Partidero

Cuando faltan menos de tres semanas para que Emilio González Márquez entregue la titularidad del Poder Ejecutivo de Jalisco al priista Jorge Aristóteles Sandoval Díaz, el equipo del panista se encarga de limpiar bien la casa, de barrerla, trapearla y sacudir el polvo… o de esconderlo donde  se pueda, así sea debajo de la alfombra –o del socorrido colchón que de manera inaudita guardó muy bien durante días el cuerpo de la menor Paulette Gebara Farah allá en el Estado de México– para, de ser posible, no dejar ni huellas. Los más esmerados en no dejarlas serán aquellos que tienen mucha cola y la conciencia intranquila por lo que vaya a ocurrirles en el futuro; los que hicieron más transas o las peores fechorías o fueron tolerantes, negligentes o hasta pudieron estar ligados con el bajo mundo. Refieren personas de alguna manera vinculadas al equipo de transición del gobernador electo, que entre quienes limpian antecedentes también hay individuos que nunca estuvieron en nómina pero que gozaron de ciertos privilegios. Y a propósito de Emilio, ¿cuánto nos costará la publicidad de su sexto informe de gobierno y sus spots que aparecen en todos lados, sobre todo en las redes sociales? Al fin y al cabo, ya nos heredó una deuda casi impagable. ¿Qué tanto es una raya más al tigre?

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Y ya que hablamos de deuda, el Tribunal de lo Administrativo del Estado (TAE) concedió la semana pasada una suspensión para que el Congreso local no pague la deuda de cerca de 60 millones de pesos que tiene con el despacho Consultora López Castro y Compañía, S.A. de C.V. que contrajo  la pasada Legislatura (LIX) para que especialistas fiscales hicieran malabares para obtener del SAT la devolución de millones de pesos por impuestos pagados. Pero la empresa nada hizo y aun así insistió en cobrar los 42.3 millones por los que fue contratada, más intereses, hasta sumar 58.6 millones. No se sabe qué ocurrirá, pues el Tribunal Colegiado en Materia Civil del Tercer Circuito determinó hace siete meses que el Poder Legislativo tenía que pagar su deuda al mencionado despacho. En caso de incumplimiento de esta orden judicial federal, los diputados podrían ser destituidos. En tanto, hay denuncias penales en contra de los implicados que son principalmente los exdiputados Raúl Vargas López (PRD), expresidente de la Comisión de Administración; Enrique Aubry (PVEM), expresidente de la mesa directiva; y el exsecretario general del Congreso, Alfredo Argüelles (PAN), quienes habrían armado ese presunto fraude al Congreso (Proceso Jalisco 343, 401 y 426).

 

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Dentro de las muchas felicitaciones vertidas en diarios locales por distintas personas, clase política, empresas e instituciones (entre éstas varios gobiernos municipales y el estatal) para el nuevo rector de la Universidad de Guadalajara –uno más de la dinastía Padilla–, Tonatiuh Bravo Padilla, me llamó la atención la del Instituto de Transparencia e Información Pública de Jalisco (Itei). Y no porque tuviera algo en particular la felicitación en sí, sino porque dicha entidad, que se supone con autónoma, estaría dando color o enviando señales de hacia dónde podría inclinarse en el momento en que se presentara alguna inconformidad, revisión o controversia sobre datos que se requirieran de la casa de estudios en torno, por ejemplo, al manejo de ciertos recursos. Nada más por eso, por el aparente oportunismo, pues los sentimientos, o hasta intereses del presidente (Jorge Gutiérrez Reynaga) o de algunos consejeros, no son, ni deben ser forzosamente los de la institución.

 

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Ni por estar a un costado de la delegación estatal del Seguro Social y del Centro Médico Nacional de Occidente –que por cierto goza de buen prestigio a nivel regional como hospital de tercer nivel–, los responsables de la Clínica 3 de dicha institución no la mantienen con un mínimo decoro. De acuerdo con quejas de pacientes, aparte de la desganada atención que dan algunos médicos, enfermeras y gente de administración, y de que los medicamentos siguen escaseando y una caja de ampolletas, pastillas o tabletas la reparten entre varios enfermos, en el lugar predomina el desaseo, lo mismo en corredores y salas de espera donde muy frecuentemente los botes de basura están rebosantes. Lo peor es que no hay jabón para el aseo de las manos en los baños y, en ocasiones, se ven algunas camas hasta con manchas de sangre y los empleados de intendencia no aparecen, al menos con la frecuencia que deben.

 

felipecobian@proceso.com.mx