora, dicen, no hay respuesta de las autoridades. No obstante “se atreven a subir el costo de la mensualidad, inscripción y estacionamiento. Además, abren convocatorias para el ingreso de nuevos alumnos cuando en realidad saben que ninguna cosa funciona aquí en buenas condiciones”, expone Laura García.
Añade que no hay transparencia en el manejo de las finanzas de la Ciudad Deportiva y puntualiza: “Con nuestras cuotas sería suficiente para el mantenimiento de las instalaciones, sin tomar en cuenta todo lo generado por los conciertos en el Foro Sol, como Vive Latino y las pagos de estacionamiento para tal ocasión, los cuales se realizan en efectivo y pasan directamente a la cuenta de Muñoz Romero, pero al parecer no alcanza ni para regar las áreas verdes”.
Los deportistas inconformes se dicen víctimas de una maquinación urdida por Leonardo Muñoz Romero. Aseguran que la delegada de Iztacalco, Elizabeth Mateos Hernández, aún no responde a sus quejas, pese a que desde el pasado 25 de abril se le informó acerca de las irregularidades prevalecientes en la Ciudad Deportiva.
Certificación a instructores
Las partes en discordia se reunieron el 18 de julio pasado en el edificio del gobierno capitalino. Al encuentro acudió el subdirector de Normatividad del Instituto del Deporte del Distrito Federal (IDDF), Gustavo Contreras.
Y aunque el conflicto todavía no se resuelve, la Contraloría General del Distrito Federal garantizó la continuidad de la investigación; también advirtió que se sancionará al funcionario responsable de cualquier irregularidad. Por su parte, Muñoz Romero prometió hacer “todo lo posible por mejorar”.
Contreras le propuso al coordinador administrativo de la Ciudad Deportiva aplicar un programa de trabajo. “Se trata de no cerrar la alberca”, comenta Contreras a Proceso. Y aclara que el organismo a su cargo evaluará a cada maestro de natación de la Magdalena Mixhuca a fin de otorgarle su certificación.
“Lo de menos será solicitarle a la delegación la certificación de los entrenadores por el riesgo que implica estar en una alberca y por el nivel técnico requerido”, añade Contreras. Dice que en fecha reciente acudió a la Magdalena Mixhuca para recoger expedientes de 27 maestros sujetos a evaluación. Son los mismos, acota, cuya capacidad fue cuestionada por los usuarios. Esos documentos son revisados por el IDDF y la Asociación de Natación del Distrito Federal, a fin “de verificar su autenticidad”.
El funcionario adelanta que revisó el estatus de cada entrenador y “por lo menos 80% reúne el nivel adecuado para impartir clases, máxime que el nivel exigido por la alberca no es tan elevado porque en estos momentos no tiene equipo de alto rendimiento. En la Ciudad Deportiva imparten clases a principiantes y de nivel medio, pero a muy pocos atletas de competencia de nivel; son contados los de nivel deportivo, apenas cuentan con un grupo de 15 muchachos”.
En la reunión realizada con los directivos de la Magdalena Mixhuca, apunta Contreras, se acordó destinar un carril exclusivo para los entrenamientos matutinos de esos jóvenes. También se les cambió de profesor y creo que están cambiando su postura, afirma.
Como servidores públicos, afirma, “tratamos de sumar y darle la respuesta precisa a la ciudadanía. Hace falta mantenimiento de años. Se trata de una instalación vieja y se hace necesario remodelarla en muchas de sus partes, pero cuenta con lo elemental para la atención diaria. En eso sí tienen lo necesario para brindar el servicio”.
En abril pasado, la Coordinación de la Ciudad Deportiva impidió que un grupo de jóvenes deportistas realizara su entrenamiento. De repente les retiró sus becas. La autoridad argumentó: “no podemos regalarles tanto cuando no están dando resultados”. Los afectados tenían derecho a una credencial para ejercitarse cuatro días de dos horas por sesión, a diferencia del resto de los usuarios, quienes cubren una cuota mensual de 141 pesos.
La misma suerte corrieron los adultos mayores, obligados a pagar la mensualidad completa, cuando antes obtenían un descuento de 50%.
“No tenemos agua caliente en la alberca, y además está turbia. Sin razón aparente nos suspenden las clases hasta dos veces por semana. Pagamos la mensualidad puntualmente porque es una norma básica: no se paga, no se entrena. Se supone que ese dinero se utiliza para mantenimiento de las instalaciones, pero éste deja mucho que desear. Nos suspenden las clases porque se descompone la bomba de agua o la caldera deja de funcionar, y la limpieza de la alberca no es óptima. A veces nadamos sobre una natilla verde y no alcanzamos a ver al compañero de al lado”, expone Rocío Torres.
Cleotilde Moreno Sánchez es usuaria de esta alberca desde hace 12 años. Entró cuando el área fue techada y se efectuó una remodelación general. “Cinco años después la cerraron para cambiarle el piso a los baños. Es decir, las instalaciones que son de uso constante tienen seis años con las mismas llaves y regaderas. Al menos cada dos años deberían cambiarlas. De otra manera sufren mucho deterioro. El problema de las instalaciones es que no les han dado el mantenimiento adecuado.
“Anteriormente la alberca tenía mucha demanda. Había gente que llegaba a las cinco de la mañana para apartar su lugar, pero actualmente la población ha disminuido 30%. De las siete de la mañana a la una de la tarde acudimos unas 700 personas de los dos turnos. Además, es normal que los entrenadores de base lleguen a sentarse a la alberca simplemente a vernos. Son los que menos enseñan; los que verdaderamente lo hacen son los profesores sujetos a un contrato anual y que cobran por honorarios”, puntualiza Moreno Sánchez.








