“Rusia no ha dejado de ser una gran potencia”, es el mensaje que el presidente Vladimir Putin desea enviar al mundo con motivo de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014, para los que no ha reparado en gastos, muchos de ellos suntuarios. Pero en la construcción de infraestructura prevalece la corrupción, denuncian voces de la oposición y señalan que los principales contratistas son empresarios de oscuro pasado que tienen relaciones de amistad con el mandatario.
Los enormes contadores electrónicos instalados en la Plaza Manezh de Moscú y en los centros de las nueve principales ciudades rusas indican los días que faltan para el inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi, en las costas del Mar Negro, que ya tienen el primer récord mundial: serán los más caros de la historia.
A menos de un año de su inicio su costo ya llega a 51 mil millones de dólares, cinco veces más de lo estimado inicialmente. Los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, que habían sido los más caros, costaron 40 mil millones de dólares; en los de Londres 2012 se gastaron 19 mil millones y en los anteriores Juegos de Invierno (Vancouver 2010) se desembolsaron 3 mil 600 millones de dólares.
En 2007 el presidente ruso Vladimir Putin viajó a Guatemala y habló en inglés, francés y ruso para lograr que el Comité Olímpico Internacional eligiera a Sochi como sede de los Juegos de Invierno para 2014. Ofreció construir un país de las maravillas olímpico, incluyendo un tren de alta velocidad que llevará a los espectadores desde el mar hasta las montañas en tiempo récord.
Sochi es el balneario del Mar Negro donde los zares vacacionaban, donde Stalin descansaba y donde Mijail Gorbachov fue retenido por los golpistas en agosto de 1991; la ciudad que con sus sanatorios y hoteles de estilo soviético es el sitio de veraneo de millones de rusos y escenario de numerosas películas.
Este balneario subtropical, a pocos kilómetros de la cordillera del Cáucaso, será la ciudad más calurosa que haya realizado los juegos invernales, pues su temperatura en la costa asciende a 10 grados en febrero. Pero transformar un balneario en centro invernal tiene enormes costos, pues casi la totalidad de las instalaciones y de la infraestructura deberán empezar desde cero.
Según el viceprimer ministro Dmitry Kozak, encargado de supervisar la preparación de los juegos, se realizarán cerca de 400 obras. Los complejos deportivos centrales son dos: el primero, sobre la costa, incluye el Estadio Olímpico Central, llamado Fisht, con capacidad para 40 mil personas y cinco arenas de hielo, así como hoteles y centros de prensa. Y el segundo, el de las montañas, donde se realizarán las competencias de esquí y snowboard, entre otras.
La consultora Morgan Stanley calcula que los gastos destinados a infraestructura equivaldrán a 7% del PIB por lo menos hasta 2018, año en el que se realizará en Rusia el Mundial de Futbol, según difundió la agencia Reuters el pasado 21 febrero.
Corrupción
El 6 de febrero, a un año de que comiencen los juegos, tras una visita para revisar el estado de las obras, Putin despidió al vicepresidente del Comité Olímpico, Ahmed Bilalov, por el retraso y el aumento del presupuesto en la construcción del complejo de trampolines de nieve, cuyo costo subió de 40 a 265 millones de dólares. La constructora del complejo pertenece a Bilalov.
Alexei Navalny, político opositor a Putin, escribió en su blog ese mismo día que según cálculos oficiales, la venta de entradas para los Juegos de Sochi alcanzará 250 millones de dólares. “Si se toma en cuenta sólo el dinero de más gastado en una sola construcción, podrían permitir el ingreso gratis a los Juegos de todos los ciudadanos rusos”, concluyó.
El pasado miércoles 6, Sergei Stepashin, jefe de la Comisión de Cuentas de Rusia, presentó al Parlamento su informe anual en el que denunció que Olympstroi, la compañía estatal responsable de la construcción de la infraestructura en Sochi, sobreestimó costos por más de 500 millones de dólares.
