El inmenso mercado negro de compraventa de autopartes en Guadalajara creció al amparo de las administraciones anteriores pero se consolidó durante la gestión de Emilio González Márquez y hoy es famoso incluso en el extranjero, donde circulan vehículos robados en la capital tapatía. Nada parece detener ese próspero mercado negro, ni aun los operativos como el que realizó la Fiscalía General del Estado el pasado 28 de mayo.
Lleva operando varios años en el polígono conformado por avenida Revolución, Dr. R. Michel y las calzadas Independencia y del Ejército, por el rumbo de la vieja Central Camionera de Guadalajara. Durante la administración pasada su área de influencia se extendió incluso a Guanajuato, Michoacán, Aguascalientes y Colima, e incluso trascendió el territorio nacional, pues hoy se le conoce en El Salvador, Guatemala y Panamá.
Se trata del mercado de compraventa de autopartes robadas, en el cual participan cientos de menores de edad, quienes no pueden quejarse de sus condiciones laborales, pues suelen cobrar en especie por las piezas que distribuyen.
Elementos de seguridad de la zona comentan al reportero, a condición de que omita sus nombres, que el mercado negro de autopartes creció durante la gestión de Emilio González Márquez y gozó de la protección del mandatario y de su procurador Tomás Coronado Olmos.
Quienes controlan ese productivo espacio tampoco se preocupan por los operativos policiacos, pues nunca les hacen nada, como sucedió en la redada el pasado 28 de mayo, en la que 150 elementos de la Fiscalía General del Estado decomisaron más 30 mil piezas que, según el titular de la dependencia, Jorge Villaseñor, presuntamente fueron robadas a vehículos que circulan en la zona metropolitana.
Ese día las autoridades aseguraron también 18 fincas y capturaron a siete personas, mientras otras 33 sólo estuvieron retenidas durante algunas horas. No había pasado ni 24 horas cuando los “enganchadores” reaparecieron en la zona en busca de clientes. Pocos fueron los que supieron de ese despliegue, aseguran los entrevistados.
“Los padrinos”
Durante la última parte de la administración de González Márquez, el subprocurador Luis Héctor Gómez Vivián, cercano a Coronado Olmos, solía encabezar o tolerar acciones de “blanqueo” de vehículos que eran reportados como robados, según los declarantes.
También mencionan a Julio Vázquez Alcázar, comandante de la desaparecida Policía Investigadora, quien se dedicó a obstruir los operativos en los “huesarios” de 5 de Febrero y Los Ángeles. En 2010, Orfa Yolanda López Soltero, quien trabajaba en la procuraduría, y otros compañeros suyos denunciaron las presuntas corruptelas de ese y otros funcionarios de la dependencia (Proceso Jalisco 322).
El negocio de vehículos y autopartes prosperó ante la falta de coordinación y la corrupción manifiesta, dicen los uniformados, e insisten en que “existe la sospecha” de que muchas de las piezas robadas salen de territorio jalisciense por el Puerto de Manzanillo o vía terrestre.
“Sabemos que muchas de esas mercancías robadas salen para Centroamérica. Nos damos cuenta gracias a los números de registro anotados en las autopartes hurtadas y vendidas. Algunos de los carros robados en Jalisco circulan en Europa, lo que evidencia la ausencia de una acción coordinada de gran escala en los niveles de gobierno”, comenta uno de los entrevistados.
Según él, la red de traficantes de mercancías robadas se apoderó de un área de la metrópoli que, después de las seis de la tarde, parece marcada por una especie de toque de queda; se sustenta en el trabajo de decenas de chamacos a bordo de motonetas, bicicletas, e incluso a pie, se dedican al robo de autopartes “bajo pedido”.
Hoy, la avenida 5 de Febrero se conoce como “5 de Rateros”, pues ahí se concentra el movimiento. El mercado negro de refacciones y autopartes va de la vieja Central Camionera a la zona de Analco; incluye cinco de los tradicionales barrios del sector Reforma de Guadalajara: Plaza de la Bandera, Las Conchas, la colonia Barragán y Hernández, San Carlos y Agua Azul. Ahí proliferan negocios que ofrecen todo tipo de piezas automotrices, algunos de los cuales operan en la absoluta ilegalidad.
“La parte más activa abarca la calle Antonio Bravo, hasta González Gallo; incluye un sector de la avenida Río Nilo, pero su influencia en cuanto a inseguridad y robo de autopartes se desborda hacia Analco, La Aurora, San Carlos, Unidad Modelo, La Olímpica y la zona de Revolución, comenta el uniformado.
Hacia la parte poniente de la ciudad, la zona de influencia de los llamados “tumbadores” se desborda de la calzada Independencia hacia el centro, toca el primer cuadro e impacta avenida Federalismo, en las colonias Moderna y Americana.
Pero el punto neurálgico para el hurto y surtido de autopartes robadas son las colonias Providencia y Chapalita, en cuyas calles circulan unidades último modelo. La reventa de piezas deja jugosas ganancias a los operadores, pues las colocan 30 o 40% por debajo de lo que se cotizan en los comercios establecidos.
Tras el operativo del pasado 28 de mayo, los encargados del negocio reforzaron sus medidas en las bodegas clandestinas que hoy tienen sus puertas cerradas. Muchos optaron por hacer sus contactos por teléfono, otros recurrieron a los códigos para evitar riesgos.
