Devaluadores de la cultura

Cuando ya transcurre el segundo semestre del año, la administración de las musas en Jalisco acusa una sensible baja en casi todos los frentes, lo que contrasta con el discurso optimista de las “nuevas” autoridades estatales, municipales y universitarias del ramo, cuya especialidad no parece ser otra que la de echar rollo a destajo. Paradójicamente, la mayoría de esos nuevos mandos son viejos conocidos y quienes sólo pasaron de un cargo a otro –y no precisamente por sus méritos– o fueron ratificados en la misma dependencia donde ya hicieron huesos viejos, como sería el caso de Igor Lozada, de quien podría decirse que es el Fidel Velázquez de ese membrete llamado Cultura-UdeG, cuyas funciones reales no van mucho más allá de ser la caja chica de los proyectos, empresas, antojos, caprichos y extravagancias “culturales” del exrector Raúl Padilla, el mandamás de la universidad pública de Jalisco.

En el ámbito estatal y municipal, la promoción de las manifestaciones artísticas e intelectuales no ha corrido con mejor suerte luego del cambio de autoridades, donde prevaleció el reciclaje de mandos. Así, por ejemplo, quien fungía con más pena que gloria como titular de la rimbombante Secretaría de Cultura de Guadalajara (SCG), Myriam Vachez, se cayó para arriba y ahora está en la primera oficina de la Secretaría de Cultura de Jalisco (SCJ) y quien, no obstante que ya va para cinco meses en el cargo, tanto ella como sus colaboradores no han hecho más que echar choro a la menor provocación.

Otro buen ejemplo de reciclaje es Ricardo Duarte, que de administrador municipal de las musas tonaltecas –y antes de museos y galerías adscritos a Guadalajara, Zapopan y la UdeG– desde  octubre del año pasado es el titular de Cultura en el municipio tapatío. Por lo que hace a Zapopan, el alcalde puso al frente del Instituto de Cultura del municipio a Gabriela Serrano, que profesionalmente se había dedicado a las relaciones públicas.

Los tres funcionarios mencionados, sin embargo, tienen algo en común: son tributarios cautivos de Raúl Padilla en la medida en que entregan, sin chistar, una parte de su menguado presupuesto institucional a varios de los proyectos “culturales” que regentea el inefable exrector de la UdeG; tributarios hasta para las ocurrencias más descocadas como sería el caso de la Feria del Libro en Español, que extralógicamente la Universidad de Guadalajara organiza en Los Ángeles, California, donde ahora se despilfarra alegremente también el dinero de los tapatíos, de los zapopanos, de los integrantes de la comunidad udegeísta y de los jalisciense en general.

Todas las dependencias antes mencionadas subsidian, igualmente a fondo perdido, la Feria Internacional del Libro (FIL). Las secretarías de Cultura de Jalisco y la ídem del ayuntamiento de Guadalajara, además, son patrocinadoras del Premio FIL de Literatura, que el año pasado se le entregó al célebre plagiario Alfredo Bryce Echenique, quien con todo el cinismo del mundo recibió en su domicilio de Lima, Perú, un cheque por 150 mil dólares, cortesía –involuntaria, por supuesto– de los contribuyentes de nuestro estado y del país. Aparte, Zapopan y Guadalajara son patrocinadores de otra empresa “cultural” padillista: el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, a cuya organización el ayuntamiento tapatío habrá de entregar este año, a través de la SCG, más de 5 millones de pesos ($5 millones 250 mil para ser exactos), lo que significa que si el gobierno tapatío destina anualmente 17 millones a la cultura (La Jornada Jalisco, 11 de julio) entonces la tercera parte de ese monto está yendo a parar limpiamente a esa especie de Hollywood totonaca que, desde 1986, organiza y subsidia la UdeG para complacer al caudillo de las musas de la comarca (¿eres tú, Raúl?).

Pero la mata ha seguido dando también en otras ramas. Tal es el caso de Papirolas, empresa creada igualmente por el padillismo y pagada, para variar, con fondos públicos. Así por ejemplo, la Secretaría de Educación Jalisco, dependencia del gobierno estatal, figura desde hace muchos años en la lista de “paganos” de este presunto “festival cultural infantil”.

Y por lo que hace al llamado Centro Cultural Universitario, el sueño más acariciado del referido exrector Padilla –y en proceso de hechura desde hace ya varios años–, no se debe olvidar que los edificios de ese faraónico conjunto se han venido construyendo con recursos del gobierno federal y también del estatal, así como del ayuntamiento de Zapopan y, por supuesto, de la UdeG.

Lo anterior significa, entre otras cosas, que desde hace años la mayor parte del presupuesto oficial destinado a la promoción de la cultura en Jalisco es manejada, directa o indirectamente, por el cacique mayor de la UdeG, a quien los otros funcionarios del ramo cultural de todos los niveles de gobierno, así como los jefes de éstos, temen o caravanean, o ambas cosas a la vez. Por su parte, el presunto Pericles de la comarca se ha afanado en ganarse la voluntad de buena parte de la comunidad artística e intelectual del país –tan propensa ella a los masajes al ego–, a la que se ha esmerado en halagar de muchas maneras, pero en todos los casos con el dinero de los contribuyentes.

Por acción u omisión, todos los funcionarios antes mencionados se cuentan entre los devaluadores de la promoción cultural en Jalisco, en la cual fácilmente se da gato por liebre y donde en el buen nombre de la cultura se cometen con el mayor descaro todo tipo de timos y abusos, y donde la capacidad de empeoramiento parece no tener límites.

Por ejemplo, en el manejo del Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRT), que engloba a los que teóricamente y según la ley deberían ser la radio y la televisión culturales del estado, tienen mucha más injerencia las oficinas de propaganda del gobierno de Jalisco que la Secretaría de Cultura, a la que oficialmente está inscrito el SJRT. Y si alguien lo duda, que vea cómo para dicho sistema fue nombrado director no una persona de la comarca, elegida por su competencia y por  estar identificada con la promoción de la cultura, sino un fuereño que alguien parece haberle recomendado al gobernador Aristóteles Sandoval como “especialista”, con título parisino, en “imagen política” –así se lo presumió el funcionario de marras a un subalterno suyo–, función que en efecto el señor Sergio Ramírez Robles cumplió anteriormente como vocero de políticos y funcionarios priistas en Puebla.

En la SCJ, la cancha de la madame Vachez, se han llevado casi un semestre en rizar el rizo, en rascarse el ombligo, en decir lo que piensan hacer y en una dizque “reingeniería” del organigrama institucional, que dio por resultado la multiplicación de cargos (¡éramos pocos y parió la abuela!), aun cuando muchos de ellos hayan sido devaluados, pues la mayoría de las direcciones de artes fueron convertidas en “coordinaciones”.

Otro chahuistle de la temporada es la ramplonería, que rápidamente ha cundido por todas partes, incluidos los programas de mano de la Orquesta Filarmónica de Jalisco –que sigue sin director titular–, donde, una semana sí y otra también, se pueden leer en mayúsculas y negritas mensajes de este tipo: “Sociedad y gobierno por el fortalecimiento del tejido social por medio de la música clásica”. Y como para no quedarse atrás en cursiladas, una funcionaria de la SCG habla de la “necesidad de vincular” a los “creadores artísticos” de la comarca para que “generen actividades que tengan que ver con la cohesión social y con el concepto de Cultura de Paz” (El Informador, 16 de julio). ¡Órale!