Mentiroso y evasivo

Al día siguiente del sainete electoral que, sin pudicia alguna como siempre, escenificaron los títeres de Raúl Padilla en la UdeG para ungir como rector general a Tonatiuh Bravo Padilla, Eduardo González publicó un cuestionario con las preguntas más comunes que registra el ambiente tapatío (La Jornada Jalisco, 1 de febrero). No hay respuesta satisfactoria a ellas, aunque las formule todo hijo de vecino todos los días. Por ejemplo: ¿ahora sí habrá garantía de que el dinero de la universidad será invertido con criterios realmente académicos y plenamente fiscalizados? Pregunta también si, ya como rector general, Tonatiuh establecerá la necesaria sana distancia con Raúl Padilla.

Aparecen más interrogantes en el cuestionario. Algunas no inciden de forma directa en el actuar concreto que pueda tener un rector general, como el señalamiento de la opacidad en la contratación de algunos investigadores, o la de la vida académica oculta, aunque eso sí bien pagada, de académicos aviadores. Pero se entiende que este listado de preguntas tiene más el sentido de un mero muestrario de asuntos por ventilar y resolver, que el de una sesión inquisitiva formal y de fondo. Al menos la cartelera desde donde se lanza no es el espacio pertinente para tal ejercicio, sino más bien para el público debate y la sensibilización a la opinión del respetable.

Las preguntas están dirigidas a Tonatiuh sólo de manera retórica. Es una forma elegante del articulista de decirle que le concede el beneficio de la duda: era de esperarse entonces que no hubiera habido una respuesta concreta del aludido, pero Tonatiuh se ocupó del artículo y de forma por demás acelerada. Al día siguiente le dio respuesta en la columna “El correo ilustrado” del mismo diario. Su celeridad por dar la cara se explica quizá por su euforia de haber sido entronizado, tras dos décadas de esperar esta sacra unción.

Tal vez haya muchas otras voces independientes dispuestas a extender este bono de crédito al nuevo rector general. Pero aun para quienes no lo conocieran antes, este mensaje acelerado lo pinta tal cual es, evasivo y falaz. Tonatiuh no soporta el más leve cuestionamiento. Así como se desplaza de atildado y pulcro en su vestido y figura, quiere que la comunidad perciba su actuar como prístino e inmaculado. Pero no hay tal. El simple hecho de no haberse desmarcado de la horrorosa FEG, a la que dirigió sin ser ya estudiante activo, dice mucho de su actuar político. Corrobora su proclividad a la simulación y al engaño el pertenecer siempre y sin rubor al cuestionado clan Padilla. Juega con las mismas cartas marcadas y participa en los mismos engaños de esta broza codiciosa e ignorante, que sojuzga a la universidad estatal para apoderarse de los cuantiosos recursos pecuniarios que le fluyen. No ha sido de los barones de menor influencia dentro del equipo. Jugó ya dos veces de diputado federal y por el PRD, por más señas. La jugó también de regidor tapatío, aunque dejó pronto el puesto a otro testaferro. Lo importante para ellos es no abandonar la atmósfera de la impunidad política. Ha sido, aparte rector de centro, vicerrector y más yerbas.

No tenía para qué hacerle el cuento al cuestionario. Lo contestó para lucirse, pues ni modo que él mismo se la crea que tiene credibilidad. Ya puesto a chiflar boleado, pintó la sesión del consejo donde lo ungieron como una jornada ejemplar e inmaculada. “Hubo civilidad y altura universitaria”, dice textualmente. Y no podía faltarle un colofón dominguero a su misiva: “Mi trabajo y lealtad siempre han estado al servicio de la universidad, y eso no variará”. ¡Cuánta ausencia de autocrítica encierran sus palabras! ¿Se le puede pedir altura a los enanos de tapanco? ¿Pueden presumir de civilidad las marionetas? ¿A qué tipo de lealtades está haciendo referencia? ¡Por favor!

La misiva del nuevo rector es un mensaje para que el público entienda que los comunicados evasivos y mendaces continuarán fluyendo, tal cual ahora lo hacen, desde la administración central. Ya quedamos avisados de que la farsa sigue. Los sainetes oficiosos no fatigan, pues, a los próceres universitarios. El nuevo responsable del guiñol sólo retomará una estafeta que no cambia. Sus mentiras son las mismas. Se las conocemos. Ni ellos mismos se las creen, mas nos seguirán recetando sentidos y ampulosos discursos para convencernos de que actúan de manera genuina. Es característica distintiva de los pícaros redomados. Que no se nos olvide.

Cuando Carlos Briseño fue defenestrado de la rectoría general, dio a conocer tres razones de fondo por las que la horda padillista lo echaba del puesto. En primer lugar, las malas cuentas que había arrojado la auditoría que realizó el despacho Salles, Sainz-Grant Thornton S.C., que señaló miles de millones de pesos en gastos sin comprobar. El segundo leño ardiendo fue el de la irregularidad en la práctica de trasplantes de órganos, que les estaba quemando las manos. El tercero tuvo que ver con la famosa herencia de los 800 millones de dólares que iban a recibir el Hospital Civil y la Cruz Roja de parte de los dueños de la Pepsi Cola y que nunca han aparecido.

En nuestra revista (Proceso, 1661, 1663 y 1669) se detalla un incidente penoso entre uno de los herederos de esta desaparecida fortuna, don Federico Manuel de la Cerra, y Tonatiuh Bravo. Éste andaba a la sazón de diputado federal perredista por segunda vez. Don Federico, que vive en Estados Unidos, se acercó a López Obrador con el fin de ver si por su conducto se podía clarificar lo de la fortuna desaparecida y hacer que llegara a su destino. A través de José Agustín Ortiz Pinchetti, Obrador instruyó a Tonatiuh para que se encargara del caso, por supuesto a favor del quejoso. Don Federico acusó a Tonatiuh de omiso. Tonatiuh replicó afirmando que le había dicho a don Federico bla, bla, bla. Pero don Federico hizo saber que nunca había visto en su vida, ni cruzado palabra con quien ahora va a ser rector de la UdeG. Como ésta, podría bordársele a Tonatiuh un ayate de mentiras pesadas que componen su actuar político y faccioso. ¿Se puede en realidad fincar esperanza futura para que recompongan su actuar, si le avala un pasado tan tortuoso?

Quienes deberíamos ponernos ya las pilas más bien, somos los que integramos el estudiantado y el grueso de la ciudadanía para enderezar de una vez por todas el rumbo de nuestra máxima casa de estudios. Está más que claro que la turba trepadora y codiciosa que medra de ella no va a corregir la plana. La sociedad actual tiene exigencias y problemas nuevos que demandan la presencia entre nosotros de una universidad viva, seria y atingente. Tendrían pues que estar contados los días de los suplantadores, que la mantienen atosigada y estrangulada con sus simulaciones. Esperar el cambio de las hordas del padillaje significa seguir alentando una mera actitud onanista y permisiva. Somos nosotros entonces, los que componemos el gran público, quienes tenemos la palabra. ¿O tampoco nosotros merecemos el beneficio de la duda?