Señor director:
Como ciudadano y como académico en una universidad pública, cuyo salario es pagado por el pueblo de México, y en especial por los contribuyentes, deseo solicitarle encarecidamente la publicación de este documento.
El calentamiento global, el daño a la capa de ozono, el agotamiento de los recursos naturales y la pérdida de la calidad ambiental son los problemas más serios que ha enfrentado la humanidad en toda su historia, y también amenazan con extinguirla y con ella toda la vida sobre nuestro planeta.
Estos tienen su origen en las políticas públicas perniciosas, sobre todo aquellas que fomentan la depredación ambiental, especialmente las que favorecen el crecimiento poblacional: de ser 2 mil 500 millones de seres humanos en 1945, en 2011 ya había 7 mil millones sobre la tierra, de los cuales 4 mil millones habitan en países de mediano-bajo ingreso, que incluyen a India, China, Brasil, Indonesia y México, países éstos emergentes y con regímenes de democracia electoral.
En el caso de nuestro país, con la creación y puesta en marcha del programa Cruzada contra el Hambre, el gobierno federal busca dar continuidad a una política basada en prácticas clientelares, que refuerzan esa simulación de participación política a cambio de dádivas y prebendas, como lo ha hecho con otros programas en los últimos 40 años. Todos estos han sido ineficientes e ineficaces, ya que no sólo no han reducido el número de pobres, sino que lo han aumentado.
Entre las consecuencias de estos programas también están el desfase progresivo entre crecimiento demográfico y la reducida generación de empleos, la saturación del sistema educativo; el desempleo, el subempleo y el aumento en la criminalidad ante la carencia de un ingreso por las vías legales (Proceso 1871) o como mano de obra barata para las empresas trasnacionales, o por su grave impacto negativo en el desarrollo sustentable.
En mi opinión como economista e investigador universitario, la raíz de estos problemas, así como el surgimiento de un número cada vez mayor de asentamientos urbanos irregulares, de una demanda mayor de infraestructura y servicios, de una mayor demanda de recursos naturales y una menor calidad ambiental es consecuencia directa de esos programas para erradicar la pobreza, incluyendo Solidaridad, y posteriormente Progresa y Oportunidades, y ahora la Cruzada contra el Hambre, que a su vez han permitido legitimar al régimen político, sin distinción de partidos, mediante la cooptación clientelar de los votos de sus beneficiarios.
Miles de mexicanos reciben esta “ayuda”, que en muchos casos se ha vuelto su soporte principal, además de un modus vivendi y un modus operandi para las llamadas “organizaciones sociales” que los agrupan y que exigen esos recursos para sus agremiados. Así también ha emergido una aristocracia burocrática que se ha enriquecido operando estos programas a costa de los contribuyentes.
Entiéndase que no es con dádivas institucionales como se reducirán la pobreza y el hambre. (Carta resumida.)
Atentamente
Jaime Martínez García








