Una revolución tecnológica ha reacomodado el tablero internacional de la energía: Estados Unidos y Canadá se colocan como potencias en materia de hidrocarburos y desplazan poco a poco al Medio Oriente. Al mismo tiempo el grueso de la demanda mundial muda gradualmente de Norteamérica y Europa a las naciones asiáticas, sobre todo a China e India. México –donde se discutirá una reforma en materia de energía– aparece como un espectador pasivo de esas transformaciones, pese a que le afectarán de manera directa.
En la última década el mapa mundial de la energía cambió. Estados Unidos –tradicionalmente dependiente de petróleo y gas– está cerca de ser autosuficiente en esos recursos e incluso puede convertirse en exportador neto de energía.
Esto tendrá repercusiones geopolíticas: Washington reducirá su dependencia petrolera del conflictivo Medio Oriente y de productores como Venezuela e incluso México.
En ese reacomodo del tablero internacional de energía pierden influencia los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo –entre ellos Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela– y se reposicionan naciones como Canadá y Rusia.
Por otra parte el grueso de la demanda mundial pasa gradualmente de Norteamérica y Europa a las naciones asiáticas, fundamentalmente China e India. En ese contexto México se apresta a discutir una reforma energética.
Nueva era
“Hasta hace unos años todo parecía indicar que el fin de los hidrocarburos estaba a la vista. La transición hacia el fin del petróleo había estado en la conciencia del mundo occidental desde la crisis del petróleo de 1973, que puso en evidencia el enorme riesgo que implicaba la adicción de las economías avanzadas al petróleo y al gas importado”, señala el estudio Nos cambiaron el mapa: México ante la revolución energética del siglo XXI, realizado por la organización civil Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco).
El documento refiere que después, durante la primera década del siglo XXI, “parecía inevitable” la transición de los hidrocarburos –cuyos precios tuvieron un incremento sostenido– a las energías renovables (como la solar y la eólica), cuyas innovaciones tecnológicas las han hecho factibles.
“Sin embargo esa visión ha cambiado profundamente en años recientes. Hoy el mundo vive una segunda era dorada de las energías fósiles. Las reservas probadas de los hidrocarburos se han multiplicado en casi 2.5 veces de 1980 a la fecha. Se ha roto el paradigma del fin de la era del petróleo y nos ha obligado a replantear nuestra perspectiva sobre la oferta de hidrocarburos en las siguientes décadas. Todo parece indicar que los hidrocarburos seguirán teniendo un papel preponderante en la composición de la oferta energética mundial”, sostiene el documento del Imco.
Los expertos coinciden en que este regreso a los hidrocarburos obedece a la revolución tecnológica, la cual permite extraer los recursos fósiles de áreas antes inaccesibles: aguas profundas, arenas bituminosas, formaciones geológicas (lutitas) y otros minerales, como el carbón (gas grisú).
Supercomputadoras capaces de ejecutar billones de operaciones matemáticas por segundo para crear detallados mapas del subsuelo; plataformas petroleras semisumergibles; robots operados desde la superficie del mar, que realizan operaciones a profundidades de varios kilómetros y aun debajo del lecho marino; procesos de perforación capaces de liberar petróleo atrapado en rocas de muy baja permeabilidad, realizando fisuras del diámetro de un cabello, son algunos ejemplos de dichos avances tecnológicos, según el estudio México ante la revolución energética, realizado por expertos del Grupo de Trabajo de Energía del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi).
El nivel actual de las reservas de petróleo en el planeta alcanzaría para 55 años si se mantuviera el ritmo de producción de 2011. El gas natural, 71 años. Pero con los avances tecnológicos, en los próximos años las reservas mundiales aumentarían 340% en gas natural y 350% en petróleo, según el estudio del Imco. Para 2030 –cuando la demanda mundial de energía sea 40% mayor a la actual– más de la mitad del abasto (54.4%) provendrá de los hidrocarburos.
Y en esa revolución tecnológica Estados Unidos y Canadá llevan la delantera.
Canadá ha desarrollado la tecnología para aprovechar el petróleo pesado que se encuentra en las arenas bituminosas. Las reservas mundiales en estos depósitos son de 250 mil millones de barriles, es decir 18% de las reservas totales de crudo en el mundo.
