Realidad y sacrificios

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Leonora Carrington (1917-2011) no sólo se dedicó a la pintura, sino también a la escritura, con novelas, cuentos, dramas y su autobiografía. Ahora se dan a conocer nueve historias inéditas que les contaba a sus hijos Pablo y Gabriel Weisz, bajo el título de Leche del sueño (FCE. Col. Los especiales de A la orilla del Viento; México, 2013, 43 p.). Estos cuentos breves fueron escritos en un cuaderno que ilustró con dibujos y guardó durante 20 años Alejandro Jodorowsky, hasta que el psicomago se los entregó a uno de sus hijos y éste decidió publicarlos.

Las narraciones son esbozos o guiones sobre los que se basó la pintora para relatarlos. El libro se presenta en una versión para niños y en edición facsimilar de la libreta original, en donde aparecen textos introductorios de Ignacio Padilla y Gabriel Weisz, así como un epílogo de Jodorowsky. Los cuentos tratan, entre otros, de niños que tenían alas en lugar de orejas; chicos bonitos antipáticos; mujeres monstruosas de seis patas; mocosos que se niegan a comer carne descompuesta, les cortan las cabezas y luego se las pegan con chicle, pero en una mano, el pie o el trasero.

En estos apuntes aparece el espíritu de Leonora Carrington al mostrar una realidad diferente, que va más allá de la simulación, y presentar el rostro duro de los hombres. Exponer la condición humana tal cual es, ayudar a los niños a entender al mundo. Así lo han exhibido los grandes cuentistas infantiles, muy lejos de los enredadores que muestran situaciones y personajes insustanciales.

 

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Bernardo Esquinca (Guadalajara, 1972) dio a conocer en 2005 su primera novela: Belleza roja. Después presentó Los escritores invisibles (2009), en donde hace una sátira del medio literario. Toda la sangre (Almadía. Col. Negra; México, 2013, 360 p.) es la narración que presenta en estas semanas.

La historia tiene como protagonista a Casasola, un periodista cultural forzado a cubrir el caso de un criminal serial que deja los corazones de sus víctimas en sitios prehispánicos. El asesino sigue una lógica inspirada en los códices mexicas, lo que obliga al reportero a consultar libros, así como a entrevistar a arqueólogos para descubrirlo.

En Toda la sangre Esquinca busca entender el papel de los sacrificios prehispánicos en el funcionamiento del cosmos. Sin embargo, aunque incorpora en la narración muchos elementos de la cultura náhuatl, falla en su intención al colocar la anécdota en la época contemporánea. La trama lleva al lector a entenderla a partir de los referentes actuales, y al no disponer del complejo contexto prehispánico se confunde, para llegar a la conclusión común de que las pasadas sociedades eran oscuras y salvajes; aunque invita a acercarse a muchos de los estudios que consultó para escribir la novela.