Partidero

Por fin, después de esperarlo durante al menos dos periodos, ahora por decisión primordial del jefe de jefes de la UdeG, Raúl Padilla López, Tonatiuh Bravo Padilla se convierte en rector general de la Universidad de Guadalajara luego de haber sido dos veces diputado federal por el PRD. Ahora el exrector le permite a Bravo acceder a la rectoría, que tradicionalmente ha sido acotada por quienes han estado atrás de tales nombramientos. Primero, como ya lo hemos descrito aquí, fue la familia del exgobernador Guadalupe Zuno Hernández; luego vino la familia del también exgobernador Margarito Ramírez a través de su hijos Carlos y Álvaro Ramírez Ladewig y, finalmente, desde 1989  hasta nuestros días, el Grupo Universidad que encabeza Padilla López. No obstante, dadas las circunstancias, el hastío y una creciente animadversión hacia esta última familia (también ha sido rector el hoy diputado local José Trinidad, hermano de Raúl), las cosas pueden cambiar y podríamos tener una rectoría más auténtica e independiente. Tras lo ocurrido con Carlos Briseño Torres, quien terminó destituido y todo lo demás que ya se sabe, como su trágica muerte, estos próximos años pueden y deben ser la oportunidad para que Raúl Padilla se vaya despidiendo de su cacicazgo. Si no quiere terminar mal, lo mejor para él y sobre todo para la casa de estudios es que vaya cediendo terreno, y poder para permitir que vengan nuevos y refrescantes aires, y todo indica que así será. Hay quienes creen que el susodicho exrector ha extendido ya no uno sino varios paracaídas para irse deshaciendo de ese poder: las empresas parauniversitarias como la ya muy consolidada Feria Internacional del Libro (FIL), con su similar de la feria de Los Ángeles, California (Lea-La), que podrían quedar convertidas en empresas particulares, igual que el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y parcialmente algunos otros organismos como el teatro Diana y no se diga el Auditorio Telmex, entre algún otro negocio de la farándula del llamado Centro Cultural Universitario. Con Bravo Padilla a la cabeza de la UdeG ya no habría mucho espacio para su viejo amigo Raúl, compañero de muchas batallas, principalmente en la Federación de Estudiantes de Guadalajara, de la que ambos fueron presidentes. Esta organización, de muy oscuro pasado, terminó bastante mal tras los macabros asesinatos y entierros clandestinos que se descubrieron en sus instalaciones en diciembre de 2011. Como quiera, a la principal institución educativa de Jalisco le urge una renovación real, no de oropel, y no puede haber mejor momento que ahora. ¿Pero estará dispuesto Padilla López a ir dejando terreno, a perder poder? Aseguran los que saben y han probado el poder que éste enferma aun al más puesto, sobre todo cuando no posee principios sólidos.

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A propósito: después de la de Benedicto XVI –hubieron de pasar 598 años para que un Papa abdicara– las renuncias ya no deben sorprender a nadie. No obstante, la de Nubia Macías a la FIL no dejó de causar cierta novedad, tras una década de buena gestión. Poco más tiempo permanecieron como directoras conjuntas de la feria Margarita Sierra y Marícarmen Canales quienes, por cierto, fueron las iniciadoras, pero de buenas a primeras Raúl Padilla las renunció cuando así le convino. En el ínterin estuvo de directora María Luisa Armendáriz, quien definitivamente chocó con Padilla, entre otras razones por su manejo autoritario del evento, según denunció ella. No se explicó cuál fue el fondo de la dimisión de Nubia Macías. Hay quienes piensan que pudo ser la pagana del errado Premio FIL 2012 a Alfredo Bryce Echenique, acusado de plagios. Alguien tenía que pagar el pato y pudo ser ella. Su salida dio lugar a la llegada de Marisol Schulz, quien se desempeñaba como directora de Lea-La. Schulz fue empleada de Santillana, la apapachada editora filial del Grupo Prisa, que edita el diario español El País, medio que por cierto da gran despliegue a la FIL y sus acontecimientos.

 

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Con motivo de la más reciente celebración del Día Internacional de la Mujer –el pasado 8 de marzo–, el presidente municipal de Guadalajara, Ramiro Hernández García, prometió entregar un premio de 50 mil pesos a la señora Otilia Arellano, de la agrupación Amigos del Crucero. A decir de la activista Elsa Stettner, a Otilia la han traído vuelta y vuelta y casi un mes después de la promesa no ha recibido su reconocimiento. Al menos, eso había ocurrido hasta el cierre de la presente edición. ¿Alguien estará jineteando la lana?  l

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