Juicio sumario a la banca

Pese a que  fueron los invitados especiales a la presentación de las iniciativas de reforma financiera –13 decretos que modifican 34 leyes–, los banqueros escucharon los regaños del Ejecutivo, del titular de la Secretaría de Hacienda, Luis Videgaray, y del presidente nacional del PRD, Jesús Zambrano. Los criticaron por su voracidad y su renuencia a otorgar créditos, e incluso los tildaron de agiotistas. Y ellos aguantaron la andanada, sabedores de que, aun cuando no los consultaron para la elaboración del documento, seguirán con sus ganancias.

 

Luego de dos semanas de suspenso, el miércoles 8 el gobierno de Enrique Peña Nieto presentó al Congreso la iniciativa de reforma financiera que se había frenado por diferencias entre los firmantes del Pacto por México.

Se eligió el histórico y emblemático alcázar del Castillo de Chapultepec para darle realce a la presentación y firma de los 13 decretos –que modifican 34 leyes– que le dan forma a dicha iniciativa.

Y si bien se refrendó la supervivencia del pacto, acabó convirtiéndose en un juicio sumario contra los bancos y los banqueros –los invitados especiales a la ceremonia–, quienes sintieron las acerbas críticas y los cuestionamientos del presidente Peña Nieto, el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y de los líderes de los partidos firmantes del documento.

Jesús Zambrano, presidente nacional del PRD, se salió de la crítica velada y diplomática. Preguntó:

“¿Por qué si la banca, el sistema financiero en general, tienen los atributos de ser sólidos, saludables y bien capitalizados, no contribuyen a detonar el crecimiento económico del país?”

Y él mismo respondió: “Yo diría, primero, porque no existe una verdadera banca en nuestro país… Lo que tenemos es una banca usurera, que no arriesga, que no apuesta al desarrollo; tenemos lamentablemente una suerte de agio bancario, un moderno agiotismo en nuestro país”.

Y siguió: “Una gran parte de las ganancias industriales y productivas en general se las llevan los banqueros por las altas tasas de interés y el alto costo de las comisiones que cobran”.

Javier Arrigunaga, director del grupo financiero Banamex y, a la postre, presidente de la Asociación de Bancos de México, aguantó vara desde su lugar en el presidium, pero con el rostro endurecido.

 

Discursos filosos

 

Jesús Zambrano la emprendió también contra la banca de desarrollo –los bancos de fomento, gubernamentales–. Dijo que en lo último que piensan es en el desarrollo del país y son igual de careros que los bancos privados. Y arremetió contra el Banco de México que, agregó, no usa sus facultades para combatir la voracidad de los bancos.

Sorprendió el perredista no porque haya dicho algo nuevo o descubierto algo, sino por haberlo dicho de manera tan clara y en la propia cara de los banqueros, los invitados especiales del consejo rector del Pacto por México.

Poco antes, el primer orador, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray, inició la retahíla de críticas, aunque veladas, a los banqueros. Por enésima vez, dijo, “México tiene una banca fuerte, una banca sólida… pero presta poco”.

Y se apoyó en el dato que usa desde el inicio del gobierno de Peña Nieto: “El crédito asignado por la banca comercial al sector privado es de tan sólo 26% del Producto Interno Bruto, lo que contrasta con el promedio de América Latina, que es superior al 50%, o de países como Chile, que tienen una penetración de crédito con un porcentaje cercano al 100%”.

Y añadió: “El crédito al sector privado como porcentaje de los activos de la banca a enero de 2013 se ubicó en apenas 43%, nivel inferior, por ejemplo, también, al de Chile, en donde se indica un nivel de 72%”.

Luego de detallar el contenido de la reforma y señalar sus ejes principales, Videgaray dijo que las iniciativas “dan sustancia a algo que está en nuestra ley desde hace muchos años y que a veces se nos olvida, el mandato original que se estableció en la Ley de Instituciones de Crédito, en el artículo cuarto, en 1990”.

Expuso también que “mucho de lo que se busca en esta reforma (financiera) es fortalecer el cumplimiento de este artículo, parte ya de nuestro marco jurídico; lo ha sido así desde hace muchos años”.

Y fue el propio presidente Peña Nieto quien apuntaló la idea de que la banca nomás no hace gran cosa por la economía, que se va por la libre y sólo en su beneficio.

La paradoja, dijo, es que “tenemos en México uno de los sistemas financieros más sólidos y más robustos del mundo, pero al mismo tiempo uno de los que menos prestan a nivel global.

