Al cumplirse 200 años del natalicio de Richard Wagner y de Guiseppe Verdi, aparece en Plaza y Valdés el volumen de 500 páginas Los compositores. Anécdotas y algunos datos curiosos que su autor mexicano Alberto Askenazi presentará en junio próximo en la Feria del Libro del Parque del Retiro, en Madrid. En esta compilación de episodios en la vida de unos 70 creadores musicales, su autor narra que la muerte de Beethoven se debió a envenenamiento por plomo, entre otras historias singulares.
Casos hallados en la historia o en la leyenda sobre Bach, Brahms, Beethoven, Carlo Broschi Farinelli, Caruso, De Falla, Chopin, Liszt, Mozart, Revueltas, Salieri, Segovia, Schumann, Stravinsky y Verdi, entre otros, integran el libro Los compositores. Anécdotas y algunos datos curiosos del especialista mexicano Alberto Askenazi.
En el volumen de más de 500 páginas, Askenazi dedica un texto al italiano Guiseppe Verdi, de quien el 10 de octubre próximo se cumplen 200 años de su nacimiento. También del alemán Richard Wagner, a dos siglos de su natalicio el 22 de mayo. El autor destaca en entrevista que Verdi “llevó la ópera italiana a un público más amplio porque incluyó temas contemporáneos”, y Wagner “revolucionó la ópera, fue el primero que hizo todo solo, el libreto, la historia, los escenarios, en fin”.
En México, por ahora las autoridades culturales no han informado si habrá un homenaje nacional a Verdi. Sólo en febrero pasado la Orquesta Sinfónica Nacional ofreció dos conciertos en los que incluyó obra de este músico italiano. La Orquesta Filarmónica de la UNAM, en sus recitales del 11 y del 12 de mayo, interpretará algunas obras del autor de El trovador, pero nada más.
De Wagner no hay nada preparado para mayo. La UNAM prevé para el segundo semestre de 2013 una exposición en torno al también teórico musical alemán, en la Sala Nezahualcóyotl.
Un año y medio le llevó a Askenazi realizar el libro, en el que recopila artículos de su columna Esquina musical del periódico Centro Deportivo Israelita. Explica que todos los artículos tienen una amplia investigación:
“No pretendo ser biógrafo ni enciclopedista, de ninguna manera, pero sí encontré la parte interesante de la vida de estos personajes y sobre todo la que define cómo eran en persona.”
Luis Herrera de la Fuente, director de orquesta, compositor, pianista y violinista, que el pasado 25 de abril cumplió 97 años de edad, escribe en el prólogo del libro: “…para los que hemos transcurrido nuestra existencia en medio de las artes no es extraordinario saber que el artista es simplemente un individuo que, como otro cualquiera, trabaja, come y duerme; sin aureola alguna…, pero aquí hay sabiduría, humor, crítica y la inefable ironía… el santo remedio contra la pomposidad”.
Compositor y pianista, Askenazi, nacido en Durango, Durango, en 1943, espera que con esta publicación (que él mismo ofreció a la editorial) la gente pueda acercarse más fácilmente a los grandes genios, “porque cuando conoces a la persona, su obra se nos hace más interesante, y además no quería hacer los textos tan áridos, tan secos, sino que fueran como un vehículo más rápido para entender qué hicieron y por qué lo hicieron”.
Viva Verdi
Askenazi con entusiasmo se enfoca en Verdi. Narra, con un tono de voz más alto, que el compositor perdió a su pequeño hijo, quien falleció de una enfermedad desconocida; días después murió su hija, y al mes siguiente su esposa. Con todo eso, Verdi debía entregar una ópera para ser estrenada:
“Bartolomeo Morelli, el exitoso empresario de La Scala, el mejor teatro de la ciudad, le encomendó la creación de cuatro óperas para ser entregadas una cada ocho meses. La primera, con el título Un giorno di regno, era una obra cómica, pero su sufrimiento no lo dejó escribir.”
Desolado, sin dinero, amargado y a punto de acabar con su propia vida, según se lee en Los compositores…, fue abordado por Morelli, le entregó un libreto para que siguiera trabajando. Y le dijo: “Para mí, usted no ha fracasado. Lea el libreto y si no le gusta, puede devolvérmelo cuando quiera.”
Verdi, al llegar a su casa, arrojó los papeles en su mesa. Una página salió y cayó a sus pies: “Verdi se estremeció, pues una frase lo golpeó en la cara como un rayo con letras de fuego: Va pensiero sull’ali dorate (vuela pensamiento, sobre alas doradas); esa frase se repetía en su mente, se levantó, leyó el libreto cuatro veces y las notas le comenzaron a fluir hasta el amanecer. No descansó hasta que tres meses después puso la última nota sobre la partitura”.
