Lagos-Ciudad Mier: Similitudes ominosas

Académicos de la UdeG sostienen que Lagos de Moreno –donde las desapariciones se dispararon en los últimos meses– se parece cada vez más a Ciudad Mier. Desde 2010, en esta ciudad tamaulipeca la violencia entre cárteles de la droga rebasó a las instituciones y ha provocado el éxodo de casi 80% de la población.

 

La inseguridad y el éxodo ahogan a Lagos de Moreno, que  está en riesgo de transitar por el mismo rumbo que Ciudad Mier, en Tamaulipas, donde el tejido social se rompió por la violencia y los grupos criminales se impusieron a las instituciones civiles, sembrando la ley del miedo, advierten los académicos de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Dante Haro Reyes y Francisco Jiménez Reynoso.

Los dos académicos hablan también del marcado crecimiento de la inseguridad en Lagos de Moreno, donde siete personas desaparecieron la madrugada de 7 de julio. La acción fue atribuida a grupos de la delincuencia organizada.

Según Haro y Jiménez, la violencia en Ciudad Mier provocó el éxodo de 80% de los más de 5 mil habitantes en menos de dos años, hartos de la inseguridad, asesinatos, levantones y extorsiones. La ciudad fronteriza, dicen, apenas está recuperando el nivel de vida que tenía antes de 2010.

Hasta la fecha se desconoce la cifra total de víctimas en Ciudad Mier; menos aún el paradero de los desaparecidos ni cuántos de los “extraviados” estaban involucrados con el hampa, agregan los entrevistados.

Después de los dos años de violencia que se inició en 2011 en esa localidad, “el Ejército inició una investigación sobre el número de desaparecidos en la guerra ­desatada por los cárteles que se prolongó dos años, en una buena parte de Tamaulipas”, asegura Jiménez.

Esa situación le llama la atención a los académicos, sobre todo con el paralelismo con Lagos, donde la madrugada del 7 de julio desaparecieron seis jóvenes y un mesero (Proceso Jalisco 455).

Semejanzas y contrastes

 

El 9 de diciembre de 2010, el periódico El Universal informó, con base en un video subido a Youtube, sobre la forma en que Ciudad Mier –considerado antaño como “pueblo mágico”– se convirtió en municipio fantasma. Hasta el cierre de edición el video había sido consultado por más de 900 mil personas.

Un mes antes, en noviembre de 2010, las autoridades federales implementaron el Operativo Noroeste en Tamaulipas y el Ejército retomó el control mediante retenes y patrullajes.

La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) envió incluso 20 unidades tipo batallón para reconquistar el territorio controlado por los narcos, según ese video. Y para conocer el número de desaparecidos, las tropas levantaron un censo en Ciudad Mier.

Meses después, el 24 de octubre de 2011, los vecinos de esa localidad subieron a internet otros videos. En uno se observa cómo decenas de adolescentes recibieron con aplausos a los elementos del 105 Batallón de Infantería de la Sedena; los lugareños relatan sobre el éxodo iniciado a finales de 2009.

El investigador Dante Haro habla sobre las diferencias y similitudes entre Lagos de Moreno y la ciudad tamaulipeca: “Conocimos a dos personas que eran de esa región (Ciudad Mier) y que estaban estudiando el doctorado en estudios jurídicos en Jalisco. Desde antes de 2010 ellos hablaban ya de la violencia. Para entonces, yo oía con escepticismo lo que platicaban. Pero conforme ese fenómeno se acerca cada vez más a Jalisco –sobre todo con lo que ocurre en Lagos de Moreno–, descubrimos que el asunto es de extremo cuidado”.

Y compara: “Si vemos a Ciudad Mier y Lagos de Moreno descubrimos cosas en las que coinciden y otras divergentes. El número de habitantes, por ejemplo, es muy diferente. Antes del conflicto Ciudad Mier tenía más de 5 mil habitantes, Lagos tiene 150 mil; Ciudad Mier tenía la categoría de ‘pueblo mágico’ antes del pleito entre bandas del narco, Lagos es considerado como patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco desde hace varios años, aunque la delincuencia se incrementa de forma alarmante”.

En ambas localidades los lugareños tiene un enorme arraigo, viven sus tradiciones y rehacen la vida a partir de sus costumbres, por eso les pesa mucho la migración. Ciudad Mier, dice Haro, está enclavada en una zona que se disputan Los Zetas y el Cártel del Golfo; lo mismo sucede hoy en Lagos, aunque en menor escala.

Tanto él como su compañero de la UdeG consideran que ninguna de las dos bandas criminales tiene el control en Lagos, donde también inciden otras organizaciones delictivas.

“En Mier –destaca Haro–, se desvaneció el respeto al estado de derecho. El ayuntamiento y la autoridad dejaron de cumplir con su función y los integrantes del crimen organizado tomaron la plaza. Los delincuentes se convirtieron en la ley y en el orden. Se hicieron cargo del poder y del control del municipio.

Por fortuna en Lagos de Moreno eso todavía no sucede, pero es obvio que estamos en una ruta del camino de la descomposición, y agrega: “Por eso urgen estrategias claras para cambiar la evolución de ascenso del crimen organizado”.

 

Poder doblegado

 

En el caso de Ciudad Mier, las autoridades municipales fueron rebasadas o cooptadas por los delincuentes. Cada cambio de administración los nuevos alcaldes y jefes de la policía no entendía la situación y optaban por “dejar hacer y dejar pasar”, insiste Dante Haro.

