Señor director:
Mucho le agradeceré difundir los siguientes comentarios relacionados con el artículo de Rodrigo Vera titulado La contrarreforma de Peña Nieto (Proceso 1912).
Se plantea allí el papel de la gran burguesía, el alto clero y el gobierno prianista que encabeza Peña Nieto en contra de México, porque con las actuales contrarreformas se legaliza la entrega de la economía a las trasnacionales y al Vaticano.
A mi juicio, de no frenarse esta política reaccionaria volverá a surgir la lucha por el reparto de las ganancias capitalistas y el control del Estado, como en el pasado aconteció con los conservadores y liberales, fuerzas políticas que hoy están claramente identificadas como “derecha e izquierda”. Sin embargo, la lucha que hoy se presenta puede ser transformada en acción revolucionaria del proletariado.
Justamente la actual clase explotadora y su gobierno clerical intentan borrar la historia para que el pueblo olvide el pasado, pero más bien se hace presente, porque se recuerda la invasión de México por los franceses para derrocar al gobierno de Benito Juárez e imponer uno monárquico.
Una vez que Maximiliano aceptó la corona que le ofrecieron los conservadores traidores de México, junto con su esposa Carlota salió rumbo a nuestro país, sin dejar de pasar por Roma para recibir directrices del Papa Pío IX. En mayo de 1864 desembarcaron en Veracruz, mas no hubo ninguna bienvenida porque el Estado estaba en manos de los liberales.
A la capital llegaron el 11 de julio, y sólo los conservadores y el mando francés le organizaron un solemne recibimiento. En ese entonces las fuerzas militares de Napoleón III ascendían a 34 mil efectivos que, con apoyo de 7 mil militares del ejército conservador mexicano, marcharon hacia el norte. No obstante, a medida que se adentraban en el país crecía el descontento de los mexicanos y por todas partes surgían las guerrillas.
Los imperialistas, con el apoyo de los conservadores, actuaron ferozmente en los pueblos donde pasaban buscando a Juárez y a los integrantes de su gobierno para eliminarlos, y en las ciudades, bajo las amenazas de las bayonetas, obligaban a la población a pronunciarse en favor de Maximiliano.
Hoy, si hacemos una comparación de las votaciones que hicieron los franceses, con la complicidad de los conservadores mexicanos, para imponer a Maximiliano, encontramos, por su contenido, semejanza con las organizadas por la burguesía y el PRIAN para imponer a Peña Nieto como presidente.
No todos los liberales fueron hasta el final en la lucha contra los invasores. Muchos claudicaron y traicionaron a México, pasándose al bando de la monarquía, como sucedió con el gobernador de Coahuila y Nuevo León, Vidaurri, rico terrateniente y falso liberal, así como hoy lo son algunos integrantes de la izquierda institucionalizada, que no están contra el sistema de explotación, sino que más bien se acarician con los representantes de la burguesía.
Cuando el pueblo expulsó a los imperialistas y el país pasó al mando de Benito Juárez, sólo algunos ricos apoyaban a Maximiliano, quien en lugar de huir a su país, como lo hicieron sus aliados, se envalentonó y asumió el mando supremo de su ejército el 17 de febrero de 1867 y se estableció en Querétaro para desde ahí librar la batalla contra los republicanos, pero pronto quedó bloqueado por las tropas de los generales Escobedo, Corona y Régules.
El 15 de mayo, a primeras horas de la mañana, Querétaro pasó al control de los republicanos y Maximiliano quedó prisionero, al igual que los generales Miramón y Mejía, quienes de inmediato fueron puestos a disposición de los tribunales militares y, de acuerdo con la ley del 25 de enero de 1862, fueron condenados a la pena capital.
Así se asienta en la historia de la nación la gran victoria del pueblo mexicano sobre el ejército mejor preparado del mundo que, con el apoyo y bendición del alto clero, no pudo imponer la monarquía al servicio de Napoleón III.
De todos los confines del mundo se recibieron mensajes de felicitación para los patriotas mexicanos. Entonces, el escritor Víctor Hugo dijo en una carta al presidente Juárez: “Usted ha igualado a John Brown. La América contemporánea tiene dos héroes, John Brown y usted; gracias al primero, ha muerto la esclavitud; gracias a usted, ha renacido la libertad. A México lo han salvado un principio y un hombre: el principio es la República, el hombre es usted. Por lo demás, la suerte de todos los atentados monárquicos es terminar abortando. Toda usurpación comienza en Puebla y termina en Querétaro”. (Carta resumida.)
Atentamente
José Asunción Luna Ortiz
Torreón, Coahuila
josealuna36@hotmail.com








