Como parte de las actividades conmemorativas por los 200 años del Palacio de Minería, será inaugurada en este bello recinto capitalino “La obra de Manuel Tolsá vista desde el lente de Joaquín Bérchez” a mediados de junio. Dicha exposición consta de 23 imágenes en gran formato de éste historiador y catedrático hispano, un apasionado estudioso del artífice del Palacio de Minería, el arquitecto y escultor valenciano Manuel Tolsá.
Si bien Manuel Tolsá gozaba en la corte de España de un gran prestigio como escultor y “adornista académico” que le valió su nombramiento de director de escultura en la Academia de San Carlos de México, jamás hubiera alcanzado el éxito que como arquitecto logró en la Nueva España; ni siquiera se le habría dado la oportunidad de realizar una obra de la monumentalidad del Palacio de Minería.
Fotógrafo e historiador de la arquitectura y catedrático de historia del arte de la Universidad de Valencia, Joaquín Bérchez señala lo anterior al hablar de la exposición fotográfica La obra de Manuel Tolsá vista desde el lente de Joaquín Bérchez, que abrirá al público el próximo 12 de junio en el Palacio de Minería, en el marco del programa de actividades conmemorativas del 200 aniversario de su fundación.
Especialista en el estudio de la formación de las academias en el siglo XVIII y en arte virreinal, Bérchez es también un acucioso investigador de la figura artística de Tolsá Sarrio (Enguera, Valencia 1757-México, 1816). Lo considera parte de su historia profesional e incluso de “mi biografía personal, lo digo con completa humildad”.
Y evoca que conoció México por él, prácticamente “de su mano”, pues vino por primera vez a estudiarlo cuando la comunidad valenciana le encargó organizar una exposición para la celebración del V Centenario del Encuentro de dos Mundos (Proceso, 628). Se trata de la muestra Tolsá, Ximeno, Fabregat: Trayectoria Artística en España, siglo XVIII, que la Generalitat Valenciana presentó en el Museo Nacional de Arte (Munal), y en cuyo catálogo (1989) Bérchez escribió el ensayo “Manuel Tolsá en la arquitectura española de su tiempo”.
Con motivo del 250 aniversario del natalicio del arquitecto, celebrado en 2008, el Consorcio de Museos de Valencia y el ayuntamiento de Enguera le hicieron un nuevo encargo: presentar una exposición sobre Tolsá pero ahora con fotografías, faceta en la cual el historiador ha trabajado desde hace ya más de 12 años.
Presentó entonces en el Museo de Bellas Artes de Valencia un conjunto de 35 fotografías, 27 de ellas de gran formato (entre 130 y 140 por 80 y 100 centímetros), con imágenes del Palacio de Minería, principalmente; el Hospicio Cabañas, de Guadalajara, y el Palacio de Buenavista (actual Museo Nacional de San Carlos).
La muestra se llevó también al Queen Sofia Spanish Institute con el título Tolsá. Joaquín Bérchez-Fotografías. Se planeaba traerla a México, donde Tolsá desarrolló toda su obra arquitectónica; pero debido a la crisis económica el proyecto se frustró y es hasta ahora cuando por invitación de la historiadora mexicana e investigadora de la UNAM Elisa García Barragán, que llega al Palacio de Minería, aunque sólo con 23 imágenes de gran formato, exclusivamente sobre ésta que es la más importante de sus construcciones.
“Es el gran monumento de él del siglo XVIII y del clasicismo en la Nueva España. Sigo sorprendiéndome cuando veo una película en la cual para ambientar palacios europeos, muchas veces ruedan en el Palacio de Minería, su gran patio, esa monumentalidad, yo creo que fue el gran palacio hasta la mitad del XIX cuando empezaron a construir en Estados Unidos, hasta entonces fue el gran palacio de toda América.”
Agrega Bérchez vía telefónica desde España, que la exhibición no intenta documentar sobre la vida y obra en general de Tolsá. Es más bien un homenaje a la creación del Colegio de Minería, proyectado en 1797; pero tampoco desde el punto de vista documental sino para “reflejar desde las coartadas propias de la fotografía, inéditos fragmentos, peculiares ambientes, registros lumínicos que perfilan la excepcional personalidad artística del escultor y arquitecto”.
Al subrayar que para él fue una experiencia muy importante fotografiar esta obra excepcional, relata que durante 15 días estuvo por las mañanas y tardes, con sol, con lluvia, al atardecer o al alba, para lograr diferentes efectos:
“He intentado captar las delicadezas de Tolsá en el lenguaje clásico, pero también visto como una escenificación muy particular, la gran escalera. Recuerdo que cuando fui no sabía que se le había colocado un toldo al patio, seguro debe continuar, eso limaba mucho los efectos del sol y el mundo de las sombras, sin embargo permitía una visión escenográfica impresionante.”
Monumentalidad
Fallecido hace un par de años, el historiador Juan Antonio Ramírez, escribe en el catálogo que acompaña la muestra que al ser Bérchez un conocedor de la historia de la arquitectura, logra con sus fotografías no hacer que las arquitecturas aparezcan más hermosas. A decir suyo, su aporte es más interesante:
“Evidenciar la existencia de valores plásticos o iconológicos que habían pasado inadvertidos. La belleza de las tomas es, en parte, una consecuencia de las cualidades del asunto elegido; pero no hay ninguna duda de que la mirada del fotógrafo (con sus peculiares estrategias técnicas) es la que revela (y el término, muy fotográfico, debe ser aceptado con todas sus implicaciones) cosas que estaban latentes hasta entonces y que era preciso descubrir. La cámara de Bérchez inventa y desoculta: lo que es bueno para el historiador lo es para el creador, y viceversa.”
