El sábado 29 de junio llegaron a La Guadalupana, en Ajijic, autobuses y coches repletos de jóvenes. Cerca de 3 mil de ellos pagaron 380 pesos por cabeza para entrar al Festival Tribu, una fiesta de música electrónica que fue elevándose en muchos sentidos desde la puesta de sol hasta que alcanzó su máximo fragor de 5 a 6 de la madrugada, y así continuó hasta el mediodía del domingo. A los desvelados habitantes de la otrora tranquila ribera del Lago de Chapala, el alcalde panista les dijo que él había autorizado sólo un festival artístico y que atrás de ese negocio había gente muy poderosa con la que no podía meterse.
En Chapala, el crimen organizado ya se coló hasta las fiestas rave en la ribera del Lago de Chapala, reconoció el presidente municipal, Joaquín Huerta Barrios, en una audiencia privada cuando un grupo de personas de Ajijic fueron a protestar el 8 de julio porque un festival de música electrónica privó del sueño a la mayor parte de la población desde la noche del 29 de junio hasta el día siguiente a las tres de la tarde.
“Nos dijo: ‘Muchachos, entiéndanme, yo tengo familia y tengo hijos, no puedo decirlo abiertamente’. Pero si encima de eso la autoridad nos dice que está rebasada, que está maniatada y pide la colaboración de la ciudadanía y de la prensa para que haya un frente común… Nos dijo con todas sus letras: ‘…Pero por favor no lo publiquen: es el crimen organizado’”, narra uno de los inconformes.
La fiesta, avalada por la alcaldía, molestó especialmente a la comunidad de residentes extranjeros porque son los que más contribuyen con impuestos pero no se consideran retribuidos con servicios de buena calidad.
Medios como el Guadalajara Reporter informaron sobre la protesta en el Palacio Municipal, adonde acudieron algunos inmigrantes y gente oriunda del estado para expresar su rechazo a ese tipo de eventos, llevaban pancartas que decían: “Ajijic merece respeto”.
Según el rotativo, los manifestantes tenían la intención de inundar el Palacio Municipal con la música que los mantuvo en vela, pero después optaron por hacer oír un tambor y quemar incienso de copal para purificar el espíritu. A su vez, el delegado Héctor España leyó un comunicado haciendo énfasis en la enorme cantidad de quejas que recibió en el transcurso de la noche en cuestión.
Los inconformes aseguran que el alcalde panista Huerta Barrios asumió la responsabilidad de la fiesta que reunió a unos 3 mil jóvenes procedentes de diversas zonas de Jalisco y aun de otros estados, pero en una audiencia privada les dijo que había gente con mucho poder detrás del evento y nada podía hacer él.
Momentos antes Huerta Barrios se disculpó públicamente y reconoció que autorizó la fiesta. Argumentó que no le informaron que se trataba de un rave, sino de un “maratón artístico-cultural”. Al mismo tiempo suscribió un oficio en el cual se compromete a que durante su administración no habrá más festejos de ese tipo.
Los lugareños resaltan que el ayuntamiento de Chapala nunca expidió el permiso necesario para realizar el concierto de música electrónica, sino que giró una simple notificación por medio del director del Comité Municipal del Deporte (Comude), Jesús D. Hernández Dávila, al encargado del campo de futbol Tecoluta para que cediera las instalaciones y suspendiera los partidos del día siguiente.
La indignación de los pobladores creció cuando Huerta Barrios les comentó que el municipio cobró a los organizadores 10 mil pesos, más una contribución de 3 mil pesos para que la policía municipal custodiara el lugar y una donación de mil al vigilante del campo para la reparación de los daños. Calculan que, dado el precio de 380 pesos por boleto, si asistieron 3 mil jóvenes la ganancia fue de 1 millón 140 mil pesos, sin contar la venta de alcohol y estupefacientes.
Vecinos del campo de futbol relatan que alrededor de las 22:00 horas del 29 de junio comenzaron a llegar autobuses repletos de chavos de entre 15 y 20 años y algunos de éstos gritaban desde que se bajaron de los vehículos. Denuncian que durante la madrugada hubo destrozos a medidores de energía eléctrica y robos a casas.
