En la plaza Taksim

Mustafa Salçan pertenece a la Unión de la Juventud Turca. Cada noche hace guardia en el parque Gezi, donde se generaron las protestas en Turquía. Sus compañeros están siempre al frente de las barricadas. Para él, el movimiento que está surgiendo en su país es inédito: “La resistencia continúa con un increíble sentido común de las personas”, plantea.

En entrevista telefónica con Proceso, Salçan dice que las acciones que los manifestantes llevan a cabo en la plaza Taksim están llenas de imaginación y espontaneidad. Pone como ejemplo el Burguer King que se encuentra en dicha plaza, el cual se convirtió en un hospital civil que ofrece servicios gratuitos de salud; o la biblioteca pública que se abrió en el parque Gezi, donde cualquier persona puede tomar libros.

Cuenta que “los insurgentes” en Taksim se organizan en comisiones: una barre y limpia tanto el parque, como la plaza y las calles aledañas; otra diseña máscaras antigas y fabrica floreros con las latas de gas lacrimógeno que luego los manifestantes regalan a los agentes del orden; otra más organiza bailes y coreografías, las cuales se llevan a cabo incluso mientras la policía ataca con balas de goma. Y refiere que hasta se ha organizado una orquesta sinfónica a la que le llaman Taksim Direnisi y toca en la plaza Taksim.

Una comisión es clave: la encargada del web room, donde estudiantes traducen información y comunicados del turco a diferentes idiomas y luego los suben a internet.

Otra comisión –en la que participa Sal­çan—es igualmente interesante: organiza guardias de seguridad que, durante los disturbios alrededor de la plaza Taksim, protegen a sus compañeros musulmanes durante el salaat (la oración tradicional de la tarde).

Y es que, dice, en el movimiento predominan los socialistas y los republicanos, pero también hay islamistas. En realidad, agrega, “son millones de personas de diferentes organizaciones y filiaciones políticas las que han resistido durante una semana a las fuerzas del AKP” (Partido de la Justicia y el Desarrollo, actualmente en el poder).

A Salçan le parece sorprendente un hecho: las porras antagónicas de futbol en Turquía –Besiktas, Fenerbahce y Galatasaray—ahora se encuentran unidas y sus integrantes resisten juntos las arremetidas policiacas.

 

Demandas

 

Salçan comenta que el movimiento no había establecido un mecanismo para tomar decisiones debido a que sus integrantes se encontraban ocupados en defender el parque y la plaza de los ataques de la policía. No obstante, el miércoles 5 se estableció una “plataforma” integrada por representantes de diferentes organizaciones, así como por activistas sin filiación política.

Harun Çakan, miembro también de la Unión de la Juventud Turca, adelanta a
Proceso algunos de los principales puntos de un pliego petitorio que hasta el jueves 6 se discutía en dicha plataforma:

Primero, mantener como parque a Gezi. Segundo, remover de sus cargos a los gobernantes de Estambul, Ankara y Hatay y a los jefes policiacos de estas ciudades. Tercero, que las autoridades prohíban el uso de gas lacrimógeno. Cuarto, liberar, sin cargo alguno, a las personas detenidas durante las protestas. Quinto, levantar la prohibición de las manifestaciones públicas; Sexto, el reconocimiento por parte del gobierno de que ha actuado en contra de las creencias y formas de vida de los ciudadanos de este país.

Deniz es un ciberactivista que maneja el sitio Occupy Turkiye, en el cual traduce y sube mensajes de solidaridad enviados de distintos lugares de Europa y Asia para el “naciente movimiento”. Desde el sitio también distribuye fotos de la represión policiaca, así como de las actividades de las personas que se encuentran en el parque Gezi.

En entrevista con este semanario, Deniz comenta que nadie planeó este movimiento. “Era muy pequeño al principio y de repente y sin esperarlo estalló. La gente hizo brotar el resentimiento; no pudo contenerlo más. Todo mundo salió a las calles para protestar por las crecientes actitudes antidemocráticas, irrespetuosas, opresivas del gobierno”, afirma.

Señala que entre los opositores existe un denominador común: “la aversión contra (el primer ministro, Recep Tayyip) Erdogan”.

Deniz considera que algunos grupos
–como la Alianza de la Juventud Turca, que es nacionalista de izquierda, y el Partido Comunista Turco—participan dentro del movimiento e intentan estructurarlo para que pueda resultar en una mejor democracia.

Asegura que también se han unido sindicatos, aunque no forman parte de las asambleas que se llevan a cabo en las plazas públicas. “Se unieron a las marchas para expresar su ira contra el gobierno, cuyas prácticas fascis­tas son cada vez mayores”, afirma Deniz.

“Es un hecho que una enorme cantidad de personas que no había alzado la voz contra Erdogan durante sus 11 años en el poder, se ha volcado ahora a las calles a pesar de las fuerzas de seguridad y del miedo de que éstas puedan encarcelar o incluso asesinar”, dice Salçan.

Y afirma que muchas personas que participan en las protestas “no apoyan a ningún partido ni a ningún movimiento; muchas eran apolíticas… hasta hace una semana”.