El informe dice que los ejecutivos de la compañía “crearon las condiciones para un aumento injustificado en los costos estimados de las instalaciones deportivas” y que “los responsables de la corporación tomaron decisiones que aumentaron el costo de la construcción de las instalaciones, sin que se justifiquen los nuevos gastos”.
El mes anterior el jefe de Olympstroi, Víctor Luchinkin, dejó su cargo bajo sospecha de que desvió 30 millones de dólares. En junio de 2012 el Ministerio del Interior inició una investigación por desvío de 5.6 millones de dólares en la construcción del Estadio Olímpico Central, el estadio de hockey, la pista de patinaje y otras instalaciones. En 2010, acusaciones de corrupción ocasionaron la renuncia del anterior director de Olympstroi, Taimuraz Bolloev. Olympstroi ha tenido cuatro jefes desde su creación en 2007.
En noviembre de 2012 la misma Comisión de Cuentas denunció que se “gastaron inapropiadamente” 490 de los 20 mil millones de dólares destinados a la realización de obras en Vladivostok, con motivo de la celebración ese mes de la Cumbre Asia-Pacífico, que incluyó la construcción de un puente de tres kilómetros que costó más de mil millones de dólares.
La obra más cara para los Juegos Olímpicos de Sochi será la autopista Adler-Krasnaya Poliana, que con una distancia de 50 kilómetros unirá los centros deportivos de la costa y de las montañas. Su construcción, con un conjunto de puentes y túneles entraña gran dificultad técnica.
Boris Nemtsov, oriundo de Sochi, exvicejefe del gobierno ruso entre 1997 y 1998 y uno de los principales dirigentes de la oposición política, escribió en la revista New Times, el 18 de febrero de 2013, que desde 2006 hasta hoy el precio de construir esta autopista subió dos veces y media. “Un kilómetro costará casi 200 millones de dólares”, dice Nemtsov.
Y añade: “Con base en los precios mundiales, el costo de la autopista debería ser de 6 mil 132 millones de dólares, pero según las cifras de 2009 llegaría a 9 mil 404 millones: 50% más”. Con este dinero, estima, “se podrían construir 4 millones 700 mil metros cuadrados de vivienda para 235 mil familias”.
En su blog personal Egor Bychkov, periodista del diario Taguilski Variant, calculó todo lo que se podría hacer con los 51 mil millones de dólares que se gastarán en los Juegos. Asegura que se podría construir una piscina olímpica, una pista de hielo, un estadio y un gimnasio en cada una de las mil 100 ciudades de Rusia, y regalar a cada joven de entre 5 y 25 años un balón de futbol Adidas oficial, un balón de basquetbol Spalding o una pelota de voleibol, más patines de esquí y rollers.
Ganancias anticipadas
La concesión para la construcción de la autopista Adler-Krasnaya Poliana fue otorgada sin concurso a la firma SK Most, según denunció Nemtsov. Esta compañía es la misma que construyó en Vladivostok, también sin concurso, el puente de mil millones de dólares; pertenece a Evgueni Suru y Vladimir Kostilev, quienes ocupan los lugares 131 y 135 en la lista de Forbes, con capitales de 750 millones de dólares cada uno.
Guennadi Timchenko, viejo conocido de Putin, propietario de Gunvor, la mayor comercializadora de petróleo del país, compró 25% de las acciones de SK Most en 2012.
Otro de los grandes beneficiados será Arkadi Rotenberg, excompañero de los entrenamientos de judo de Putin en San Petersburgo, dueño de Stroygazmontazh, empresa que vende los tubos para los gasoductos de Gazprom, la mayor productora de gas del mundo.
De acuerdo con un artículo de la agencia Bloomberg fechado el 19 de marzo de 2013, Rotenberg recibió contratos por 7 mil 400 millones de dólares, más que todo el presupuesto de los Juegos Olímpicos de Invierno de Vancouver, y participa de la construcción de la autopista y la vía férrea Adler-Krasnaya Poliana.