“El bajo nivel de crédito, además, afecta a quienes más lo necesitan: los pequeños y medianos negocios del país. Los datos son reveladores: Aunque las micro, pequeñas y medianas empresas generan 74% de los empleos, sólo  tienen  acceso a 15% del  financiamiento.”

Por eso, insistió, para evitar este tipo de fenómenos, la reforma financiera, de ser aprobada, facultará a la autoridad “para asegurar que la banca utilice los depósitos que recibe del público para prestar y no sólo para invertirlos en valores, más allá de lo estrictamente razonable”.

 

Los ganones

 

No es gratuita la mala fama de los bancos y los banqueros. A pulso se han ganado el descrédito y el repudio de la mayoría de la población y, aun, de la comunidad empresarial. Los bancos siempre salen indemnes de las tempestades económicas.

La prueba más reciente es el resbalón que dio en el primer trimestre de este año la economía nacional, que apenas creció 1% contra 5% de igual periodo de 2012.

El bajón arrastró lo mismo a grandes firmas, y aun conglomerados, que a micro, pequeñas y medianas empresas. Las primeras vieron reducir dramáticamente sus utilidades y entre las segundas muchas debieron desaparecer del mapa.

Datos relevantes del primer caso son, por ejemplo, una baja de 80% en las utilidades de ICA, la principal constructora mexicana; Alfa, el emblemático grupo empresarial regiomontano, vio disminuir sus ganancias netas en 43.6%; Mexichem, empresa mexicana líder en América Latina en la fabricación de productos químicos y petroquímicos, en 28.3%; Alpek, potente distribuidora de productos químicos, en 26%; América Móvil (Telcel, de Carlos Slim), en 14.5%, y TV Azteca (de Ricardo Salinas Pliego), en 14%, entre otras.

Las que salvaron el pellejo en este primer trimestre son las tiendas de autoservicio. Las cuatro principales –Walmart, Chedraui, Comercial Mexicana y Soriana– tuvieron utilidades conjuntas por 7 mil 626 millones de pesos, un aumento de 4.3% con respecto a las que obtuvieron en el primer trimestre de 2012.

Pero esas ganancias realmente se ven chiquitas frente a las que obtuvieron la mayoría de los grandes bancos. Simplemente BBVA Bancomer, filial del español Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, tuvo utilidades netas por 15 mil 330 millones de pesos, el doble de las obtenidas un año antes.

Esa espectacular cifra se debió en parte a un hecho extraordinario, pues fue también producto de la venta que hizo de la Afore Bancomer al grupo financiero Banorte. Pero aun si se descontara esa acción, las ganancias netas de Bancomer en el primer trimestre fueron de 7 mil 245 millones de pesos, un aumento de sólo 1%, pero muy similares, en pesos, a las obtenidas por las cuatro grandes cadenas de autoservicio.

Banamex, filial del estadunidense Citigroup, no se quedó muy atrás: tuvo utilidades netas por 5 mil 706 millones de pesos, 22.6% más que un año antes; Banorte, el autodenominado “único banco de mexicanos”, registró ganancias por 3 mil 140 millones, 27% más que en 2012; HSBC México, filial del británico The Hong Kong and Shanghai Banking Corporation, tuvo ganancias netas por mil 484 millones, mayores en casi 24% a las del primer trimestre de 2012.

El único banco que vio disminuir sus utilidades fue Santander –filial del conglomerado español del mismo nombre–: fueron 5.9% inferiores a las del año pasado, en el mismo primer trimestre, pero aun así ascendieron a 4 mil 717 millones de pesos.

Ante el frenón de la economía, los bancos siempre ganan. Puede caérseles la captación o disminuir la demanda y colocación de sus préstamos, pero siempre tienen generosas utilidades.

Ilustra el dato de la crisis reciente: en 2008, todo el sector bancario registró utilidades netas por casi 53 mil 800 millones de pesos. Al año siguiente, 2009, el más duro de la crisis financiera internacional, del que México fue una de las principales víctimas, las utilidades netas de la banca fueron de 62 mil millones de pesos.

Nada menos que 8 mil 200 millones más, un aumentito de 15.2%. En 2010 les fue mejor todavía: ganaron 74 mil 726 millones de pesos. Es decir 12 mil 726 millones más que en 2009, un aumento de casi 21%.