Según los pobladores, hubo jóvenes que entraron hasta las alcobas y salas mientras las familias veían la tele o cenaban. Enfatizaron la ausencia de vigilancia policiaca pese a que el alcalde admitió que habían recibido 3 mil pesos para resguardar la seguridad. Pero a final de cuentas los organizadores no permitieron que los uniformados se acercaran porque llevaron guardias privados. Detallan que éstos portaban armas largas y cortas y adoptaron una actitud amenazante, por lo que nadie se atrevió a interrumpir el rave.
Durante la noche el volumen de la música cubrió a la mayor parte del poblado y llegó hasta el malecón. Los feligreses que acudieron a misa en la mañana del domingo 30 de junio salieron molestos porque el ruido no les permitió escuchar el sermón.
Fue hasta ese domingo, alrededor de las 15 horas, cuando un grupo de residentes extranjeros, acompañados de policías municipales, acudieron al campo de futbol y exigieron que cesara el escándalo. Los testigos indican que para entonces el campo deportivo ya mostraba daños y los sanitarios estaban destrozados.
Señalan que muchachos del municipio comentaron que había residuos de cocaína y se disponían a recolectarlos. En todo caso, encontraron esparcidas en el suelo jeringas, cajetillas de cigarros, latas de cerveza y botellas de alcohol.
Agregan que los extranjeros que protestaron en el Palacio Municipal están considerando negarse a pagar sus impuestos porque si bien Ajijic es la delegación que más contribuye, esto no se refleja en los servicios.
Ofendidos
La confesión de Huerta Barrios en la audiencia privada resucitó en los pobladores el terror que vivieron en mayo del año pasado, cuando la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Jalisco (PGJ) encontró sobre la carretera Chapala-Guadalajara 18 cadáveres desmembrados, en su mayoría pertenecientes a lugareños de Chapala, Ajijic y Jocotepec, que fueron levantados por supuestos sicarios del cártel del Milenio (Proceso Jalisco 392).
Tras aquel hallazgo se intensificó la vigilancia y el Ejército comenzó a patrullar la ribera del Lago de Chapala. A su vez, la gente del lugar se autoimpuso un toque de queda a las seis de la tarde.
“De pronto llegó el terror aquí”, comenta al respecto uno de los pobladores inconformes con el rave.
Otros vecinos observan que durante la gestión del presidente municipal Jesús Cabrera Jiménez (2010-2012) se incrementó la violencia en la ribera. Precisan que el anterior director de Seguridad Pública, Reynold Contreras Muñoz, está ahora al frente de la corporación policiaca de Lagos de Moreno, donde el pasado 6 de julio desaparecieron seis jóvenes de entre 18 y 22 años.
En enero de 2011 se difundió en los medios que el domicilio de Contreras Muñoz fue atacado con una granada de fragmentación que dañó la fachada y una motocicleta negra sin placas guardada en la cochera.
De acuerdo con los testimonios locales, es la primera vez que se realiza una fiesta así en Ajijic. Mucha gente opina que se trató de una ofensa al pueblo, acostumbrado a la tranquilidad o, cuanto más, a las verbenas populares. Para colmo, el rave se llevó a cabo en La Guadalupana, habitada sobre todo por adultos mayores.
Según los inconformes, los organizadores pretendían hacer un segundo festival el 28 de julio, pero las crecientes voces de reclamo impidieron que se llevara a cabo.
Mea culpa
Entrevistado por este semanario, el presidente municipal Huerta Barrios admite que él dio la autorización para el rave tras entrevistarse con unos jóvenes y un adulto que vinieron de Guadalajara. Dice que no recuerda sus nombres y que no representan a una compañía de entretenimiento, pero lo persuadieron de apoyar “un evento artístico–cultural” y él les allanó el camino omitiendo los trámites que se requieren normalmente para obtener un permiso, incluyendo el dictamen conjunto de las direcciones de Cultura, Turismo y Padrón, y Licencias.
“No iba a ser un evento grande en teoría, por eso no pedimos mucha información ni pedimos nada. No fue una empresa, fueron jóvenes nada más”, afirma.
