“De/construcción de una Nación”

Con una estética característica de los posmodernismos de la pasada década de los ochenta, el oaxaqueño Demián Flores presenta, en el Museo Nacional de Arte (Munal) de la Ciudad de México, una exposición que detona varios cuestionamientos sobre los valores culturales que promueve y difunde el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Organizada en colaboración con la galería comercial de Casa Lamm, la muestra titulada De/construcción de una Nación se exhibe como un diálogo con algunas emblemáticas obras decimonónicas que sintetizan el interés artístico y político por construir la imagen ficticia de la Nación mexicana.

Integrada por esculturas de mediano formato que se diluyen ante el contundente protagonismo de las pinturas de Leandro Izaguirre (1867-1941), José María Obregón (1838-1902) y Félix Parra (1845-1919), la exposición de Demián Flores delata el desprecio que tiene el INBA por el patrimonio histórico-artístico. Si bien es cierto que la construcción artística e icónica de la Nación deriva en una ficción sobre la valoración de los indígenas, ¿es adecuado que el INBA comprometa a una colección como la del Munal a la indefinición de las ya rebasadas estéticas posmodernas? ¿No sería más interesante cuestionar el significado actual del acervo reinterpretándolo claramente desde sus propios contenidos?

Expuesta desde hace nueve meses –se inauguró en mayo de 2012–, la propuesta de Flores provoca cuestionamientos sobre su duración y sentido curatorial. Las esculturas, realizadas a partir de la intervención de reproducciones en cerámica de figuras prehispánicas de consumo turístico, evidencian simbólicamente la supremacía de los imaginarios occidentales sobre los precolombinos. Recreadas con fragmentos que remiten tanto al arte clásico europeo, como la Venus de Milo, a la iconografía cívica mexicana, como la fisonomía de Zapata, o a representaciones eróticas de enormes falos que recuerdan al oaxaqueño Francisco Toledo, las esculturas, lejos de deconstruir la imagen de una Nación, delatan la dominación que ejerce Occidente sobre el arte contemporáneo mexicano. Aparentemente burlonas ante el sometimiento cultural europeo y estadunidense, las piezas de Demián Flores se sustentan en las mismas estéticas legitimadas  globalmente como posmodernas/pastiche –convivencia de elementos que formalmente carecen de sentido– y posmodernas/esquizofrénicas –coexistencia de referencias figurativas y abstractas sin relación narrativa.

Carente de un número significativo de visitantes y emplazada en la misma sala en donde estuvo expuesta la pintura dañada y perforada de Félix Parra (Proceso 1892), la muestra de Demián Flores exige una aclaración curatorial que justifique tanto sus nueve meses de duración como su pertinencia ético-artística en el Munal. Si la Nación construida por el arte decimonónico merece deconstruirse, ¿por qué el Munal no sólo mantiene en su colección esas obras tan absurdas como las de Parra y Obregón sino que, también, promueve la legitimación comercial de artistas del establo de la galería de la Casa Lamm?