PUERTO VALLARTA.- El alto índice de embarazos de adolescentes de 12 y 13 años es resultado, entre otros factores, de la pérdida de valores, de falta de orientación familiar, de hogares disfuncionales, de falta de educación y precariedad económica, pero también de la influencia del turismo.
Para Ágape, una institución privada sin fines de lucro que actualmente opera un centro comunitario, el asunto de las madres adolescentes es un problema que está “dentro de casa”, por lo cual debemos arreglarlo, sobre todo porque la mayoría de los partos de esas adolescentes son de alto riesgo, dice Katy Huet, presidenta de la organización.
En el municipio no hay estadísticas oficiales sobre el incremento de madres adolescentes en los últimos años. La Secretaría de Salud indica que en 2007 fueron atendidas cerca de 700 madres solteras; dos años después la cifra se elevó a mil 100, y en 2012 la institución registró mil 700 partos de adolescentes.
Por la proximidad entre Puerto Vallarta y Bahía de Banderas, Nayarit, hay casos de jovencitas que, aun cuando radican en el balneario jalisciense, acuden al hospital de San Francisco, Nayarit, para tener a su bebé. Es el caso del certificado de nacimiento 011413870.
El documento corresponde a una joven preparatoriana de 16 años, quien después de 39 semanas de gestación dio a luz. El padre de la criatura era su compañero de escuela. El embarazo obligó a la joven a dejar temporalmente sus estudios.
En el Instituto Jalisciense de las Mujeres (IJM), con sede en Guadalajara y presidido por María Elena Cruz Muñoz, los directivos señalan que los apoyos a las madres adolescentes corresponden a la Secretaría de Educación Pública de Jalisco, que suele otorgar becas.
De visita en este centro turístico, el titular de Educación en el estado (SEJ), Antonio Gloria Morales, dice que es preocupante el alto índice de madres adolescentes que cursan secundaria o preparatoria.
El funcionario también refirió a los programas del IJM, entre ellos el de las intervenciones en las escuelas para apoyar a las estudiantes: “Hemos firmado convenios con el instituto para ir sensibilizando a las niñas, a las alumnas y también a los padres de familia, porque ellos juegan un papel muy importante”.
Cuando no se logra sensibilizar a las niñas sobre los riesgos que implican las relaciones sexuales tempranas con el riesgo de embarazo o enfermedades, “ese es un factor determinante para que muchas de ellas abandonen las escuelas”, sostiene Antonio Gloria.
Sin embargo, aclara, cuando tienen esa conciencia y esos cuidados y superan esa etapa en la secundaria, terminan el ciclo; lo mismo en preparatoria. Dice que está comprobado que las niñas que tienen relaciones tempranas, embarazos o enfermedades sexuales abandonan la escuela y no regresan hasta muchos años después.
No obstante, los encargados del Programa de Prevención y Atención Integral del Adolescente (Paidea), dependiente del DIF municipal, aseguran que las posturas del IJM y de la SEJ son diferentes.
Elia González García, responsable del Paidea, asegura que se desconoce el número de becas federales que se otorgarán este año; las actuales –que son pocas, insiste– son de 2 mil pesos al mes, lo que resulta insuficiente, y su vigencia es de 10 meses.
“Mediante donativos, Paidea busca otorgar despensas, pañales, leche y otros artículos a las jóvenes más necesitadas, que en su mayoría viven en colonias precarias, como Volcanes, Mojoneras, Remance, Coapinole y Las Juntas”, relata González García.
La organización atiende a casi 200 adolescentes, entre ellas a mujeres en situación difícil y cuyas edades oscilan entre 18 y 20 años.
Respecto de la coordinación de Paidea con los planteles educativos, hay algunos en los cuales no se les permite ingresar. “Nos hemos encontrado con barreras y los directivos nos dicen que regresemos más adelante para no afectar cursos o exámenes”, dice.
Cuenta la historia de una niña de 12 años que fue violada y hoy está embarazada. Pero sobre todo lamenta los casos de madres adolescentes que, aun cuando son apoyadas por los psicólogos de Paidea, e incluso consiguen becas de capacitación del DIF, se van y al poco tiempo vuelven a embarazarse.
Según la responsable de Paidea, entre las causas del embarazo de esas jovencitas o niñas están la marginación, el bajo nivel de vida de sus familias y de su educación y autoestima. En casi todos los casos, las jóvenes madres siguen viviendo con sus padres después del parto. Muy pocas de ellas llegan a casarse; y si lo hacen viven en la casa de alguno de sus padres o suegros.
También expresa que los cambios hormonales, los problemas familiares y la falta de orientación sexual contribuyen a los embarazos no deseados. En ese caso, dice, “nosotros poco podemos hacer”.
Para ella la familia disfuncional no necesariamente es la de escasos recursos económicos, pues también las hay en las clases media y alta. En ellas también se presentan embarazos de alto riesgo porque el cuerpo de la adolescente aún no madura. En el fondo, explica, son simplemente niñas que se convierten en madres de manera temprana.
Consultada al respecto, Beatriz Barrón, psicóloga del Centro de Integración Juvenil, admite que el problema de los embarazos en púberes debe atenderse con urgencia. También aclara que, por fortuna, de las embarazadas, pocas tienen adicción a alguna droga. Sólo se han atendido uno o dos casos en los últimos años, comenta.
Respecto de los casos registrados en las preparatorias de la UdeG, es conocido el de dos hermanas que fueron embarazadas por el mismo compañero de estudios. Pese a ello, él se desentendió del asunto.