El propio fotógrafo e investigador escribe en las mismas páginas el ensayo “El adorno no fue delito: Tolsá en México”, en el cual sí aborda al arquitecto desde el punto de vista del historiador. Habla de su desarrollo primero en Valencia, como discípulo de José Puchol, su traslado a Madrid, y finalmente su llegada a la Ciudad de México con la cual contribuyó a “cuajar” su imagen “moderna e ilustrada”.
–¿En qué momento de su desarrollo artístico realiza Tolsá el Palacio de Minería?
–Lo hace prácticamente después de haber realizado la estatua ecuestre de Carlos IV, El Caballito, pero está en madera estucada en el Zócalo, y ha emprendido ya alguna reforma de la fachada de la Catedral Metropolitana y la cúpula. Entonces le encargan todo este proyecto. Él realmente era escultor, no era arquitecto constructor, pero debió de manejar todo un equipo impresionante para realizar esta obra de envergadura extraordinaria.
Destaca que en el texto hace ver también cómo Tolsá “se revela como un arquitecto proveniente de la escultura que maneja con una sutilidad extraordinaria los contraluces, las sombras, los detalles de la fachada misma, en donde las columnas están como abrigadas en el muro para que se sombreen mejor. Maneja una delicadeza que se había sustanciando en el barroco pero que él sabe manejarlo en el lenguaje clásico”.
Considera al valenciano no como un “arquitecto de construcción”, sino como “un gran diseñador que abarcaba campos muy amplios relacionados con la arquitectura”. Y se entusiasma describiendo “el carácter extrovertido” del patio, las columnas… “es una arquitectura muy alegre dentro del lenguaje clásico que él maneja… gusta tanto desde una mirada popular como culta y, claro, sigue siendo vigente”.
Cuando se le pregunta por qué considera que Tolsá no habría sido un gran arquitecto en España, recuerda que se formó en el núcleo de escultores de la Academia de Valencia y marchó muy joven a Madrid en busca de oportunidades. Ahí estudió con Pascual Mena y descubren sus aptitudes para el adorno arquitectónico. Sin embargo, añade, en aquella época, entre 1780 y 1789 había en las academias ilustradas de España, una búsqueda por dar a las profesiones artísticas una deontología, criterio mediante el cual se estableció la imposibilidad de detentar el título académico en más de un arte a la vez.
“En este sentido, aunque las noticias son escasas se puede tener la presunción de que Tolsá en la Corte estuvo ceñido a su facultad liberal de escultor”, escribe Bérchez y enfatiza en la entrevista:
“Muchos colegas de Tolsá se vieron malditos, se vieron totalmente entorpecidos en sus trayectorias, porque eran escultores y no les dejaban ejercer la arquitectura. Sin embargo, él que era un hombre de muchísimas capacidades, aptitudes y sobre todo registros, se convierte –al llegar a México– prácticamente en el señor todopoderoso.”
Menciona para ejemplificar la realización de El Caballito, estatua en bronce fundido, cuya realización fue muy compleja y el propio Alexander von Humboldt “cuando lo visita dice: ‘¡Ah! Esto es de una complejidad tremenda’. Y llega a ser la mayor estatua que hay en toda América”. Luego, el revestimiento de la cúpula de la Catedral Metropolitana, a la cual da una cualidad casi escenográfica con respecto al Zócalo, que es una plaza enorme:
“Él va solucionando una serie de temas que en manos de un arquitecto se hubieran convertido en un problema constructivo, y él atiende a la composición de los adornos desde un punto de vista muy culto.”
Precisa entonces que el título de su ensayo “El adorno no fue delito…” alude a que en aquel momento en España se exigía una austeridad muy grande; en cambio, en México Tolsá logra revelarse como un artista elegantísimo, con un lenguaje clásico, que no rechaza el adorno. E insiste en que en España Tolsá habría seguido trabajando en el adorno como lo hizo, por ejemplo, para las fiestas conmemorativas de Carlos IV, y el protagonismo que adquirió como artista en la Nueva España lo habría tenido el arquitecto en turno para el cual habría tenido que trabajar.
Se le pregunta entonces si hay algo que culturalmente hermane a México con España a partir de la arquitectura de Tolsá, dado que él no construyó en la península ibérica:
“Lo hermana porque las personas no son las instituciones… Yo creo que lo que hermana realmente es que recupera unas raíces que en España se estaban prohibiendo, pero tienen cabida y se sustancian artísticamente en la Nueva España y no hubiera podido hacerlo en ningún otro sitio.”
Confiesa el historiador, para finalizar, que sentía una gran frustración por no haber podido traer en 2008 la muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 1º de septiembre próximo, pues quería que se viera donde Tolsá tiene “una entidad cultural enorme y es conocido popularmente”.
Ahora no oculta su satisfacción por volver, pero como fotógrafo, a la Ciudad de México, donde “se sustancia realmente Tolsá”, a quien considera en su texto “uno de los artistas más notables y de mayor fuste en el panorama escultórico y arquitectónico del último arte virreinal en México”.