“De esas reservas 71% se ubican en Canadá y el resto en diversos países, entre los que destacan Kazajistán y Rusia”, señala el reporte del Imco. Pero “la importancia de las bituminosas canadienses no se limita exclusivamente a sus reservas. Su producción representa actualmente 2 millones de barriles diarios y se espera que aumenten a 3.6 millones en 2020”, expone.
Y advierte: eso implica que para finales de 2014 Canadá podría convertirse en el principal proveedor de crudo pesado de las refinerías estadunidenses en la costa del Golfo de México, desplazando al petróleo mexicano que actualmente las abastece.
Estados Unidos por su parte ha tenido éxito en la explotación de lutitas (shale, en inglés). Se trata de rocas con escasa permeabilidad que contienen gas o petróleo, los cuales son extraídos mediante un proceso de fraccionamiento hidráulico (fracking); éste consiste en perforar pozos verticales que después giran para volverse horizontales; por conducto de éstos se inyectan descargas eléctricas y líquidos a presión que fisuran las rocas para liberar el hidrocarburo.
El fracking es costoso: como las lutitas están dispersas y tienen tasas aceleradas de declinación –su producción máxima se agota después de tres o cuatro meses– es necesario perforar cientos y a veces miles de pozos para obtener producciones rentables. Además consumen mucha agua y utilizan sustancias químicas que contaminan el medio ambiente.
Pese a ello “la revolución de las lutitas no es una hipótesis. Es una revolución en marcha. Los precios del gas natural en América del Norte son ahora los más bajos del mundo, después de que durante muchos años fueron los más altos”, señala el informe del Comexi.
El reporte del Imco destaca que Dakota del Norte –que hace años no figuraba en el mapa de los hidrocarburos– se convirtió en el segundo estado productor de petróleo de Estados Unidos, sólo después de Texas. “La fortuna de Dakota del Norte es estar en el corazón de la cuenca de lutitas del Bakken, rica en petróleo ligero y otros líquidos. Hoy dicha cuenca produce casi el mismo volumen que el yacimiento Ku-Maloob-Zaap, el mayor activo petrolero de México”, sostiene.
Por su parte el reporte de Comexi señala que la “revolución energética”, si bien nació en América del Norte se expande a otras latitudes: “Sudamérica, África Occidental y recientemente Oriental, el sudeste asiático, el Mar Negro y el Mediterráneo Oriental exploran y explotan hidrocarburos en aguas profundas; Argentina, Colombia, China, Polonia y Hungría avanzan rápidamente en el desarrollo de sus yacimientos de lutitas, mientras Rusia y Noruega se aventuran en el Ártico”.
“Nuevos jugadores, compañías y países adquieren relevancia tanto del lado de la demanda como de la oferta. Naciones tradicionalmente productoras (como las de Medio Oriente) reducen su margen de negociación en regiones que históricamente han sido consumidoras (Estados Unidos, Europa y Japón). Pero serán los países que logren atraer más rápido talento y tecnología a su sector energético, los que generen mayores utilidades –y la mayor renta–de los nuevos hidrocarburos”, dice el informe del Imco.
Si se toman en cuenta los recursos fósiles convencionales y no convencionales, el mapa mundial de la energía ya cambió: América del Norte (Estados Unidos y Canadá) se convierte en la región con mayor potencial energético del planeta, seguido por Rusia y varias naciones de la antigua Unión Soviética, desplazando a un tercer sitio a los países petroleros del Medio Oriente.
Señala el informe del Imco: “Estados Unidos podría convertirse en cinco años en el primer productor mundial de petróleo y en dos años en el primer productor de gas natural. Con ello desplazaría a Arabia Saudita y Rusia como primeros productores de petróleo y gas, respectivamente”.
Precisa que “este resurgimiento de Estados Unidos como superpotencia energética se debe, por un lado, a su producción en campos de lutitas y aguas profundas y, por otro, a su menor demanda energética per cápita. Así las importaciones de petróleo por parte de este país fueron en diciembre de 2012 iguales a las de 1999 y se espera que caigan 64% entre 2011 y 2035”.
