“La bella durmiente”

En un cuento de hadas europeo de los hermanos Grimm:  Jacob (1785-1863) y  Wilhelm (1786-1859), quienes a su vez abrevan en Charles Perrault (1628- 1703) que publicó en 1697 en su libro Cuentos de Mamá Ganso el relato “Belle au Bois Dormant” (“La bella durmiente del bosque”). Hay una versión anterior, escrita en 1636, en napolitano, obra de Giambattista Basile titulada “Sol, Luna y Talía”, que forma parte de una colección de cuentos llamada Pentamerone. Probablemente el origen de este mito lo encontremos en la saga de los nibelungos, donde Sigfrido despierta con un beso a Brunilda, quien duerme en lo alto de la montaña rodeada de una impenetrable barrera de fuego.

La película de dibujos animados de Disney (1959) contribuyó decisivamente a la permanencia de este cuento en el inconsciente colectivo.

La Compañía Nacional de Danza del INBA (CND), dentro del festejo por su 50 aniversario, presenta del 10 al 28 de abril a las 20 horas, una versión breve del Ballet de Tchaikowsky La bella durmiente (1890). Se trata de una adaptación que el coreógrafo Jorge Cano hizo en 2012, basada en la pieza original de Marius Petipa. La CND la presenta por séptimo año consecutivo en el privilegiado escenario del Alcazar del Castillo de Chapultepec.

Este ballet ideado por Iván Vsevolojsky, director general de los Teatros Imperiales rusos, debía ser de gran elegancia y poderosamente atractivo visualmente. Vsevolojsky quiso un ballet “de féeries” (de fantasía), como el entretenimiento parisino de aquella época. Se le encomendó la coreografía a Petipa, quien no estuvo muy de acuerdo con el encargo, tampoco Tchaikowsky, pues consideraban que este tipo de obras alejaban al público de los ballets serios, e incluso los tildaban de vulgares; sin embargo, hubo de satisfacer al público y a sus superiores.

Tchaikowsky sólo compuso otros dos ballets más: El cascanueces y Lago de los cisnes, y su música resultó tan emotiva y maravillosa que aún el propio autor estaba sorprendido por su éxito. Frecuentemente los tres se interpretan incluso en forma de suite orquestal, que no es otra cosa que un resumen de las principales partes musicales de la obra.

Tchaikovsky siguió fielmente la petición de Vsevolojsky y las detalladas instrucciones de Petipa, y, tal vez sin saberlo, creó una obra fascinante con vida propia, cuyo manejo orquestal es de referencia en los tratados y cursos de orquestación en todo el mundo y a la vez uno de los pilares del ballet actual. La bella durmiente se estrenó en el Teatro Mariinsky de San Petersburgo el 3 de enero de 1890.

Asistimos al estreno de la actual temporada de la CND, versión breve de sólo una hora y media, con música grabada pero idónea para atraer nuevo público al ballet. El personaje de la princesa Aurora estuvo a cargo de Agustina Galizzi, de gran experiencia, quien ha interpretado prácticamente todos los roles principales de la CND; lo que más impresiona es su capacidad histriónica, su vena actoral, que emociona al público por su gran credibilidad. “La parte técnica de este personaje –declaró para Proceso– está sembrada de enormes dificultades, hay que añadirle las molestias de ejecutarlo al aire libre, y tan cerca del público, lo cual requiere de muchísima concentración. Sin embargo, es muy gratificante por los niños y por el increíble entorno arquitectónico”.

Su partner, Erick Rodríguez, con gran presencia escénica, apoya en todo momento a Galizzi; ambos constituyen una pareja inolvidable cuyo trabajo hemos admirado en otros ballets.

Los ortodoxos conocedores del ballet probablemente se rasguen las vestiduras, pero hay que verlo como lo que es: un espectáculo dancístico, al aire libre, en un entorno histórico, pero sobre todo introductorio al universo del ballet clásico.