En enero pasado, el investigador Iván Franco advirtió en entrevista con este semanario (Proceso 1890) que con el retorno de Rafael Tovar y de Teresa a la presidencia del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) volvió el “equipo cultural salinista”. Y con ello el fortalecimiento de ese organismo y la “continuación del espíritu mercantil y del neoclientelismo”.
Ahora, a decir del antropólogo y doctor en ciencia política, con el regreso de María Teresa Franco a la dirección del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el equipo se completa, pese a todos los cuestionamientos que hubo durante sus primeros ocho años (1992 a 2000) al frente del instituto.
La lectura que la comunidad del INAH y los medios de comunicación dieron al relevo de Teresa Franco por Sergio Raúl Arroyo es que la funcionaria llega a destrabar proyectos –como el teleférico de Puebla o el Museo del Cacao en Chichén Itzá– cancelados por el etnólogo, quien quiso defender y reordenar la institución luego de la mala administración de Alfonso de Maria y Campos.
En ello coincide Iván Franco, investigador del Centro INAH-Yucatán, “por el perfil” de la funcionaria y por los antecedentes mostrados en su primera etapa, cuando fue presidente Carlos Salinas de Gortari:
“Parece vigente el interés del gobierno federal de mantener una política de apertura mercantil de las zonas arqueológicas y de algunos centros históricos. Inclusive la posibilidad más directa de cambiarle la esencia al Instituto.”
En ese sentido recuerda que cuando el senador panista Mauricio Fernández Garza presentó su iniciativa de Ley de Patrimonio, en 1999, afirmó que el INAH debería abrirse a la iniciativa privada porque “así como está no nos sirve”. La intención, dice, era permitir proyectos turísticos y comerciales, y Teresa Franco “suscribe esos principios”. El proyecto no pasó porque hubo mucha crítica de académicos, legisladores y ciudadanos en general.
Sin embargo, con el regreso de la funcionaria, percibe que se retomará la intención de fortalecer al Conaculta en detrimento de los institutos INAH y Nacional de Bellas Artes (INBA), no obstante lo afirmado por Tovar y de Teresa en entrevista con este semanario en diciembre pasado, en el sentido de que fortalecería los institutos porque son los brazos “armados” del Conaculta.
Justo el día en el cual el INAH, todavía con Arroyo como titular, canceló las obras del teleférico, Tovar suscribió un convenio de colaboración con Rafael Moreno Valle, gobernador de Puebla, para respaldar sus proyectos culturales, como informó la agencia apro. Al respecto dice Iván Franco:
“Hay un doble discurso. Hay una lógica y no les cae el veinte a estos neoliberales: no se puede fortalecer al mismo tiempo al INAH y al Conaculta así como está concebido y como funciona. Si fortaleces al Consejo, en realidad estás debilitando al instituto y al INBA… Los tres son instituciones muy grandes, requieren de muchísimo presupuesto y no pueden estarse jalando y descobijándose unas a otras.
“Es un problema que creó el propio Estado mexicano y no sabe qué hacer. Puedo decir que la partida la va a ganar el Conaculta en el momento en que desaparezcan al INAH y al INBA; o al revés, cuando desaparezca el monstruo del Conaculta o lo conviertan en algo que no se meta para nada en la cuestión del patrimonio.”
Sin embargo, interpreta el reemplazo de Arroyo por Teresa Franco como un mensaje de que el Conaculta no desaparecerá y de que la política cultural será de choque con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos y la Ley General de Bienes Nacionales. Es también un mensaje a los grupos que impulsan proyectos como los arriba mencionados, de que el INAH no será problema.
Iván Franco recuerda que Arroyo se comprometió a fortalecer el área de investigación, incluso ofreció pelear por 150 plazas en esa área. Ahora no se sabe qué pasará, “todo está en la incertidumbre”, y juzga como un error la designación.
Incluso opina que al poner en la balanza las cuestionadas administraciones de Franco y de Alfonso de Maria sólo hay dos calificativos: el malo y el pésimo, pues fue ella quien comenzó a decantar como una política pública para el patrimonio cultural la mercantilización y autorizó las primeras plazas comerciales en zonas arqueológicas (Plaza Jaguares en Teotihuacán).
De Maria fue más allá al permitir la modificación del contexto de una zona arqueológica-histórica, como fue el caso de los fuertes de Loreto y Guadalupe en Puebla. Ahora comienza a conocerse que en algunos casos, entre ellos el Museo del Cacao, el ahora director del Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores dio autorizaciones verbales sin apego a la ley ni a la normatividad del INAH:
“Ciertamente, las autorizaciones verbales se convirtieron en una moda con De Maria. Fue una forma de actuar prácticamente a todos los niveles, lo estamos detectando en acciones que hablan de una desregulación, de no hacer caso a la legislación, no apegarse a las mínimas normas técnicas para liberar un predio, hacer un salvamento, etcétera. Es terrible.”
Pero no considera que Franco haya sido mejor. Piensa más bien que la cobertura fue más amplia en el caso de De Maria porque, además, durante la gestión de Teresa Franco no había internet, entonces muchas polémicas se quedaron sólo en el Distrito Federal.
Aunque al ser cuestionado por los medios sobre las razones del cese de Arroyo, Tovar y de Teresa respondió simplemente que “así son los relevos en la administración pública” y que en realidad compartía con el etnólogo y con Teresa Franco “una visión común del patrimonio cultural”, y consideró necesario “actualizar muchos criterios de un país que cambió en 12 años”.
Lo cierto es que en la prensa se ha percibido que el cese de Arroyo fue por la cancelación de proyectos como el teleférico y el Museo del Cacao.
“Y tienen toda la razón”, dice convencido el doctor Franco. Calcula que como este espacio se construye literalmente dentro de la zona de monumentos de Chichén Itzá, a la cual al año visitan un millón 200 mil personas, bastará con que 5% de esa afluencia pague un mínimo por ingresar al museo para que en un año recuperen su inversión y al siguiente será “una empresa muy boyante”.
Además de que ese museo hace una “folclorización” de la tradición del chocolate, con poca investigación y sensibilización “en términos de entender la cultura”, es claro que al instalarse en la zona arqueológica “está violentando la legislación en la materia, tanto internacional como nacional, así de sencillo”.
El investigador puntualiza que, más allá de proyectos específicos como el del teleférico o el museo, con la llegada de Franco se perfila una línea de política cultural para el patrimonio y el instituto. Cuando Franco estuvo por primera vez al frente del INAH se intentó impulsar el proyecto de ley de Fernández Garza, y ahora –advierte– habrá que estar pendientes de las cámaras legislativas pues podrían resurgir este tipo de proyectos o “una primita de la Ley Bermúdez”. (AP)








