Gabriela Díaz Alatriste dejó de ser la directora de la Orquesta Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional (OSIPN) el pasado sábado 29 de junio. El público la despidió de pie con vítores por más de más de cinco minutos y gritos de: “¡No te vayas Gaby!”. La joven conductora, emocionada, recibía un reconocimiento de manos de la directora general del IPN, Yoloxóchitl Bustamante, mientras la orquesta tocaba espontáneamente Las golondrinas.
Hace cuatro años y medio asumió el puesto y realizó con la orquesta nueve temporadas, 180 conciertos, con una asistencia de casi 200 mil personas; priorizó a la música mexicana.
“Y sobre todo se llevó la música a los politécnicos como nunca antes, tuvimos muchísimos conciertos a sala llena –declara Gaby, como se le conoce en el medio–. “Hicimos óperas completas, zarzuela, ballet, música popular, conciertos con coro, con solistas, se estrenaron obras, se grabaron un par de discos, uno de ellos muy significativo, Mujeres en la música sinfónica mexicana, con obras de compositoras mexicanas, y se ve que el público nos quiere. Hicimos historia, porque la orquesta es otra de como yo la recibí, ha mejorado muchísimo, en su actitud, su nivel, su repertorio, y no lo digo yo, pregúntenle a los solistas o a los directores invitados. Durante mi gestión se aumentaron plazas y se llevó la orquesta a un nivel que nunca antes había tenido. En ese sentido entrego muy buenas cuentas.”
Diaz Alatriste es la primera mujer mexicana en ser titular de una orquesta nacional:
“La respuesta del público fue maravillosa”, dice.
–Si su labor al frente de la orquesta fue tan exitosa, ¿por qué se despide?
–Las relaciones humanas son complicadas, se desgastan y surgen fricciones que si no se liman a tiempo van acentuándose. Desde un principio me enfrenté con problemas, pero son parte de la vida y hay que resolverlos, sacar el trabajo y hacer la música dignamente. La labor de una directora de orquesta no sólo es musical, es también administrativa, de programación, de negociación, hay que tratar con autoridades, personal administrativo, con los propios atrilistas… Nunca falta a quien le moleste que una mujer sea directora; en una sociedad machista, tradicionalmente masculina, esa molestia es algo contra lo que hay que batallar todos los días y en todo el mundo, no sólo en México.
El éxito de Díaz Alatriste es producto de una preparación muy metódica: Ingresó de niña al Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México, tuvo maestros de dirección muy ilustres como Charles Bruck, Anshel Brusilow, el inolvidable Eduardo Mata; en estudios de postgrado obtuvo el título de doctora en Artes Musicales por la Universidad de Minesota, y ha sido invitada a dirigir prácticamente todas las principales orquestas nacionales.
Se recuerda el montaje de la ópera La Güera Rodríguez, de Carlos Jiménez Mabarak, planeada para dos funciones y que se amplió a dos más debido al éxito extraordinario, o Carmen de Bizet, de la cual hubo ocho funciones y dos ensayos abiertos al público en sólo un par de semanas.
Completa Gabriela Díaz Alatriste:
“El trabajo arduo no siempre es bien recibido o entendido, a veces un atrilista se molesta porque se le pide con todo respeto: ‘Maestro, le suplico se lleve la particella a su casa y la estudie’. Lo ven como una grosería, una agresión o un maltrato, cuando en realidad sólo está una buscando la excelencia o al menos que se hagan bien las cosas. El tiempo pasó volando y ahora una vuelve la vista atrás y se ve que hemos hecho una historia.
“No sé qué haya en mi futuro pero seguramente cosas buenas, ya demostramos cómo es nuestro trabajo y eso sin duda va a influir de manera positiva. Finalmente con la OSIPN es un ciclo que termina y ahora en mi carrera comenzará otro.”








