Señor director:
El 7 de junio, al conmemorarse el 75 aniversario de la creación de Petróleos Mexicanos (Pemex) tras la expropiación a compañías extranjeras en 1938, el presidente Enrique Peña Nieto (EPN) dijo en el estado de Tamaulipas: “Necesitamos un nuevo Pemex para liberar el gran potencial económico y social de nuestro país… se necesita también la responsabilidad y compromiso de los trabajadores y su organización sindical…”.
Modernizar a la paraestatal ha sido en los últimos meses la temática del gobierno priista a través de la Dirección General de Pemex y su titular, Emilio Lozoya Austin, como primer orquestador de los cambios que se generen en Pemex, los cuales serán resultado de la próxima revisión del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) entre empresa y sindicato. Mientras tanto, por medio de la prensa, se difunden los lados más oscuros del sindicato petrolero dañando la imagen del trabajador, ya que lo asocian y comparan con los dirigentes sindicales, que son punto y aparte con sus acciones.
El plan de EPN es abrir Pemex a la iniciativa privada ya en forma total, y para ello, como sucedió con Salinas de Gortari, el sindicato es un obstáculo en su plan de reforma energética, y qué más que acotarlo y restringirlo a través de su CCT, el que ha sido ventaneado convirtiéndolo en un documento de dádivas generosas e inmerecidas que causan la envidia y el enojo de la opinión pública.
Debo aclarar que nuestro Contrato Colectivo de Trabajo es un ejemplo de la lucha de la clase obrera, de una clase que fue explotada durante años por compañías extranjeras. Pero ahora, con una modernización de la tecnología y la manipulación de las leyes, tratan de convencernos de que todo será mejor si cedemos en nuestros principios.
La presencia de EPN en la famosa cumbre del G-8 mostró cómo se dará la apertura a los grandes capitales, de modo que aun bajo el estribillo de “Pemex no se privatiza” –lo cual no es necesariamente la verdad– simplemente se entregarán los hidrocarburos en la explotación, producción, petroquímica, refinación. El Estado sólo busca ser un administrador que cobre renta por la explotación de su subsuelo y no tener tantos empleados en su nómina.
Se ha criticado el número de trabajadores en Pemex y se hace la comparación con otras petroleras en el mundo, pero lo que no se dice es el mal programa de capacitación y adiestramiento a un personal que a futuro podría rendir ahorros, porque dentro del mismo Pemex se tendría la gente especialista que se requiere en todas sus áreas.
Pemex, la primera industria del país, ha sido –aunque lo nieguen los gobernantes en turno– la “caja chica” de López Portillo, Salinas, Fox, Calderón –sobre todo estos dos últimos, que vieron a Pemex como el gran negocio de su vida para ellos y sus compinches–, y parece que la “estrategia” de los nuevos ejecutivos de la paraestatal es recibir las ganancias sin tener que repartirlas entre sindicalizados y de confianza.
Debemos impedir que nuestro petróleo sea saqueado como antaño y que se pisoteen los derechos de los trabajadores que nos otorga la Constitución. Nuestra lucha no es en contra de la contratación de más compañías, sino porque se pretende reducir la fuerza sindical, el número de trabajadores, sus prestaciones y conquistas en forma significativa por un gobierno-patrón. Ésa es la forma en que gobiernos en todo el mundo han comenzado a atacar cualquier movimiento de trabajadores. Los dueños del dinero han empezado a sacar las uñas. (Carta resumida.)
Atentamente
Armando Vega Marcial








