La actividad política de Maria Arias y Eulalia Guzmán, profesoras e intelectuales, cuyo papel antes, durante y después de la Decena Trágica da cuenta del papel significativo de la mujer en ese momento, fue el tema desarrollado por Martha Eva Rocha Isla en su ponencia “Las mujeres propagandistas en la revolución”, durante el coloquio realizado por la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Explica la investigadora a Proceso que detrás de la ponencia está su trabajo de tesis de doctorado –aún en proceso y que lleva diez años de investigación–, Veteranas de la Revolución Mexicana.
Comenta vía telefónica:
“Esa tesis la inicié a partir de 432 registros en el Archivo Histórico de la Defensa Nacional en la sección de veteranos; llegué buscando la participación de las mujeres, y al encontrarlo y trabajarlo surgieron más cosas, y otras fuentes, con lo que llegué al planteamiento de cómo fue la participación de las mujeres más allá del imaginario difundido como soldaderas y dos que tres personajes oficiales. De manera más reciente llegué a una tipología, organizándolas en grupos por las actividades que realizaron: las propagandistas, las soldaderas, las enfermeras y las feministas.”
De ellas, Rocha, licenciada en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México, ha publicado trabajos en diversos medios, como en el tercer fascículo de Proceso La mujer en la Revolución en 2009, realizado con motivo del Bi-Centenario, con el texto Soldaderas y soldados, en el que da cuenta de las mujeres pensadoras que se ligaron a las armas.
“De entre los cuatro grupos que formé, el que más me costó trabajo que la historia las considere y les dé registro por su participación política fueron las propagandistas, mujeres estudiadas, profesoras, un grupo mínimo cuando en ese tiempo 83% de la población mexicana era analfabeta. Estas mujeres participan desde precursoras del magonismo a 1909 al participar en círculos antireeleccionistas que se oponen a la dictadura de Porfirio Díaz y que después apoyan a Francisco I. Madero realizando propaganda y proselitismo.”
A María Arias y Eulalia Guzmán las sitúa dentro de este grupo. De ellas informa que fueron profesoras tituladas de la Normal de Maestros de la Ciudad de México, la primera en 1904 y la segunda en 1910, ambas buenas estudiantes, pues terminan sus carreras con excelentes notas. Para 1910 Arias era subdirectora de la Escuela Primaria Industrial Corregidora de Querétaro, como parte del centenario de la independencia, y Guzmán profesora en la Escuela Miguel Lerdo de Tejada.
“Las dos conocieron a Madero el 6 de noviembre de 1911, y partir de ahí hacen propaganda a su favor. Maria Arias tenía una cercanía muy grande con la esposa de Madero, Sara Pérez; se dice que era su secretaria, y hay una fotografía que ahora está más identificada, donde Arias y Guzmán vienen caminado de la penitenciaria después de pedir audiencia con Victoriano Huerta para interceder por las vidas de Francisco I. Madero y Pino Suárez, presidente y vicepresidente de México.
“Incluso hay un testimonio de Eulalia Guzmán del 22 de febrero de 1913 donde da cuenta de que se presentan al Palacio Nacional para interceder por la vida de ellos, pero finalmente no las recibe Huerta, se van a casa de Arias, y al día siguiente amanecen con la noticia de que Madero y Pino Suárez habían muerto al ser trasladados a la penitenciaría. Ellas fueron de las pocas personas que estuvieron en el sepelio.”
Sobre este tema la investigadora Rebeca Monroy Nasr explica también:
“Obviamente, en ese momento se acaba el poder y pierdes a todos tus amigos, y Sara está sola, y Arias y Guzmán son las únicas dos que se acercan a acompañarla a pedir el cuerpo, cuerpo que nunca se vio fotografiado, del que sólo se tienen referencias ya del féretro cuando sale de Lecumberri, una vez que le han practicado la autopsia. La autopsia se las practica el médico de Victoriano Huerta a Madero y Pino Suárez, sólo se ven los féretros cuando son trasladados a los panteones, uno al francés y otro al español, y ya los momentos posteriores cuando la gente va a visitar la tumba, etcétera. Todo es imagen visual porque el relato escrito no está.”
Tanto Arias como Guzmán fundan un mes después de los asesinatos el Club Lealtad, explica Rocha, formado por profesoras, estudiantes normalistas y empleadas de gobierno, que con el pretexto de llevar flores al Panteón Francés coordinan acciones en contra del gobierno huertista.
“Las dos fueron muy activas después de este episodio, Arias incluso escribió protestas en contra de Huerta, uniendo a obreros y campesinos, organizaban tareas como acopio de armas, reclutamiento, funcionaron como espías y correos tratando de organizar, en la ciudad y alrededores, todas estas campañas de propaganda y apoyo logístico hacia grupo armados. Lógicamente, fueron cesadas de sus puestos de maestras; el realizar propaganda y adquirir armamento hizo que tuvieran acoso policiaco. Arias fue encarcelada en tres ocasiones, la última dentro del huertismo, por varios meses, lo que le provocó una bronquitis y posteriormente una tuberculosis. Falleció en 1926 a la edad de 39 años. Mientras que Guzmán fue un personaje con larga trayectoria y participación dentro de la educación y de grupos feministas. Murió a los 95 años en el México posrevolucionario.”
Y concluye:
“Fueron mujeres admirables, algunos de los escritos que pude recuperar sobre ellas y otras mujeres revolucionarias tienen que ver con su compromiso y sus planteamientos, que hablaban básicamente de justicia social entre grupos marginados y populares, los agrarios, pero también para sectores urbanos a través de mejores condiciones de trabajo.”