El tema de Nabucodonosor, el rey de Babilonia que destruyó Jerusalén en 598 antes de Cristo, trata del cautiverio del pueblo judío y de sus ansias de libertad. Askenazi destaca que, a partir de Nabucco, la vida de Verdi cambió:
“Lo rechazaron del conservatorio de Milán porque le dijeron que no tenía ninguna posibilidad de ser músico y estudió con músicos privados que le pagó su suegro. Es más, con Nabucco se volvió héroe nacional. En ese tiempo Italia sufría el yugo de Austria y el adalid de los italianos era el rey Vittorio Emanuele. La noche del estreno de la ópera, el público, emocionado, cantaba las estrofas del famoso coro de los hebreos, que comienza con la frase que tanto había impactado a Verdi. Las paredes amanecieron pintadas con letreros ‘¡Viva Verdi!’, que significaba Viva Vittorio Emanuele, rey de Italia. Pero Verdi decía que su máxima obra fue un asilo que fundó para músicos pobres y ancianos, no era ni Rigoletto ni Aída. Construyó el asilo en Milán, hacia 1896.”
Para el experto, los músicos más destacados del mundo, en cuanto a ópera se refiere, son los italianos Giacomo Puccini, Gioachino Rossini… y Verdi y el alemán Wagner. “Son tres a uno”, agrega.
Wagner y Beethoven
El especialista en música sólo menciona a Richard Wagner a lo largo de la nueva publicación, es decir, no hay un artículo entero en torno al creador de Tristán e Isolda. Explica:
“Lo menciono en los textos varias veces. Su agresiva personalidad y sus opiniones, con frecuencia demasiado directas, sobre la música, la política y la sociedad lo convirtieron en un personaje polémico, etiqueta que todavía mantiene. Fue un antisemita, y yo soy judío; entonces no puedo ser imparcial, aunque desde luego admiro su música y su calidad. No lo hago a un lado. No hay duda de que fue de los grandes músicos. Revolucionó totalmente la ópera. Nadie quería montar sus óperas porque, a diferencia de otros compositores, asumió el libreto y la escenografía. Era muy propio su estilo.
“Hizo su propio teatro con dinero del rey Luis II de Baviera, quien era homosexual y dicen que estaba enamorado de Wagner.”
–Se dice que Wagner tuvo relaciones amorosas turbulentas…
–Sí, le quitó la esposa a un pianista, y todavía quería que el marido le diera las gracias porque aceptó a la mujer. Muchos de los que están en el libro tenían múltiples defectos, Beethoven era neurótico, en fin, eran personas…
Aún sigue causando discusión Wagner. El reconocido violinista Pinchas Zukerman declaró a El País, el pasado 30 de abril, que “es un error no enseñar Wagner, él no hizo a Hitler, pero hasta que su recuerdo siga provocando dolor a alguien de 82 años, yo no voy a hacerlos sufrir. Interpretaré a Wagner fuera de Israel”.
–¿Cuál historia de estos músicos le gusta más?
–La que se refiere al mechón de pelo de Beethoven. Es interesante, algo raro y diferente a lo que la gente conoce. La historia comienza el 27 de marzo de 1827 en Viena. Pero, en 1995, 168 años después, en la Universidad de Tucson, Arizona, un grupo de científicos se reunieron para investigar las causas de la muerte del compositor. Un hombre llamado Ferdinand Hiller pidió permiso para llevarse un recuerdo de Beethoven, quien yacía en un féretro, y cortó un mechón de pelo que guardó con respeto. Años después, este sería el regalo más preciado a su hijo mayor, Paul, quien huyó de la Alemania nazi rumbo a Dinamarca, para escapar a América vía Suecia.”
En 1995, médicos de Arizona, utilizando el ADN extraído del mechón, y con las más avanzadas técnicas de laboratorio, determinaron la causa no sólo de la muerte del gran Ludwig, sino también de su sordera:
–¿Envenenamiento de plomo?
–Sí. Terribles dolores abdominales, otosclerosis, inflamación de las piernas, hepatitis, colitis, desórdenes de la piel y otros síntomas relacionados con el aumento de plomo en la sangre, fueron constantes en los últimos años de Beethoven…
“Ese fue el origen de las enfermedades del autor, incluso de su sordera. No aceptó ninguna droga para sus dolores porque quería mantener sus facultades para seguir componiendo. Él se iba a matar a los 32 años, pero dijo que lo salvó la música.”
–¿Cuál de todos estos creadores es el más famoso, el más conocido?
–En 2000 realizaron una encuesta de cuál era el compositor más importante de todos los tiempos y ganó Mozart, y el segundo lugar fue muy reñido entre Beethoven y Bach.
Editado por Plaza y Valdes, este volumen de Azkenazi se presentará el 7 de junio a las 12 horas en la Feria del Libro del Parque del Retiro, en Madrid, España, donde también se lanzará la convocatoria para que el conocimiento sea Patrimonio de la Humanidad. El autor se escuda en que le faltó añadir a muchos compositores en su trabajo y culmina diciendo:
“Puse cerca de 70, pero hay mil o más… En China hay 10 millones de personas estudiando piano clásico, una cifra imposible de creer. Ahora el mejor pianista del mundo es chino, se llama Lang Lang, es un fenómeno.”