E insiste: “Bajo el imperio del estado de derecho, lo imperativo es el respeto a la legalidad, pero cuando ese esquema se quebranta por la presión del hampa y truena el respeto a los derechos humanos, comienzan las extorsiones, los secuestros, el cobro por derecho de piso, los levantones. En suma, se instaura la ley del miedo”.

Y como es el crimen organizado el que impone la ley, si no estás con ellos, entonces estás en contra de ellos, comenta el investigador. De ahí que quienes tienen recursos optan por huir hacia Estados Unidos; eso se conoce como “migración dorada”. Sólo se quedan los que no tienen dinero; ellos son quienes sufren los embates de la delincuencia.

Eso se está viendo en Tamaulipas y en Jalisco. En Lagos ya se sabe de una fuga masiva de familias que prefieren dejar sus casas, de líderes de opinión que prefieren callarse por el temor a la represalia, apunta Haro.

Por desgracia, las instituciones y la sociedad no aprenden de ejemplos ajenos; la única forma de entender lo que pasa es a través de la vivencia. “Estamos en focos rojos y esto que pasa en Lagos de Moreno nos debe obligar a encender la atención y reconocer que hay un fracaso en el diseño de políticas públicas que tiene como origen el aumento de la pobreza, la falta de oportunidades de desarrollo social y las pocas posibilidades de educación para los jóvenes”, sostiene.

Jiménez Reynoso expone a su vez: conforme el Ejército presiona y el combate a los delincuentes se recrudece, Jalisco vive el efecto “cucaracha”: los delincuentes “huyen de los lugares donde se sienten amenazados y buscan refugiarse en zonas donde pueden operar” y hacer sus tropelías.

“Debe evitarse que suceda lo que ya pasó en varios municipios de Tamaulipas o en Ciudad Mier, el problema de los desaparecidos de Lagos de Moreno y el aumento de la inseguridad es un tema que debe enfrentarse con toda la fuerza del Estado”, advierte.

Juan Manuel Estrada, representante de la organización civil FIND, dedicada a localizar la desaparición de niños en Jalisco, asegura que durante las tres administraciones panistas, las autoridades dejaron crecer esa problemática, pues ignoraron los llamados de la población en las diversas regiones de la entidad.

“El problema de los desaparecidos en Jalisco siempre ha sido grave, pero nunca se le ha puesto el interés debido. Hoy –dice–, por primera vez logramos que la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ) dictara medidas cautelares para que ningún desaparecido en la entidad fuera considerado como un delincuente.

“El primer caso que se atiende de esa manera es el de dos chamacos que fueron vistos por última vez en la Plaza Ciudadela y después aparecieron muertos en un predio de La Primavera. Al principio fueron criminalizados (por las autoridades)”, dice Estrada.

Los desaparecidos, tema prioritario

 

Las autoridades deben atender las desapariciones pues son un asunto de lesa humanidad, destaca el representante de FIND, sobre todo ante la situación de Lagos de Moreno:

“En FIND tenemos dos 18 casos, incluidos los de los dos jóvenes del Arenal. Ambos son empleados del ayuntamiento y sus familiares no quisieron presentar ninguna denuncia. Si nos vamos a otras poblaciones de la entidad, hay mucha gente que no denuncia por miedo o por desconfianza a la autoridad. Creo que la gente debe denunciar, hay poblaciones en Michoacán en donde los habitantes nos han puesto el ejemplo de cómo defenderse.”

En las últimas tres semanas, según cifras extraoficiales, en Lagos hubo 30 desaparecidos, aunque la autoridad sólo reconoce a los seis jóvenes “extraviados” la madrugada del 7 de julio.

Armando Espinoza, padre de uno de los adolescentes se queja por la falta de solidaridad  de la comunidad laguense. Y menciona la manifestación del pasado 24 de julio, que se realizó justo durante la cabalgata anual de los caballos de la Casa Domecq, en vísperas de la Feria de Lagos:

“En Lagos le están dando prioridad a la feria, el interés monetario es más importante que el interés de nosotros. La verdad, hay falta de solidaridad. La gente nos ve manifestarnos y marchar, pero nosotros no queremos que nos vean; lo que buscamos es que se nos unan a nuestra petición, porque hoy fueron nuestros muchachos, pero es probable que eso mismo les ocurra a cualquiera de ellos.”

Al igual que los padres de los otros jóvenes desaparecidos, Armando demanda la atención de las autoridades estatales. El 29 de julio, dicen, los atendió el fiscal Luis Carlos Nájera, quien les informó sobre los avances de las investigaciones, incluso les enseñó algunos artículos asegurados en una finca cercana a la población de Comanja de Corona.

“Nos mostraron ropa, pero yo no encontré nada de mi hijo, la mamá de Gerardo encontró un cinto, unos tenis y la cartera que, dicen, sí corresponde a su hijo, vemos que la fiscalía está trabajando y no nos queda más que esperar”, comenta Armando.

Él y sus compañeros reconocen el apoyo de la Iglesia católica, aun cuando su grey ha sufrido los ataques del crimen organizado en la región. Algunos de laguenses recuerdan que en noviembre de 2011 el padre Porfirio Galindo, encargado de la parroquia en Ciénega de Mata, fue plagiado junto con Jorge Dueñas, un joven que lo acompañaba. Galindo fue liberado horas después, pero el joven aún no aparece.

La violencia también amedrenta a varios líderes de opinión en Lagos, quienes prefieren no hablar de lo que ocurre en el municipio por temor a algún tipo de represalia.