El 9 de junio de 2010 se realizó el Operativo Lince en la misma zona y afectó más de 50 manzanas. En aquella ocasión, según denuncias recogidas por Proceso Jalisco, los policías de Guadalajara que participaron en ese despliegue terminaron por amafiarse con los vendedores.
Vecinos del área de 5 de Febrero reconocieron en aquella ocasión que semanas antes un “tumbador” había sido levantado por integrantes de una célula del crimen organizado momentos después de haber robado algunas autopartes a una camioneta negra de un hampón. El joven fue torturado y quemado con ácido; logró sobrevivir.
“Los tumbadores”
En esa cadena, los “tumbadores” juegan un papel importante, aun cuando son el eslabón más bajo de esa “industria”, comenta uno de los entrevistados.
“La mayoría son chavos al servicio de ese negocio y se les reconoce como los operativos. Casi todos son menores de edad y trabajan con lista en mano o con peticiones exprés, que atienden de inmediato. Siempre trabajan por encargo y lo hacen con gran impunidad. Y cuando son detenidos consiguen su libertad fácilmente debido a que no se les puede procesar porque son menores de edad”.
Ellos se dedican a buscar las piezas y una vez que las roban las llevan a uno de los negocios de 5 de Febrero, a la calle de Ángeles o a una bodega de esa zona. “También hay otra área en la cual desarman vehículos en tiempo récord; a veces los dueños de los negocios piden que las mercancías sean llevadas a bodegas o talleres”.
Los “tumbadores” conocen las cotizaciones de cada pieza en el mercado negro y en los negocios establecidos; saben dónde encontrar lo que les piden o se dan el lujo de conseguir las autopartes en el menor tiempo posible.
“Se trabaja bajo lista de contactos y números telefónicos, la forma en que se opera es tremendamente rápida”, dice el entrevistado. La mayor parte de los jóvenes y menores implicados en ese negocio son de otros barrios que no corresponden al polígono en cuestión.
El fiscal Jorge Villaseñor admite que muchos de los chavos metidos a ese negocio muestran algún tipo de adicción y sus edades oscilan entre los 12 y los 15 años.
“Es necesario llevar a cabo una investigación más a fondo para determinar por qué se elige a ese tipo de muchachos –comenta–, pero considero que ese asunto está ligado a la inimputabilidad que existe hacia ellos”.
Quienes los utilizan saben que eso les da la garantía para evitar ser enviados a la cárcel cuando son capturados, aun cuando el robo de autopartes está tipificado como delito calificado.
En relación con los siete detenidos el 28 de mayo, sólo aceptó tener a su servicio a 100 personas, la mayoría menores de edad: “A mí se me hace exagerado ese número, pero es el dicho del detenido. En este caso la fiscalía hace la investigación correspondiente”.
5 de Febrero es un área de mucho movimiento durante el día, e incluso suele haber congestionamientos viales en algunos de sus tramos. Después de las seis de la tarde las calles quedan solas y los vecinos prefieren quedarse en sus casas. En las bardas y muros de las fincas viejas o abandonadas están llenas de mensajes de los grafiteros para indicar que el lugar está liberado de la autoridad.
La basura se acumula desde hace meses en ese entorno que fue afectado por las explosiones en los ductos del drenaje el 22 de abril de 1992. Después de esa tragedia mucha gente se salió de sus barrios y las calles que de manera paulatina se convirtieron en refugio de delincuentes, relata uno de los policías entrevistados:
“5 de Febrero, Conchitas y Analco están habitados, en su mayoría, por personas de la tercera edad. En la zona de la vieja Central Camionera algunos hoteles se convirtieron en fincas abandonadas”. Por la noche proliferan la prostitución, la venta de piratería y el tráfico de drogas, dice otro de los policías.
Un tercero cuenta que hace tiempo las autoridades intentaron recuperar esos espacios pero la población se opuso. “La gente ve tomada toda la zona por los delincuentes y no le importa que el ayuntamiento pretenda recuperar parques, remozar jardines o plazoletas. Los ciudadanos se distancian y se refugian en sus casas”, refiere.
Los edificios dedicados al esparcimiento están a punto de convertirse en elefantes blancos, como el del Museo de Globo y la parte trasera del parque Agua Azul, incluida la unidad deportiva, pues ahí se concentran los “tumbadores” y otros delincuentes.
Por desgracia, el problema rebasó ya a la Policía Municipal, cuyas acciones son primordialmente preventivas, dice el mismo entrevistado.
Comenta también que las armadoras de vehículos también aportan su cuota para la proliferación de los ilícitos: “Creo que entienden que un vehículo vendido en partes aumenta su precio, lo cual les beneficia”.
El problema surge cuando la gente tiene necesidad de conseguir alguna pieza robada y tiene que acudir a 5 de Febrero para adquirirla, sin importarle que sea robada.
Rogelio Padilla –representante del Movimiento de Apoyo a Menores Abandonados (MAMA), una organización especializada en atención a niños de la calle–, asegura que por desgracia el crimen organizado y los delincuentes utilizan a los chavos marginados como carne de cañón en el negocio de autopartes.
Eso pasa mucho con menores reclutados para robar autopartes o para todo tipo de asuntos ilícitos. Padilla estima que en Jalisco hay al menos un millón de personas en pobreza extrema; de ellas, 40% son menores, algunos de los cuales se involucran con los delincuentes por falta de alternativas en el sistema educativo o por la expulsión de sus hogares.








