El control asoma la oreja

La carta programática de los canales culturales metropolitanos muestra tanto cambios leves como ratificaciones del pasado, en especial por lo que se refiere a lo informativo. Una a una casi no se notan, pero el conjunto de esas decisiones conforma una línea dura que apunta al control de temáticas, abordajes, personajes y enseguida esa vigilancia deviene censura. Expondremos algunos indicios.

Canal 22 y Canal Once cuentan con una barra de documentales. La de este último, Docs 360, fue cambiada al domingo a las 11 de la noche, con lo cual su público se reduce; además, los asuntos presentados eluden tocar los graves problemas de México. En Canal 22 Visión Periférica continúa igual, aunque de repente saltan algunos títulos que bien podrían ser vistos en los medios comerciales de cable, por ejemplo uno sobre África dirigido por la estrella del pop, Madonna.

En los noticiarios de ambos canales la nota oficialista no falta. En el canal del Politécnico Nacional el informativo creció a una hora, con lo cual hay espacio para insertar mucha propaganda a favor del gobierno peñista. Y justo después comienza una barra de lunes a jueves, en el horario privilegiado en televisión (las 10 de la noche), de mesas redondas que vienen desde hace años y cuya audiencia ha ido disminuyendo conforme la pluralidad de voces se reduce. Esta caída en la sintonía hace muy difícil que después el público vuelva al Once. Según encuestas y estudios de rating, a las 23:00 horas la gente comienza a retirarse de la pantalla chica.

Canal Once y TVUNAM insisten en mantener programas de debate que tienen muy poco público, pues resultan convencionales en su formato, los conductores carecen de buen manejo y carisma, los invitados son siempre los mismos, eludiendo a los críticos y más a los radicales, con lo cual nunca se genera una verdadera discusión. Tal el caso de Observatorio (antes 2012). Canal 22 puso al aire una emisión diseñada para que la gente conozca las distintas posturas de un asunto, animada por conductores que son periodistas y saben su oficio, sólo para arruinarlo semanas después al partirlo en dos segmentos de media hora cada uno y acomodarlos en días diferentes. En 30 minutos no se logra dilucidar un tema y darle espacio suficiente a cada invitado. Y es muy poco probable que la audiencia busque el siguiente fragmento de El observador, pues no se trata de un episodio de telenovela.

Otra coincidencia entre el Once y el 22 es que acepten colocar en su programación propaganda disfrazada a favor de la Sedena con el pretexto del centenario del Ejército, o bien, como se dijo en una nota anterior, a favor de la Secretaría de Seguridad Pública del DF.

Lo que resulta es una parrilla programática elaborada según las necesidades del momento, sin que haya sido planeada con base en el conocimiento de lo que son las audiencias, la competencia y la finalidad de un medio público.­