Señor director:
Muy pronto se cumplirán 48 años del asalto al cuartel de ciudad Madera, Chihuahua, realizado el 23 de septiembre de 1965 por un grupo de guerrilleros inconformes con la situación que prevalecía en la sierra de la entidad, gobernada en ese entonces por un general que se decía exvillista y que al ordenar la sepultara en una fosa común de los ocho civiles caídos en combate orondamente afirmó: “Querían tierras. Denles hasta que se harten”.
Entre los guerrilleros muertos deseo mencionar el caso de Miguel Quiñones Pedroza, un joven maestro de 21 años, egresado de la Escuela Normal Rural de Salaices, Chihuahua, en junio de 1963. Hace algunas semanas, miembros de su generación conmemoraron el cincuentenario de su graduación y recordaron el heroico acto de su compañero de internado.
En el contenido del discurso conmemorativo, el ameritado profesor Vicente Rodríguez Quiroz, condiscípulo y amigo de Quiñones Pedroza, señaló que no es casualidad que muchos egresados de las escuelas normales rurales se hayan confrontado con caciques y explotadores, participando en movimientos sociales y luchas políticas sindicales que los llevaron a sufrir penurias personales y persecuciones que los mantuvieron congelados en sus derechos y aspiraciones, o a perder la vida, como fue el evidente y heroico caso de Miguel Quiñones Pedroza, quien murió abatido en el ataque al cuartel militar de Madera el 23 de septiembre de 1965.
También dijo Rodríguez Quiroz que no sabe si Madera en 1965 o Tlatelolco en 1968, o ambos, fueron el parteaguas que dividió la historia de México en dos etapas muy distintas, ya que después de esos sucesos el país cambió radicalmente, pero no por causa de estos hechos, sino porque en el mundo el bloque socialista se fue derrumbando hasta dejar que el capitalismo se extendiera con una nueva fuerza y una nueva modalidad: el neoliberalismo.
Hace 45 años, en su libro Madera, el profesor José Santos Valdés planteó la necesidad de que el magisterio democrático del país se organizara y levantara un monumento sobre la fosa común que guarda los restos de los caídos en el ataque al cuartel de ciudad Madera. Ojalá que en el próximo aniversario de aquel suceso, lamentable pero heroico y ejemplar, se buscara nombrar un comité que encabece este propósito dignificador, y que al cumplirse, dentro de dos años, el 50 aniversario, pudiera inaugurarse ese reconocimiento, que continúa pendiente en la memoria colectiva de los maestros democráticos del país.
Atentamente
Eusebio Vázquez Navarro
evnpanorama@hotmail.com








