¡Ah, las mujeres! Algunas traen tan atribulados a los políticos que llegan a desquiciarlos. ¿Por qué digo esto? Por la muy cuestionada designación de dos damas: Cynthia Patricia Cantero Pacheco, como presidenta del Instituto de Transparencia e Información Pública de Jalisco (Itei), y Andrea Isabel Angulo, al frente del área comercial del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA).
De Cynthia Patricia diré que se trata de la persona menos adecuada para tal puesto, la de responsable final de la transparencia y la información pública en el estado, que si bien ha venido a menos, había la esperanza de que llegara alguien con auténticas ganas de hacer las cosas mejor y levantar al feneciente Itei, y, sobre todo, sin mácula. Aun cuando tiene experiencia en materia de información y transparencia –ocupó la coordinación de Mejora Regulatoria y Transparencia en los hospitales civiles de Guadalajara: el Fray Antonio Alcalde y el Juan I. Menchaca–, pesa sobre ella una demanda ante la Contraloría del estado por abuso de autoridad, desvío y aprovechamiento indebido de atribuciones y facultades (Proceso Jalisco 434). En rigor, no proviene precisamente de un organismo público descentralizado que en los últimos decenios se haya distinguido por transparentar sus manejos. Sobre todo, desde que lo administra la Universidad de Guadalajara (UdeG), cuyos sistemas de operación han permeado hasta la médula, bien lo sabemos, y ahora cojea de la misma pata. Dicho con mayor precisión: es un ente más al servicio del Licenciado Padilla y su grupo –quienes manipulan a la casa de estudios, donde la oscuridad en el manejo de las finanzas y de los recursos humanos– que de la “humanidad doliente”. De todos es conocido que en la UdeG llegan a ocupar puestos de importancia –hasta del privilegio de ser maestros de tiempo completo– no siempre los mejor preparados, los más honorables y transparentes, sino quienes saben llegarle a los mejor cobijados por el manto del poder, o por el poder mismo del amo y señor de la centenaria institución educativa: Raúl Padilla López. La hija del magistrado Salvador Cantero pudo haber llegado también más por la influencia de su padre y el empujoncito de su colega en el Supremo Tribunal de Justicia, Leonel Sandoval, padre del gobernador Jorge Aristóteles, que por su propia valía, según cuentan quienes están más involucrados en asuntos de transparencia. Baste recodar que la titular del Capítulo Jalisco de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi), Gabriela Bernal, lamentó que la elección de Cynthia Patricia se haya llevado a cabo precisamente “en un ambiente de opacidad y descoordinación” en el Poder Legislativo. Al parecer, esta en marcha la maquinaria del tráfico de influencias; tanto, que nuestros políticos perdieron incluso hasta el rubor. Y apenas empieza a gobernarnos “el nuevo PRI”.
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En el caso de Andrea Isabel Angulo en la Dirección Comercial del SIAPA –que se sacaron de la manga para darle chamba–, baste decir que la mujer no tiene el perfil para el puesto. Psicóloga de profesión y conductora de televisión por experiencia (Mural, lunes 1 y martes 2 de julio), curiosamente fue empleada de la Coordinación de Comunicación Social del ayuntamiento de Guadalajara, donde cobró hasta la primera quincena de marzo pasado 9 mil pesos y grabó promocionales para la ciudad. Según fuentes del gobierno estatal, a Andrea Isabel le asignaron ese puesto, como pago de favores porque “es amiga muy, pero muy cercana” de Alberto Lamas Flores, coordinador general de Dependencias Auxiliares. Según el mismo diario, ella tiene un sueldo mensual bruto cercano a los 73 mil pesos. Lamas es vocero absoluto del gobierno de Sandoval Díaz. Durante el trienio en la administración municipal tapatía –incompleto, por cierto– del ahora gobernador, Lamas fue el responsable de Comunicación Social. Ahora ocupa una coordinación que podríamos llamar de control de información pública, pues él quiere verlo y decidirlo todo. Qué se da a conocer y qué no en prácticamente todas las dependencias oficiales, y lo mismo controla las conferencias de prensa que los boletines; incluso hasta quién debe hablar y quién debe callar. Es el tótem de la comunicación –y el silencio– del Ejecutivo estatal.
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