Señor director:
En mi condición de interno en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente de la Ciudad de México, le solicito la publicación de la siguiente carta, que dirijo en primera instancia a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
En octubre de 2012 solicité se atrajera la queja CDHDF/1/121/GAM/11/D7521 interpuesta en diciembre de 2011 ante la Comisión del DF, la cual resultó en un simple llamado a actuar apegados a la ley hacia los policías que me detuvieron, a pesar de que se comprobó uso excesivo de violencia y se evidenció falsedad en sus declaraciones, declaraciones que el juez de mi causa (269/11 del Juzgado 51 del DF) acogió para sentenciarme a 10 años de cárcel por un delito que no cometí. La Comisión Nacional respondió que no podía atraer mi queja pero sí interponer una impugnación (recurso 2012/411); lamentablemente, a seis meses de mi petición aún no he sido informado de la resolución.
La comisión local pretextó que lo denunciado sólo ameritaba una sanción administrativa y no una recomendación. Ante esto me pregunto: ¿Qué necesita la comisión para intervenir en la defensa de nuestros derechos? ¿Por qué se limita a ser un simple espectador y comparsa de los abusos de las autoridades? ¿Qué acuerdos tiene con el gobierno para no realizar su labor como debiera?
Tengo más de un año en prisión y aquí la idea generalizada es que de nada sirve quejarse de violaciones a los derechos humanos; desgraciadamente mi experiencia con la queja interpuesta me hace llegar a la misma conclusión, dejándome decepcionado e indignado. Me atrevo a afirmar que tanto la comisión local como la nacional realizan su función con mucha lentitud, de manera estética y superficial, actuando solamente ante casos políticos de personajes como Wallace, Martí y Cassez, pero respondiendo burocráticamente en casos como el mío.
¿Es que acaso los “proles” no somos seres humanos? Sigo expresando mi indignación por la inacción y omisiones de ambas comisiones y por este medio exijo respuesta a mi solicitud.
Atentamente
Argenis Alejandro de León Alarcón