Y enfatiza: “La preeminencia de los hidrocarburos provenientes de Norteamérica ya es una realidad. El crudo canadiense y la producción de crudo de lutitas de la cuenca de Bakken han empezado a sustituir el petróleo ligero (el más valioso y caro) que importaba principalmente de Angola y Nigeria para sus refinerías en la costa este”.
Keystone
El informe del Imco expone que la producción de hidrocarburos de Estados Unidos y Canadá ha crecido tanto que se han creado cuellos de botella para transportarla, pese a la red de oleoductos existente entre ambos países.
Comenta que para atender estos problemas ambos países proyectaron en 2011 construir el oleoducto Keystone KL, el cual permitiría transportar el crudo de lutitas de la cuenca de Bakken y el de las bituminosas canadienses hasta las refinerías estadunidenses del Golfo de México y de la costa del Pacífico.
“De construirse esa nueva red, el Golfo de México ya no sería un puerto de importación, sino de exportación de hidrocarburos para mercados con precios más altos, como Europa”, señala.
También permitiría a los canadienses exportar petróleo al mercado asiático, que es el de mayor crecimiento en el mundo y cuyos precios son más altos. Actualmente China, Corea y Japón pagan un sobreprecio al tener como referente los precios del crudo de los Urales (Rusia y Kazajistán). “En este escenario”, pronostica el reporte, “el crudo canadiense podría convertirse en el precio de referencia de la región. Lo anterior afectaría profundamente a los productores existentes, como Rusia y Medio Oriente, que tradicionalmente tenían cautivos a los mercados europeos y asiáticos”.
El estudio advierte que la eventual llegada de crudo canadiense a las refinerías de Estados Unidos –por el oleoducto Keystone XL– “amenaza las exportaciones de petróleo de México, ya que sólo estas refinerías cuentan con la tecnología necesaria para procesar el crudo de nuestro país”.
En su informe los expertos del Comexi destacan un hecho: Debido a que la demanda –antes claramente centrada en Norteamérica, a donde México destina el grueso de sus exportaciones de crudo– está mudando al Pacífico (sobre todo a China e India) y al mismo tiempo Estados Unidos y Canadá tienen superávit en hidrocarburos, México enfrentará un primer reto: encontrar nuevos mercados para sus exportaciones de crudo.
Advierten que no será fácil: “En realidad, exportadores más poderosos que nosotros –como las naciones de Medio Oriente o Venezuela– pueden ofrecer volúmenes de petróleo mucho mayores, dado el reciente declive de producción del yacimiento de Cantarell y nuestra creciente demanda interna de energía”, afirman.
Un dato es sintomático: Entre enero y junio pasados México vendió 148 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, 16% menos que en el mismo periodo del año anterior.
Si México no incrementa significativamente su capacidad para exportar petróleo –lo que sería posible sólo con un aumento en la producción y su incorporación a la revolución energética– “perderá un pilar de su soberanía: el petróleo como herramienta de influencia internacional, ancla de sus finanzas públicas y principal recurso de su política social”, advierte el informe del Comexi.
En virtud del Tratado de Libre Comercio con Canadá y Estados Unidos, México tiene procesos de integración económica con esos países. Pero en materia de energía ha quedado al margen de la revolución que éstos encabezan.
Un hecho lo ilustra: México está en el sexto lugar de países con mayores reservas de lutitas del planeta: 545 billones de pies cúbicos de gas. Pero los mexicanos “sabemos poco de cómo extraerlas, y aunque domináramos la tecnología, la capacidad de ejecución de Pemex no sería suficiente para cubrir las necesidades nacionales”, apuntan los expertos del Comexi.
De cara a la eventual reforma en materia de energía, señalan que ésta debe establecer condiciones para un mercado competitivo y para maximizar la renta petrolera. En caso contrario “México sólo será observador y no actor” del renacimiento industrial de América del Norte derivado de su revolución energética. Con ello el país “habrá perdido la posibilidad real de industrializarse masivamente, de generar empleos y de acceder a amplios recursos fiscales”.








