Invitar a los lectores a vivir la experiencia del arte sin prejuicios y demostrar que para disfrutarlo no se requiere de mayores recursos o conocimientos, es el propósito de los proyectos de la empresa Promoción de Arte Mexicano, fundada en 1995 por la curadora Lupina Lara Elizondo, autora de una docena de libros sobre pintura mexicana.
Formada como administradora de empresas, pero con estudios de pintura, filosofía e historia del arte, la promotora considera que el arte no tiene tiempo ni espacio, y no importa si son las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, en España, o la creación más contemporánea:
“Cuando el arte es bueno y tiene su profundidad la experiencia no cambia.”
Dice que en la época actual “el arte se ha presentado como algo más complicado, como diciendo ‘si tú no eres intelectual o no conoces muchos antecedentes de la historia, estás marginado de ello’, y mi idea es que para mirar no se requieren tantos recursos, para conmoverse con el arte no se requieren tantos estudios, sólo una postura dispuesta”.
El primer proyecto que lanzó la empresa fue la revista bimestral Resumen. Compendio de creadores mexicanos, que va ahora en su número 121. Su propósito, explica la editora en entrevista con Proceso, ha sido documentar a los artistas mexicanos desde finales del siglo XVIII, pasando por el XIX y XX, hasta lo que va del XXI:
“Yo disfruto igual escribiendo de Miguel Cabrera, observando sus inquietudes, y a veces hasta lo veo moderno y audaz, que de Perla Krauze. Son búsquedas de la estética que los artistas van haciendo en diferentes épocas.”
Cada número aborda a dos artistas, aunque ocasionalmente a tres. En el primero se trató la vida y obra de Joaquín Clausell y Edgardo Coghlan. Y han aparecido, entre otros, Pedro Coronel, Francisco Corzas, María Izquierdo, Jesús Reyes Ferreira, Jorge González Camarena, Agustín Arrieta, Carmen Parra, Arnaldo Coen, Oliverio Martínez, Francisco Toledo, Rufino Tamayo, José Clemente Orozco, Pedro Diego Alvarado, Carla Rippey, Teodoro González de León, Nahui Ollin y Mardonio Magaña.
Los números, que son coleccionables, pueden adquirirse por suscripción o bien comprar toda la colección o números sueltos. El de mayor demanda, dice Lara Elizondo, es el 17, dedicado a Remedios Varo, “es la campeona de las ventas, es una artista muy querida por jóvenes y personas adultas y es muy buscada; bueno, muchos otros también, Frida, Diego, Tamayo, Toledo”.
Los números más recientes de la publicación se han dedicado al arte contemporáneo realizado por artistas jóvenes, a fin de “entender a dónde va el arte, qué se busca, cómo la tecnología se ha infiltrado en los creadores, cómo la están usando, porque es ineludible que va a continuar aunque en paralelo siga el arte tradicional”.
Cuenta Lara Elizondo que entre los suscriptores de la revista se encuentra Joaquín Brockman Lozano, director de la compañía de seguros Qualitas (y considerado por Expansión como uno de los 100 “empresarios dueños de México”), quien un día le comentó su gusto por los temas del arte y le encargó hacer un libro.
Así, en 1998, con el patrocinio de esa empresa se publicó el libro, ya agotado, Memorias de una expedición a la Selva Lacandona, en torno a la obra del pintor Raúl Anguiano y el viaje que se organizó en 1949, en el cual participaron el arqueólogo Carlos Frey, el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo y el grabador Franco Lázaro, entre otros, y se descubrieron las ruinas arqueológicas de Bonampak.
Un año más tarde se inició la publicación de la serie Visión de México y sus artistas, que consta de cinco tomos, en los cuales se aborda el tema de la pintura mexicana de los siglos XVI al XXI, y abarca alrededor de 200 artistas. Es una edición bilingüe y se vende incluso fuera de México.
Diálogo sin fronteras
En 2005 la promotora comenzó el proyecto Maestros mexicanos frente a maestros europeos, conformado por lujosas ediciones de cerca de 180 páginas. Comenta que estamos en un mundo global en el cual Europa se halla todos los días en las noticias y “en un clic de internet se puede entrar a sus museos”. Así se planteó cómo mirar a los artistas europeos en relación con los mexicanos, quiénes son, qué épocas vivieron, qué buscaron.
Son libros, realizados también con apoyo de Qualitas, donde se pone a “dialogar” a dos artistas. No se trata, dice, de estudios comparativos sino sólo de ver cómo interpretó cada uno su época y cómo trabajaron en torno a algún tema.
El primer volumen de la serie, que va en su octavo tomo, fue Referencias de Picasso en México, ocho pintores (1900-1950), en el cual se presentan artistas mexicanos cuyo trabajo fue impactado por el del creador malagueño: Ángel Zárraga, Diego Rivera, Carlos Mérida, Manuel Rodríguez Lozano, Alfonso Michel, Rufino Tamayo, Francisco Gutiérrez y Federico Cantú:
“Picasso fue un artista paradigmático, abrió muchas consideraciones y hubo muchos artistas que fueron a París; fue longevo, murió de 92 años y muchos artistas lo conocieron y estudiaron su obra… Por ejemplo, así como Picasso tuvo su temporada rosa y azul, Federico Cantú también tuvo una época azul y rosa, como pausada, melancólica, muy de ese estilo. Otro pintor de Oaxaca, Francisco Gutiérrez, está entre Matisse y Picasso.”
Le siguieron los libros Van Gogh, Atl, O’Higgins, sobre expresionismo en el paisaje; Marc Chagall. Rodolfo Morales. Franqueza y exotismo; Javier Marín. Augusto Rodin; René Magritte. Alfredo Castañeda; Amadeo Modigliani. Hermenegildo Bustos, acerca del retrato; José María Velasco. Paul Cézanne. Paisaje; y el más reciente Edgar Degas. Ernesto Icaza. Costumbrismo.
En tanto que entre los artistas no hay necesariamente un punto de comparación e incluso algunos ni siquiera son de la misma época, como Bustos y Modigliani, entre quienes hay un siglo de diferencia, Lara los une a través de los temas que pintaron: paisaje, retrato, etcétera:
“Eso permite ver la evolución intelectual y conceptual de los artistas. Y en el más reciente, de Icaza, encontré muchos recovecos, cosas que nos ofrece en su tema de la charrería, de ese México de nuestro recuerdo nostálgico: Las haciendas, la música ranchera, las coleadas. Es un México que se nos fue, que ya no va a regresar, y a través de las pinturas de este artista logramos ver cómo eran las costumbres.”
Le llamó la atención, sobre todo, el gusto por el trabajo plasmado en esas obras. Y encontró entonces que Degas plasma también un aspecto relacionado con el trabajo y la evolución de París, pues detrás de las bailarinas de ballet hay una historia: Muchas se metían a trabajar en eso “en aras de conseguir ingresos, de eso vivían, se mantenían y mantenían a su familia… Degas nos abre un París íntimo que fue realmente interesante, a través de su pintura”.
Dice para concluir que no cree haberse equivocado en la selección de los artistas, pues “es difícil no crear una liga, a lo mejor no podríamos hacerlo entre un artista y un político o un dentista, pero entre los artistas siempre hay algo en común, y en el arte puede haber un diálogo”.