En 2011 registraron un bajoncito de 2 mil 871 millones, para quedar en 71 mil 855 millones de pesos. Pero al año siguiente, 2012, se repusieron con creces: sus utilidades netas fueron de ¡87 mil millones de pesos! Nada más 15 mil 145 millones adicionales, poquito más del 21% de aumento.

Y todo apunta a que este año les irá mejor, pues en el primer trimestre los 43 bancos que operan en el sistema obtuvieron utilidades netas por 30 mil millones de pesos, casi 35% de los 87 mil millones de utilidades que registraron durante el año anterior.

Todos son datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores.

A los bancos siempre les va bien porque –y eso lo dice con insistencia la nueva autoridad hacendaria– prestan muy poco, prestan muy caro e incurren en prácticas, como la exagerada inversión en valores (entre otras), que no le ayudan gran cosa a la economía, pero sí abultan las cajas y tesorerías de los bancos.

 

La nueva iniciativa

 

De hecho, desde el inicio de la administración de Peña Nieto, los bancos han estado en la mira de la autoridad. Desde el segundo día de gobierno, cuando se firmó el Pacto por México, se propuso una reforma financiera para meter en cintura a los bancos y establecer las condiciones para que presten más y más barato.

En ese contexto, el gobierno federal confeccionó, con el concurso de los partidos firmantes del Pacto por México, la reforma financiera que dio a conocer el miércoles 8.

Por cierto, en la elaboración de dicha iniciativa fueron excluidos los banqueros, a los que apenas se les pidió opinión en algunos temas específicos. “No conocemos la reforma; sólo se nos dio un esbozo”, reconoció Jaime Ruiz Sacristán el pasado 25 de abril, en el marco de la 76 Convención Bancaria de Acapulco, su día último como presidente de la Asociación de Bancos de México.

Una revisión somera de los 13 decretos arroja una radiografía nada halagüeña de los bancos en México. No sólo es bajo su financiamiento al sector privado como proporción del PIB (26.2%), sino aun en relación con sus activos: apenas 46%, el último lugar de una lista de 23 países de América, Asia, Europa y Oceanía.

Chile, Australia y Reino Unido prestan cerca de 100% de sus activos.

También: la competencia en el sector bancario es muy limitada, pues las cinco instituciones más grandes –BBVA Bancomer, Banamex, Banorte-Ixe, Santander y HSBC– concentran 74% del otorgamiento de créditos.

El 26% restante se distribuye entre los otros 37 bancos del sistema. Y todo eso “limita el acceso y la cobertura”, dicen los prolegómenos del documento de la reforma financiera.

En la presentación se lee: “La mayoría de los bancos mexicanos que captan recursos del público tienen una estrategia de inversión bajo la cual invierten una gran proporción de su captación (casi el 30%) en inversiones financieras –sobre todo cetes, bonos y demás instrumentos–, en lugar de privilegiar la colocación de créditos”.

Para abaratar los créditos, añade, no se bajarán las tasas de interés por decreto, sino que se impulsará la competencia, se eliminarán prácticas abusivas (como las ventas atadas), pero también se darán incentivos expresos y se mejorará el régimen de garantías. Este último punto es en el que los banqueros han mostrado, acaso, el mayor beneplácito.

No les preocupa gran cosa que se le den más dientes a la Condusef, que podrá determinar las “sanas prácticas para la comercialización de servicios financieros”.

O más facultades a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, que de aprobarse la reforma podrá –entre otras cosas– hacer públicas las sanciones a las instituciones infractoras para “disciplinarlas” y obligarlas a ser más transparentes en sus operaciones.

Lo que tiene gustosos a los banqueros es que la iniciativa también plantea que, para reducir el riesgo en el otorgamiento de crédito, “es necesario facilitar el cumplimiento de los contratos mercantiles y fortalecer los esquemas de garantías”.

Eso quiere decir, y lo hace expreso el decreto en su exposición de motivos, que se facilitará tanto el cobro de los créditos como la ejecución de garantías en casos de incumplimiento.

Habla de fortalecer las figuras de arraigo de personas y de secuestro provisional de bienes, y que se permitirá “la aplicación de los valores dados en prenda al pago de la obligación garantizada, sin necesidad de procedimiento de ejecución o resolución judicial”.

En resumidas cuentas, que los banqueros podrán cobrar forzosamente a los incumplidos, recuperar más rápido sus garantías. También, serán más rápidos los procesos de concurso mercantil y de quiebra para que los activos de las empresas deudoras no pierdan tanto valor y los banqueros recuperen lo más que se pueda de lo que aquellas le deben.