Y señala que fue hasta el domingo 30 en la mañana cuando se enteró de las numerosas quejas por el ruido y de que fue en realidad un rave en el que abundó el alcohol y las drogas. Dice que el concierto estaba pactado para iniciar el 29 de junio a las 6 de la tarde y terminar a las 3 de la madrugada, pero como no terminaba a la hora acordada un grupo de policías municipales fueron a Tecoluta a ver qué ocurría.
“Vieron que los jóvenes, pues como todos, ingiriendo alcohol y yo creo que un poco más allá. Es decir, hubo droga y se convirtió en otra situación. Pero por cuestiones de seguridad no quisimos parar el evento, no a la fuerza, sino socializarlo y decirles ‘está bien, se pidió este horario’. El evento finalmente terminó a las 3 de la tarde del domingo, entonces fue como un rave”, dice el alcalde panista.
Al planteársele que los vecinos inconformes declararon a este semanario que el funcionario les confesó en audiencia privada que el crimen organizado estaba detrás del rave y nada podía hacer, Huerta Barrios titubea un poco, pero es muy cuidadoso en su respuesta. No niega que lo haya dicho:
“Hay cosas que por honestidad, por seguridad mía y de mi familia, espero me comprendas. Tú también eres periodista… No quisiera meterme, espero me comprendas.”
Y vuelve a su primer argumento: “En esta fiesta yo no le vi ningún matiz. Con sentido común, no le vi jiribilla, no le vi daño y me lo manejaron con otros horarios”.
En cambio, dice, donde sí percibió “otros matices” fue en un rave que se hizo semanas antes en El Perico, en la Ribera del Pilar, de la localidad de Chapala. Eso también lo expuso a los inconformes en la mencionada audiencia privada: “Sacamos el saldo blanco, yo creo que a pesar de los pesares fue un logro. A la próxima, debemos tener estrategias e irlas desarrollando”.
En contra de lo que afirman los pobladores entrevistados, Huerta Barrios afirma que su relación con la comunidad de residentes extranjeros es inmejorable y que el 4 de julio celebró en la American Legion la independencia: “Tengo un contacto muy cerrado con los ciudadanos extranjeros, me jacto por ellos y ellos se jactan conmigo porque dicen que ningún presidente habían estado tan cerca con ellos”.
Consultado aparte, el delegado de Ajijic, Héctor España, admite que entre las cinco y seis de la madrugada cuando despuntaba el domingo comenzó a recibir numerosas llamadas y al amanecer decenas de personas ya lo esperaban en sus oficinas para reclamarle personalmente. Sin embargo, aclara que el permiso salió de la presidencia municipal porque los delegados no tienen facultad de otorgarlo.
Desde su punto de vista fue un error permitir un rave en la zona porque un gran porcentaje de la población es adulta y Ajijic tiene la comunidad de extranjeros más grande del país. Según el consulado de Estados Unidos en Guadalajara, en la ribera de Chapala viven unos 20 mil extranjeros, la mitad de ellos sus compatriotas, y el resto canadienses o europeos.
“Ellos escogieron este pueblo para descansar. Hubo quejas de hoteles en los cuales los clientes al siguiente día exigían el reembolso porque vinieron a descansar y no lo consiguieron. A las dos de la tarde yo tenía reportes de cinco personas que cayeron con crisis nerviosa en la clínica municipal. Perdí la cuenta de las llamadas y las cartas por debajo de la puerta de mi oficina. No es el turismo que deseamos. No hubo una derrama económica”, apunta España.
Dice que tampoco él conoce a los organizadores, pero indica que la realización del evento requería por lo menos del aval de la Dirección de Inspección y Reglamentos. Justifica que él no se presentó en el campo de futbol porque son otras las dependencias facultadas para regular espectáculos de esa naturaleza y comenta que desconoce si los asistentes consumieron drogas, como afirman los vecinos.
Aunque el presidente municipal y el delegado de Ajijic señalan que no conocen a los organizadores, el Guadalajara Reporter consigna en su edición del 5 de julio que el rave se llamó Festival Tribu y que fue ampliamente difundido en las redes sociales desde febrero por un equipo de promoción llamado Luna de Cristal. Añade que el lugar de la fiesta no fue revelado sino dos días antes de llevarse a cabo.
El rotativo señala que los ravers llegaron en autobuses chárter y coches privados.