Otros millonarios con participación en los proyectos de Sochi son Vladimir Potanin, propietario de 30.3% de Norilski Niquel, la mayor productora de níquel del mundo, cuya fortuna de 14 mil 500 millones de dólares lo hace el cuarto hombre más rico de Rusia. Su compañía Interros construyó el lujoso hotel de montaña Rosa Jutor.
Oleg Deripaska, dueño de Rusal, la mayor productora mundial de aluminio, a través de su empresa Basic Element tiene proyectos como la Villa Olímpica, que costará 760 millones de dólares y albergará a 3 mil deportistas en 47 edificios. También gastará 300 millones de dólares para ampliar el aeropuerto de Sochi.
Todos estos proyectos se garantizan mediante la financiación de los bancos estatales. Martin Muller, profesor de la Escuela de Humanidades de la Universidad de Saint Gallen, Suiza, en un estudio de 2010 consideró que la relación entre el mercado y las empresas privadas que invierten en Sochi es “tan cercana, que lo que aparece como inversión privada puede llamarse casi privada, porque a través de distintas vías es dirigida por el gobierno”, ya que los bancos estatales son los que financian las obras.
“Casi todas las empresas inversoras son en parte estatales o reciben financiamiento del Estado. El principal prestamista es el VneshEkonomBank, que le prestó a Interros, el mayor inversionista en Krasnaya Poliana, 750 millones de dólares, y cofinancia la Villa Olímpica, construida por Basic Element” que a su vez recibió un rescate financiero de 4 mil 500 millones de dólares en 2008. Por su parte, VneshEkonomBank recibe financiamiento de un fondo de reserva del Estado, creado durante la crisis de 2008. La conclusión es que “inversiones que son supuestamente privadas están sujetas al control o a la propiedad estatal del capital”.
La nueva Rusia
Junto con el Mundial de Futbol de 2018 el objetivo de Putin es mostrar al mundo que Rusia sigue siendo una gran potencia; quiere dejar en la memoria de sus conciudadanos el recuerdo épico de su largo periodo de gobierno, que se inició en 2000.
Los juegos de Sochi serán así la revancha de los Olímpicos de 1980 de Moscú, boicoteados por órdenes del presidente de Estados Unidos Ronald Reagan, luego de la invasión soviética a Afganistán.
Fiodor Lukianov, director de la revista Global Affairs, dice a la reportera desde Moscú que “Putin necesitaba demostrar que puede hacer algo muy importante para Rusia”. Sin embargo por ahora parece que el “efecto Sochi” no da resultado.
Alexandr Olson, director de Centro de Opinión Pública, comenta desde Moscú que según resultados de una encuesta realizada en febrero, la confianza en el presidente cayó 41%, su nivel más bajo de los últimos tres años. “Los escándalos de corrupción relacionados con el Ministerio de Defensa, con los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi y con los diputados que tuvieron que dejar sus cargos por tener propiedades no declaradas en el exterior, provocan en los ciudadanos una sensación de inquietud”, explica.
Con el fin de preservar los Juegos, desde el año pasado se ha reforzado el control sobre las ONG y se imponen más limitaciones para realizar actos y protestas, con multas que pueden llegar hasta los 32 mil dólares. Pero el principal temor del gobierno es que ocurran actos terroristas ya que, tras el idílico paisaje que rodeará las Olimpiadas, se oculta el explosivo Cáucaso, escenario de las dos sangrientas guerras de Chechenia y de la pequeña guerra con Georgia en agosto de 2008, que estalló cuando se inauguraban los Olímpicos de Beijing.
Si todos estos problemas se ocultan bajo la nieve mientras los esquiadores saltan por el trampolín, de cualquier manera queda en el aire la pregunta: ¿Quién va a usar las nuevas construcciones después y quién terminará pagando por ellas?








