México en Biarritz

Muy mal comienza Conaculta la gestión de las artes visuales. Con programas que se hacen públicos sin señalar metas e indicadores de evaluación, con decisiones contradictorias en lo que respecta al financiamiento y subvención de empresas culturales, y con una exposición de arte moderno mexicano en la artísticamente insignificante ciudad francesa de Biarritz.

Publicitada como “la primera que el gobierno del presidente Peña Nieto presenta en Francia”, la muestra Arte mexicano 1920-1960. Elogio del cuerpo presenta debilidades en la intención del proyecto y el concepto curatorial. Emplazada en una de las tres instalaciones arquitectónicas que mercadea Biarritz para la realización de congresos y otros eventos públicos, el espacio Bellevue no es un museo ni tampoco es un recinto sobresaliente para la geopolítica del arte. Aun así, la exposición está integrada por 105 piezas relevantes tanto de colecciones privadas como gubernamentales, entre las que destacan, de 56 firmas, los nombres de Siqueiros, María Izquierdo, Zárraga, Montenegro y los estereotipados Frida Kahlo y Diego Rivera.

Curada por Miguel Fernández Félix –exdirector del Museo Nacional de Arte y actual director del Museo del Palacio de Bellas Artes– y el etnólogo Sergio Raúl Arroyo –exdirector del Centro Cultural Tlatelolco de la UNAM y hasta el lunes 8 director del Instituto Nacional de Antropología e Historia–, la exhibición no sólo plantea una repetitiva narrativa del cuerpo en la imagen sino que, también, genera cuestionamientos sobre la pertinencia de ocupar a funcionarios administrativos para realizar curadurías especializadas: ¿tiene Arroyo los conocimientos indispensables para crear discursos atractivos sobre el arte moderno mexicano?

Al margen de que no se han dado a conocer los criterios de la ubicación, los costos y el tipo de financiamiento de la muestra, queda la duda sobre los beneficios que espera obtener el presidente del Conaculta, Rafael Tovar. El impacto turístico y la transformación de una marca-país no se obtienen con una exposición.

En el contexto de las atribuciones del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, el pasado lunes 8 se presentó un programa que, aun cuando podría ser pertinente, genera dudas por las contradicciones y omisiones de Conaculta. Sin dar a conocer metas e indicadores de evaluación, Tovar hizo público el Programa Nacional de Fomento a Estímulo a las Industrias Creativas y Empresas Culturales. Con un fondo de 120 millones de pesos, se otorgarán créditos hasta por 4 millones para empresas culturales. Considerando que el pasado 28 de junio se cerró la convocatoria para subvencionar con 500 mil y 250 mil pesos la asistencia de galerías nacionales a ferias internacionales –Promoción Internacional de Artistas Visuales Mexicanos–, las acciones de Conaculta se contradicen ya que las galerías, en tanto empresas culturales, también podrían participar del programa de crédito. Una perversa subvención a galerías de notorio éxito económico,  a la que se suman 55 millones para becas que, al fomentar la producción sin atender la circulación y el consumo, provocan en los artistas una severa, vergonzosa y dañina dependencia con el organismo.